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¿Asepsia moral? [22-04-2020]

 

Somos náufragos aferrados a una tabla en un mar de dudas. Y mientras esperamos el rescate no dejamos de dar vueltas a las consecuencias del naufragio, al que pasará después. Parece que lo único obvio es que ya nada será igual, la normalización se ve lejana, complicada, enturbiada por el no saber, oculta tras las nubes de la incertidumbre.

 

Nuestro modo de vida, nuestra sociedad, no es que vaya a cambiar, es que ya ha cambiado, lo que pasa es que todavía estamos en proceso de digestión, de ese amargo bocado que las circunstancias nos han obligado a ingerir, sin previa masticación, casi al borde del atragantamiento. Las grandes epidemias que el ser humano a vivido a lo largo de su historia han sido vectores de cambio. Nuestra capacidad adaptativa se ha demostrado constantemente con los cambios de hábitos consecuentes. Ahora el miedo a caer enfermos, ese miedo universal, contribuye a asumir rápidamente la modificación de nuestros comportamientos sociales, nos dirigimos no sólo a la asepsia médica, sino también a la asepsia conductual, social, y quien sabe si moral.

 

He leído una entrevista a Andrea Crisanti, virólogo italiano, donde como conclusión plantea que, ante el desconocimiento de si la respuesta inmunitaria protegerá realmente contra el virus, es complicado hacer planes; advierte que no podemos dar por descontado la inmunidad, ni tampoco la vacuna, que de momento la única alternativa real sería la distancia social y el desarrollo de fármacos, pues hay muchas enfermedades sin vacuna que se controlan con fármacos efectivos.

 

Ante este panorama, ¿cómo será nuestra vuelta a la “ansiada normalidad” más inmediata?. La mascarilla y los guantes pasarán a ser complementos indispensables en nuestro atuendo habitual, llevaremos un botecito de gel desinfectante como llevamos el móvil o las llaves. Iremos limpiando los columpios del parque antes de su uso por los niños, haremos lo propio con los botones del ascensor y los interruptores de la luz o timbres. Y el los bares, como será, si hay que guardar distancia social, se habrá acabado para siempre el “buenas señores, pasen al fondo que hay sitio”, tendremos que usar mascarillas con cremallera para facilitar la toma de la cañita o la tapa, como alguna humorística foto propone en las redes. Las mesas de los restaurantes estarán separadas por mamparas de metacrilato, haciendo que nos sintamos como visitantes a un convicto en una cárcel. Ya no podremos dar dos besos cuando nos presenten a alguien, ni abrazar al amigo en el reencuentro. Ya no podremos compartir esas lascas de jamón del mismo plato en el vermú dominguero. Los masajistas y fisios darán masajes con guantes, percibirán las dolencias por medio del tacto igual que antes o el nitrilo hará que tengan que ser mas intuitivos, víctimas de la pérdida del tacto más intimo. Habrá que ir con “escafandra” al gimnasio, a los conciertos, al cine, al teatro, a los eventos deportivos. Como resolveremos la acumulación en la sanidad, la vuelta a el control de los enfermos crónicos y sus tratamientos, la reanudación de las aún ahora más recargadas listas de espera, de las consultas externas, de las cirugías programadas. Tendremos que normalizar el uso de un espacio en el hall de nuestras casas para la desinfección de nuestras ropas, de nuestras compras, de nosotros mismos, cuando volvamos de la calle, con protocolos de laboratorio.

 

Éstas son una pequeñísima muestra de las mil dudas que surgen a poco que pensemos en ello. Las soluciones pasarán seguro por una reinvención total, por la reorientación y la reordenación de todo. Habrá que reconvertir sectores laborales, conceptos de negocio, hábitos sociales, nuestra visión del propio mundo. Realmente cambiará para siempre todo lo que nos rodea y por ende nosotros.

 

Nos convertiremos en seres hipocondriacos y antisépticos, se establecerá y normalizara el pasaporte biológico, el miedo al “apestado” nos llevará a un apartheid inmunológico…???…

 

Espero que todas estas dudas nos ayuden a ser mejores como personas, a madurar como individuos, como sociedad, como especie. Que podamos repartir, a diestro y siniestro, todos esos abrazos que obligatoriamente hemos dejamos de dar. Que no olvidemos la lección y el alto coste que ha tenido, que está teniendo y que tendrá. Que no dejemos que la “apsesia moral” nos invada, haciendo olvidar lo experimentado, haciendo que no sirva de nada lo vivido. La gran transformación están marcha, nada lo impedirá, de nosotros va a depender el destino cuando lleguemos a la bifurcación del camino. Tomaremos el camino de la intolerancia, de los ultranacionalismos, del egoísmo geopolítico y económico, del sálvese quien pueda, de la inacción ecológica global…u optaremos por aprender de una vez por todas, de salir de esta todos juntos, con soluciones equilibradas, comunes y solidarias, de reconciliarnos a nivel planetario, de acabar con un virus casi tan dañino o más que el Covid, el virus de la falta de sentido común.

 

Todavía hay tiempo para la reflexión, no pierdo la esperanza.

Buen día a [email protected]!!!

 

Os quiero [email protected]!!!

“No entiendo por qué cuando destruimos algo creado por el hombre lo llamamos vandalismo, pero cuando destruimos algo creado por la naturaleza lo llamamos progreso.” Ed Begley

Hoy os dejo una composición, “Yekermo Sew” que es una muestra del jazz africano, del padre del Ethiojazz, el etíope Mulatu Astatke. Espero que disfrutéis de esos peculiares ritmos y que nos evoquen a África como estandarte de todos los olvidados en esta carrera por salvarnos en “el primer mundo”.

el-pinche-feliz

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