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La balda de los olvidados [20-04-2020]

 

En estos días, una de las consecuencias acaecidas en el interior de nuestras “naves de confinamiento”, ha sido el descubrimiento de multitud de cosas que estaban ahí para ser vistas, escuchadas, leídas o simplemente disfrutadas, pero que se habían perdido en un rincón, invisibles tras los visillos de la agitación, el estrés y el desasosiego.

 

De pronto, hemos descubierto la belleza del firmamento en el fragmento de cielo que se divisa desde la ventana, sonidos de la naturaleza que se perdían acallados por la incesante actividad, caras amables, de catártico hermanamiento, de nuestros vecinos en las tardes de terapéuticos aplausos, detalles del parque o los jardines de la plaza en los que jamás habíamos reparado, o el descubrimiento de algunos libros que poblaban nuestras librerías víctimas del olvido, vírgenes aún de la interacción con nuestra curiosidad, ávidos por ser leídos, impolutos en sus aplanadas hojas, desprovistos de los surcos y cicatrices fruto de su lectura.

 

Así ha ocurrido con esa pequeña colección de filosofía clásica, que no recuerdo bien como llegó a habitar las estanterías de mi librería, quizá fuera alguna entrega por fascículos, o tal vez acompañaban, por un módico precio, al dominical de algún diario, no lo sé, lo cierto es que ahí estaban, con sus amarillas hojas, la mayoría sin haber sido transitados, esperando pacientemente su turno para ser abiertos y mostrar su contenido, sus conocimientos. Y la paciencia obtuvo su premio y han sido leídos, quedando por fin satisfechos por su misión cumplida, cansados de tanta espera, pero relajados como el que reposa tras conseguir el objetivo de su enorme esfuerzo.

 

Desde Parmenides y Heráclito, como capitanes de los presocráticos, hasta el propio Sócrates, maestro de maestros, que curiosamente no dejó nada escrito pues era amante de la dialéctica, pero dejó que dejó su huella en sus discípulos, que recogieron y luego ampliaron sus enseñanzas creando sus propias escuelas, de dónde surgieron las principales: los cínicos, los escépticos, los estoicos, los hedonistas…

Tras su lectura, o relectura en el menor de los casos, he llegado a la conclusión de que muchos de sus pensamientos y búsquedas siguen vigentes, y he jugueteado con los conceptos, estableciendo paralelismos con la situación actual que vivimos, solo para divertirme.

 

El hedonismo tiene dos vertientes, una más amante de los placeres corporales y otra de la búsqueda de la felicidad en los placeres espirituales. Es la primera vertiente del hedonismo la que preponderaba en nuestra sociedad en los últimos tiempos, la búsqueda del placer, de la satisfacción de nuestros deseos y anhelos más inmediatos, sin importar a que precio, emocional o económico, a veces por medio del innecesario endeudamiento, sin hallar muchas veces el ansiado e inmediato premio, imposible de satisfacer el hambre por “tener”, del “ser” por medio del postureo constante, víctimas de un consumismo voraz, cuan mediáticas y digitales langostas que arrasan los campos del sentido común.

 

Luego nos envuelve el cinismo y el escepticismo, sin más remedio, al padecer la insoportable invariabilidad del repetirse de la historia, de soportar la esclavitud moral a la que nos someten los dirigentes planetarios, me da igual si están en el gobierno o en la oposición, que salvo contadas y honrosas excepciones, dan muestra de su cinismo arrastrándonos, a veces, al escepticismo más absoluto, a perder la esperanza de que todo cambiará, de que por fin aprenderemos de nuestros errores. Las miradas al pasado parecen no presagiar nada bueno, la sensación de que volveremos a las andadas cuando todo pase, sigue ahí.

 

Más tarde, llegamos a la estación del estoicismo, donde los ciudadanos estamos instalados, dando una lección de aceptación y adaptación a las circunstancias, digna de elogio y a la que no llegan, ni por asomo, nuestros políticos ni dirigentes en general, poniendo de actualidad de nuevo aquello del Romance que decía, “que buen vasallo si tuviese buen señor”.

 

Pero no quiero terminar esta disertación sin atisbo de esperanza, y retomo ahora esa otra vertiente del hedonismo más espiritual, de la que recojo el deber y el derecho a ser felices, haciendo mío a Epicuro, su mayor valedor, que apostaba por la búsqueda de los placeres, no sólo los corporales, que son bellos pero efímeros como la vida de una mariposa, sino los espirituales más seguros a largo plazo, en la tranquilidad de ánimo, en la paz de espíritu, en el conocimiento como vehículo para ayudarnos a ser felices, en la lucidez, en la simpatía y la empatía. No deja de ser curioso que buena parte de su pensamiento esté plasmado en multitud de vías abiertas por los expertos en psicología, en los cursos de autoconocimiento, en los libros de autoayuda, que algunas veces dicen poco más que aquello que dijo éste griego hace ya más de dos mil años. Sólo por eso ha merecido la visita estos días a la “balda de los olvidados” de mi librería.

 

Buen día a [email protected]!!!

 

Os quiero [email protected]!!!

“¿Quieres ser rico? No te afanes en aumentar tus bienes, sino en disminuir tu codicia. Pues nada es suficiente para quien suficiente es poco.” Epicuro

Hoy os dejo un tema de Supertramp, “The Logical Song”, su letra marida perfectamente con esta “sopa de palabras” que os envío como desayuno. Seguro que la habréis oído mil veces, espero que hoy la “escuchéis con otros ojos”, seguro que os dice mucho. Os quiero!!!

el-pinche-feliz

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