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Como comentaba en mi anterior post, hay veces que nos sentimos mal y decimos que no sabemos por qué, cuando en realidad lo que queremos decir es “sí que lo sé, pero no me atrevo a afrontarlo”.

El origen de nuestro malestar es entonces un conflicto o problema que nos genera una tensión psicológica evidente mientras sigamos postergando su resolución.

Esa resolución la aplazamos porque pronosticamos que la toma de decisiones implicará cambios que no sabemos si seremos capaces de asumir, u otras veces por falta de ideas, que no es igual a falta de soluciones. Así, evitamos el conflicto-problema y eso no hace más que agrandarlo y aumentamos con ello de una manera inconsciente aquella tensión psicológica.

Tanto para generar ideas que nos sirvan para solucionar el problema-conflicto, como para analizar las ventajas e inconveniente de las mismas y sentirnos así más seguras a la hora de aplicarlas, consiguiendo con ello vencer la resistencia al cambio, desde la terapia cognitivo-conductual se aplica una técnica llamada:

TÉCNICA DE SOLUCIÓN DE PROBLEMAS

Esta técnica consiste en llevar a cabo una serie de pasos estructurados:

  1. Definir el problema. Antes que nada, debemos estar seguros de cuál es el problema o conflicto que está originando nuestro malestar. Pregúntate qué te molesta, qué te gustaría cambiar, cuál es la causa de tu aflicción (¿de verdad es que se te haya caído ese plato y lo hayas roto, o es algo mucho más serio?). Una vez identificado, defínelo describiendo todos los detalles: cuál es la situación, quién participa en ella, qué respuestas he dado o soluciones he intentado, cuáles han sido los resultados…
  2. Desarrollar soluciones alternativas. Se trata ahora de buscar respuestas o soluciones distintas a las ya aplicadas. Elabora para ello una lista, valiéndote de la técnica del Brainstorming (Tormenta de ideas). Es decir, anota todas las ideas que se te ocurran sin valorar si son buenas o malas; el objetivo es obtener cuantas más, mejor. A continuación, descarta alguna si te parece muy disparatada, y si no, valóralas escribiendo los pros y los contras que tendría aplicar cada una de ellas. Puntúa cada pro y cada contra del 1 al 5 teniendo en cuenta su nivel de relevancia, ya que no todos los pros y contras tienen el mismo valor.
  3. Tomar una decisión y ejecutarla. Escogemos ahora una de nuestras soluciones alternativa, basándonos no sólo en la que más pros y menos contras tenga sino también en la puntuación que le hayamos dado a cada uno de ellos. Una vez elegida la llevamos a cabo. Incluso es posible que podamos escoger y ejecutar varias soluciones que no sean incompatibles sino complementarias.
  4. Evaluar los resultados. ¿Se han conseguido los resultados previstos? ¿Se ha solucionado, ya sea en parte o completamente, el conflicto-problema? ¿Se ha reducido mi malestar? Reflexiona sobre ello.
  5. Reiniciar el proceso. Sólo si el conflicto-problema permanece. Es posible entonces que haya que escoger y aplicar otra solución de nuestra lista, o bien crear una nueva lista desde el principio, aplicando de nuevo el brainstorming.

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Y es que a veces, más que soluciones, lo que faltan son ideas, o fuerza de voluntad para ejecutarlas. Esta técnica te servirá para superar esos bloqueos.

Y si por una casualidad muy remota encontrases que el problema no tiene solución, recuerda entonces que la solución está en no preocuparse del problema.

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