La culpa es un sentimiento originado por haber hecho algo que se considera incorrecto o perjudicial. Este estado afectivo se expresa como un conflicto entre la moral y los hechos -o la percepción que se tiene de ello-.

Como cualquier otro sentimiento, la culpa tiene una función: hace que nos demos cuenta de si hemos hecho algo malo, para así poder darle solución. Si hago algo que va en contra de mis valores y no me siento culpable, no reflexionaré sobre ello ni haré nada para que no ocurra otra vez. El problema viene cuando no sabemos detectar el origen de la culpabilidad: este sentimiento en lugar de desaparecer será cada vez más frecuente y desproporcionado.

Así pues, cuando nos sentimos culpables debemos preguntarnos si esas señales nos ayudan a que se realicen las correcciones necesarias para reestablecer el equilibrio, y por tanto, dejar de sentirse culpable, o por el contrario ese sentimiento solo añade más sufrimiento y no nos lleva a ninguna solución.

El sentimiento de culpa: compréndelo para liberarte de él

¿Qué hace que nos sintamos culpables cuando no deberíamos?

La culpabilidad disfuncional es un estado complejo en el que intervienen diversos factores, por lo que resulta difícil decir que es consecuencia de algo en concreto. Ahora bien, según nuestro sistema de creencias -lo que hayamos aprendido de pequeños en nuestra familia y las experiencias que hayamos tenido en el pasado- determinarán que experimentemos en mayor o menor medida una culpa disfuncional.

Nuestro sistema de creencias

Si una persona se cría y adopta como una verdad absoluta que no tiene derecho a disfrutar de X, si en algún momento de su vida lo disfruta se sentirá culpable, y muy probablemente entrará en conflicto consigo misma.

Por ejemplo, si te has criado con unos valores en los que tienes que ser el mejor en todo y que por mucho que lo intentes nunca eres lo suficientemente bueno, de adulto cualquier resultado que no sea excelente lo percibirás como un fracaso. Ningún ser humano es totalmente competente en todos los aspectos de su vida. Las personas que se exigen ser los mejores en todo son las que con más probabilidad se sentirán incompetentes e incapaces.

En las relaciones de pareja se dan muchos casos de sentimiento de culpa disfuncional. Algunos de mis pacientes acuden a mi consulta convencidos de que tienen un problema -únicamente suyo- cuando en realidad es un problema de pareja, y no le encuentran solución porque lo están intentando arreglar como un problema individual. La pareja es un vínculo entre dos personas con la misma responsabilidad en el avance de la relación. Si algo afecta a la pareja, implica a las dos personas, y por lo tanto la solución también implicará a ambos.

¿Se diferencia en algo la vergüenza de la culpa?

La respuesta es clara: sí. Podemos ver la diferencia entre estas dos emociones claramente de esta manera: la vergüenza es pública y la culpa es privada. Sientes vergüenza cuando eres consciente de que alguien puede saber lo que has hecho, por el contrario, te sentirás culpable cuando solo tú lo sepas.

La gran mayoría de autores defienden la postura de que la culpabilidad es más funcional que la vergüenza, puesto que en la primera te centras en tu comportamiento -para así corregirlo- y en la segunda te sientes atacado e indefenso, y la tendencia es responder con ira o desproporcionadamente.

Si quieres indagar en profundidad sobre este aspecto accede a este enlace de la American Psychological Association.

Qué hacer con el sentimiento de culpa

Trata de ser consciente de lo que necesitas, qué se ha infringido y por qué te sientes culpable. ¿Qué te pide ese sentimiento y en qué te beneficia tenerlo? Contestando a estas preguntas podrás expresar el desacuerdo -a ti mismo o a otra persona- y poner en marcha una respuesta que satisfaga esas necesidades.

Muchas veces incurrimos en el error de descalificarnos ante el sentimiento de culpa en lugar de afrontarlo y ponerle una solución. Si atribuimos un problema a un déficit personal cuando no lo es, nos estamos diciendo a nosotros mismos que somos incapaces de solucionarlo, sintiéndonos indefensos y aceptando algo que nos hace daño. La solución tampoco es echarle la culpa de nuestros problemas a los demás, pero sí tener la habilidad de interpretar adecuadamente qué es lo que ha fallado, quién es el culpable -si lo hay- y cómo se puede evitar que pase otra vez para mejorar nuestra calidad de vida y bienestar.

 

Espero que este artículo haya sido de tu agrado. En mi web encontrarás toda la información sobre las terapias que realizo y podrás acceder a mi blog de psicología.

Eduardo Bertomeu,

Psicólogo

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