Una vida sin sexo.-

Para la mayoría de las personas la vida sin sexo ofrece unas tristes perspectivas y la búsqueda de una pareja adecuada es uno de los principales objetivos vitales de la mayor parte de los seres humanos. ¿Por qué entonces algunos hombres parecen completamente felices viviendo una vida de la que el sexo está ausente?

El sexo no es necesario, una persona puede morir de hambre, de sed o expuesta a los elementos, pero no por falta de sexo. Sin embargo, la mayoría de los seres humanos desean alguna forma de actividad sexual. Les resulta importante no solo por el placer físico y el alivio de la tensión sexual que proporciona, sino también por la gratificación emocional que se obtiene a través de una relación íntima con otra persona.

Es casi imposible hallar a alguien que sea completamente asexual, una persona que carezca de deseos sexuales ni siquiera ocultos o inconscientes. Sin embargo, algunas personas parecen tener impulsos sexuales muy débiles. Esto es probablemente debido a su constitución física, de la misma manera que otras personas necesitan muy pocas horas de sueño o apenas sienten el frío. Para tales personas vivir sin sexo no es un problema: el sexo es solo una parte insignificante de sus vidas y no padecen su falta. Es probable que se muestren totalmente serenas acerca de las cuestiones sexuales porque no se sienten personalmente implicadas.

Aunque no se hayan torturadas por su sexualidad, a veces sufren la ausencia de calor emocional en sus vidas, esto les conduce en ocasiones a un matrimonio de camaradería en donde el aspecto sexual de la relación quedará reducido a un mínimo absoluto.

Matrimonios asexuados.-

Cuando estas personas con escasos deseos sexuales se plantean contraer matrimonio, escogen frecuentemente parejas que encajan en sus necesidades inconscientes (o mejor dicho en su ausencia de necesidades). Con toda la organización y el barullo que habitualmente supone una boda, a una pareja le resultará fácil ignorar esa inquietante zona, que para ellos supone el sexo. Incluso es posible que el matrimonio no se consume ni durante ni después de la luna de miel. Los interesados encuentran innumerables excusas: el cansancio propio, el de su pareja, la falta de familiaridad con el ambiente, la incomodidad del entorno. Cabe la posibilidad de que la pareja descubra muy pronto, que ambos están tan atareados buscando excusas para evitar el sexo, que llega un momento en que ya no es necesario darlas. El sexo, bien en palabras o bien en hechos, se convierte en un tema tabú.

Si ambos cónyuges se hallan contentos con la situación, es probable que nadie más llegue a conocer la verdadera naturaleza de su relación. Los padres pueden sentirse decepcionados cuando no aparezcan los nietos, la pareja puede enfrentarse con esta situación diciendo que no quieren tener hijos. En realidad así será probablemente.

En un matrimonio asexual los cónyuges llegarán probablemente a un entendimiento mutuo al abordar temas que les resultan enojosos. Por ejemplo, es posible que digan que se sienten desgraciados por no tener hijos, cuando en realidad su ausencia les conviene a ambos.

Los hombres o las mujeres solteros con un débil impulso sexual pueden ocultarse tras una máscara de jovialidad, siempre dispuestos a hacer bromas, a veces con un matiz sexual. Pero son muy hábiles en evitar un estrecho interrogatorio acerca de su propia vida privada.

A veces surgen problemas para las personas con un escaso impulso sexual, en especial si contraen matrimonio con alguien que sea sexualmente más exigente. Al comienzo del matrimonio es posible que exista algún contacto sexual, simplemente porque el cónyuge asexual comprende que esto forma parte del trato. Al menos al principio, intenta mantener unas mínimas apariencias. Más tarde es probable que el sexo desaparezca de este tipo de matrimonio. El cónyuge más interesado por el sexo puede caer en un estado depresivo. A veces el cónyuge con mayor interés en el sexo empezará a buscar su realización al margen del matrimonio. Este puede ser un acuerdo bastante aceptable para algunos matrimonios, pues el cónyuge asexual al aceptar las relaciones de su pareja dejará de tener sentimientos de culpabilidad por no satisfacer las necesidades del otro.

Vida sin sexo por temores ocultos.-

Frecuentemente, las personas con vidas asexuadas han optado por ese camino, por lo general inconscientemente, por miedo, inseguridad o infelicidad. Pueden hallarse preocupadas por algún aspecto de su sexualidad, quizás por la posibilidad de ser homosexuales o porque de niños tuvieron la impresión de que el sexo era una actividad peligrosa o sucia.

En otros casos, puede que esas personas hayan tenido experiencias de amor sexual que las perturbaron profundamente; tal vez han sido testigos de violencia en el matrimonio de sus padres, o se sintieron muy heridas tras fracasar en una relación amorosa.

Consideremos el caso de un hombre que en un entorno más libre podría haber llegado a ser un homosexual, sin embargo, nunca ha pensado en la posibilidad de ser gay. Si este hombre tuviera un intenso impulso sexual sería homosexual. Este hombre ve como se casan sus amigos; es posible que disfrute de la compañía femenina y que anhelé vivir en un hogar confortable con alguien con quien charlar a la vuelta del trabajo. Por consiguiente, se siente atraído por la idea del matrimonio. Puede llegar a conocer a una mujer cuya feminidad no le resulta agresiva: No viste provocativamente ni lleva mucho maquillaje, ni tampoco le formula exigencias sexuales. A muchos hombres les repelerían tales indicios pero para él constituyen un estímulo y un alivio. Los lazos se fortalecen a medida que la pareja comprende que puede desarrollar unas relaciones plácidas, no alteradas por el sexo. Pero puede que las cosas cambien entre ellos con el paso del tiempo. Con los años es posible que se sienta  más seguro de sí y permita que empiecen a emerger sus sentimientos homosexuales. Quizá era hijo de un macho agresivo que le hizo imposible reconocer que él no era igual a su padre. Cuando maduró descubrió que el sexo es simplemente una parte más de la existencia. Ahora sabe que puede hacer frente a otros aspectos de la vida: un puesto de trabajo, una responsabilidad incrementada, el conocimiento de otras personas y es posible que el sexo no le parezca tan aterrador. Ya es capaz de reconocer que no es que a él no le interese el sexo, sino que lo que no le interesa es el sexo con las mujeres.

A partir de ahí al hombre le será cada vez más difícil mantener su matrimonio asexual. Puede que empiece a tener una relación homosexual y que decida que esto es realmente lo que quiere, en vez de un matrimonio que le proporciona un refugio, ya indeseado, contra el sexo.

Vida sin sexo por temor a la maternidad.-

El momento en que las personas deciden dejar su neutralidad y empiezan a interesarse por su sexualidad  puede ser interesante y revelador. A veces es la mujer la que cambia. Es posible que también ella haya concebido una imagen aterradora de lo que puede suponer una relación sexual entre un hombre y una mujer. Quizás el matrimonio de sus padres resultó desgraciado o tal vez su madre le transmitió la impresión de que el sexo era terrible. Sí la hija considera al sexo como la causa de la infelicidad de su madre, a menudo lo rechazará para evitarse esa misma infelicidad. Un matrimonio cómodo y carente de exigencias sexuales le proporcionará el mejor de los mundos.

En ocasiones, al cabo de años de matrimonio sin sexo o de años de soltería, una mujer decide que no es eso lo que quiere. De repente comprende que está perdiéndose una parte importante y satisfactoria de la vida. Veamos un ejemplo: Una mujer toleró durante 15 años un matrimonio no consumado. Un buen día, ella conoció a un hombre por el que se sintió sexualmente atraída, y desarrolló con él una relación que se hizo mucho más importante que su matrimonio. Para entonces, la mujer tenía 45 años y pensaba que ya era demasiado mayor para tener una familia. Pero se consideraba completamente capaz de iniciar una relación, diciéndose que, aunque deseaba el sexo, los hijos quedaban descartados por completo. Resulta evidente que esta mujer había evitado el sexo de su anterior matrimonio, no porque le aterraran las relaciones sexuales, sino porque le asustaba la maternidad. Al prescindir del sexo, evitó también el dilema de tener o no tener hijos.

Una decisión consciente.-

Una forma totalmente diferente de la sexualidad es la que se conoce con el nombre de celibato. Ser célibe significa que una persona ha tomado una decisión consciente de abstenerse del sexo. Tradicionalmente el celibato se relaciona con personas profundamente religiosas que se abstienen del sexo para lograr un ideal superior: La unión espiritual con Dios.

En realidad, existen otras personas que en ocasiones toman decisiones similares, ejemplo, los atletas pueden decidir mantener un periodo de celibato temporal, cuando se entrenan intensamente con vistas a una competición. Esta decisión corresponde también al deseo de lograr un objetivo superior. En esta situación es improbable que las personas afectadas se sientan atormentadas por una falta de actividad sexual. Sí el sexo colmara una necesidad biológica, como la sed o el hambre, la negación de la satisfacción sexual conduciría probablemente a un incremento en el deseo. Pero este no es el caso; las investigaciones han revelado que aunque la abstinencia sexual pueda a veces agudizar el apetito, muy frecuentemente lo reduce. La sexualidad no se haya, al parecer, totalmente determinada por la biología. Por consiguiente, abstenerse del sexo no es habitualmente un problema en sí mismo. Si existe algún problema será porque la persona asexual ha prescindido del sexo como resultado de algún temor inconsciente.

Autor: Gerardo Castaño Recuero - Nuestro Psicólogo Madrid

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