¿Cómo se siente cuando tiene que hablar frente a un auditorio?

 

Si es como muchas, muchísimas otras personas, puedo asegurarle que ¡con pánico!, y es natural.

 

Porque, ¿sabía que el principal miedo de los seres humanos -aun más grande que el miedo a las serpientes, arañas, ratones, insectos, a la guerra, al hambre, a las alturas, a las enfermedades, a los ataques extraterrestres, incluso a la muerte- es el miedo a hablar en público?

De hecho, en las encuestas realizadas en Estados Unidos el miedo a hablar en público calificó dos veces más alto que el segundo miedo de la lista.

A simple vista, este resultado podría sorprendernos pero, analizando a fondo, podemos ver que es algo bastante lógico y predecible si partimos de la base de que no estamos preparados. ¡Es como si de pronto nos lanzaran desde un avión sin paracaídas!

Imagínese que, en su trabajo, le piden que haga una presentación, pero resulta que nunca lo ha hecho, nadie le ha enseñado, ni conoce una sola técnica para hacerlo. Además, usted sabe que el resultado impactará directamente en su carrera y en su futuro. ¡De morirse!, pero, como en todo, es cosa de aprender algunos trucos que ayuden a aminorar ese pánico escénico tan natural.

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Comparto con usted algunas técnicas que he aprendido en el camino y que lo ayudarán a relajarse como a mí, y a sentirse más confiado en estas situaciones.

* Primero piense. Hablarle a un grupo es exactamente lo mismo que hablar con una sola persona. Imagínese platicando en la sala de su casa. Al hacer esto, se nos quita la presión de pensar en el número de personas presentes y nuestra forma de exponer es más personal.

Para comprobar lo anterior, piense cuando va al teatro o a un concierto, ¿cómo es su relación con los actores o los músicos?, podemos estar rodeados de cientos de personas, sin embargo, cada uno escuchamos, vemos y reaccionamos física y emocionalmente en forma individual.

¡Así que nuestra relación con quien esté en el escenario es totalmente personal!, sin importar que estemos solos o con mil personas.

*Antes de entrar, respire hondo, suelte el aire poco a poco y repita el proceso hasta tranquilizarse. Por alguna razón, cuando estamos nerviosos respiramos más corto y rápido, lo cual nos estresa más.

* La mente sólo enfoca su atención en un pensamiento a la vez. Así que antes de iniciar piense en algo positivo, piense que es un gran logro estar ahí y que su exposición les va a encantar. Nunca piense en que ya se le olvidó lo que va a decir o que va a hacer el ridículo. Elimine los pensamientos negativos, cuando nos relajamos, todo fluye de manera natural.

* Si se le seca la boca (lo cual es producto del estrés y no de la sed), imagínese que exprime un limón en su boca o muérdase los cachetes por dentro. No tome agua, porque para colmo querrá ir al baño.

* Al entrar, olvídese de usted mismo, enfóquese a su audiencia y piense cómo puede ayudarlos con su trabajo. Algo muy importante: hable desde el corazón. Hable con ellos, nunca les hable a ellos, ¡es completamente diferente!

* ¿Cómo va a empezar? Apréndase de memoria su entrada, ensáyela y repítala mirando sólo a un punto. Esto le ayudará a sentirse confiado.

* La honestidad también puede ayudarnos, ¿por qué no comentar con la gente que estamos nerviosos? La mayoría de las veces la respuesta será positiva, después de todo, es de lo más humano.

* Por supuesto que preparar y ensayar muy bien lo que vamos a decir reduce el miedo hasta en un 75 por ciento, respirar profundo quita otro 15 por ciento y mentalizarse anula el último 10 por ciento.

* Vístase de una manera que muestre respeto por el público, lo hará verse y sentirse más cómodo.

* Estemos conscientes de que el miedo, en realidad, no se deja de sentir nunca, después de todo, aunque suene ilógico, sentir miedo no es tan malo. Nos pone alertas, nos da dinamismo, nos llena de adrenalina y nos da energía, nuestro reto es controlarlo y hacer del miedo nuestro aliado.

Confieso que después de muchos años de dar conferencias, siempre me consuela pensar que Dale Carnegie, alguien tan experto en esto de hablar en público, decía: "Siempre hay tres conferencias por cada una que doy: la que practiqué, la que di y la que hubiera querido dar".

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