Creamos o no en los ángeles...

 

Los ángeles están en todas partes, escuchamos historias de personas a quienes han ayudado, vemos películas donde aparecen con sus enormes alas, consultamos libros para saber cuál es nuestro ángel protector y compramos "dulces" figuritas angelicales para adornar la casa y que, de paso, nos protejan.

Creer o no en los ángeles es una cuestión individual que puede depender de la religión a la que se pertenezca, los límites de la imaginación o la sensibilidad que se pueda poseer. Independientemente de que se crea en ellos o no, lo que vale la pena preguntarse es ¿Qué sentido tienen los ángeles en nuestra época? Es decir ¿Qué valor le damos a las cosas que eran tan importantes para nuestros antepasados?

En otros tiempos, los ángeles eran seres terribles encargados de obedecer y llevar a cabo los mandatos de Dios. Filósofos y escritores renombrados se enfrascaron en discusiones complejas para decidir la naturaleza de los ángeles.

Vives feliz entre ángeles y estrellas luminosas, mirándome con amor aún desde el mas allá, mientras que yo en este mundo busco palabras hermosas

Vives feliz entre ángeles y estrellas luminosas, mirándome con amor aún desde el mas allá, mientras que yo en este mundo busco palabras hermosas

San Agustín no sabía si poseían cuerpos mortales, para Santo Tomás eran puramente espirituales, según John Milton, eran masculinos y femeninos e intercambiaban su sexo con el de su pareja, para Jakob Boehme eran los pensamientos de Dios y no tenían alas, Swedenborg decía que todos habían sido mortales y humanos, por tanto son la forma de la resurrección y en el Islam, Cristo tiene condición de ángel, por eso rechazan la encarnación.

Vivimos en una época necesitada de creer en algo y los ángeles son sólo una de tantas cosas que en la antigüedad poseían un enorme sentido y de las que ahora, nos aferramos para no sentirnos solos. Sin embargo, nuestra sociedad es cada vez más ligera, más vacía, las cosas ya no tienen el sentido que tenían antes y por eso no encontramos nada que nos satisfaga.

Las cosas han perdido su peso y se han convertido en distractores para no escuchar nuestras verdades, son pretextos para llevar nuestras vidas desechables, sin preocuparnos por lo que pasa a nuestro alrededor.

Pensar que los ángeles son seres bondadosos, fácilmente manipulables, es convertirlos en mayordomos a nuestro servicio, esclavos encargados de satisfacer y resolver los problemas que nosotros no nos atrevemos a enfrentar.

Imaginar a los querubines como niños cachetones con alas es burlarse de los animales santos de seis alas con ojos desperdigados por todo su cuerpo (Apocalipsis 4,8) que impedían el regreso al edén, es burlarse de todo aquello que era importante para nuestros abuelos y convertir nuestra compleja existencia en un chiste mal contado.

Creamos o no en los ángeles, la propuesta es que regresemos a lo esencial, que nos atrevamos a creer en nosotros mismos, que no minimicemos los poderes de la imaginación y de la fe, y que sin importar en qué creamos; escuchemos, respetemos y valoremos lo que a nuestros antecesores les costó tanto construir y entender. Sólo así evitaremos caer en el vacío de una vida light y desechable.

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