Una gran familia: Numerosas posibiliades

 

Habitualmente vistas como "bichos raros", anacronismos, o casos excepcionales, las familias numerosas presentan, sin embargo, fascinantes posibilidades para la educación de los niños. Unas relaciones variadas, múltiples modelos de referencia, unas normas bien claras... son garantía para una personalidad tolerante, abierta y sincera.

Es un error humano habitual pensar mediante estereotipos. Si se escucha la expresión familia numerosa inmediatamente vienen a la cabeza una serie de imágenes: una familia más o menos pobre, que tiene alrededor siete niños, muy anticuada y rígida, y con unas creencias muy arraigadas.

Por supuesto, existen familias que son así, pero estos casos distan bastante de constituir la norma. Familias numerosas hay de todos los credos e ideologías, de todas las clases sociales y niveles culturales.

Para la legislación, una familia numerosa es aquella en la que viven tres o más hijos, o dos o más si uno de ellos es discapacitado. Pero esta definición no es válida para observar claras diferencias en la educación que los niños reciben. Por ello, cuando se hable de familia numerosa se hace referencia a familias que tienen 4, 5 o más hijos a quienes educar.

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MILES DE POSIBILIDADES EDUCATIVAS

La familia numerosa, por su propia estructura y necesidades, presenta muchas posibilidades con respecto a las familias habituales. Entre ellas destacan:

 

Espíritu de tolerancia. Convivir con muchas personas durante mucho tiempo conlleva importantes cambios. El niño debe ceder a menudo ante los intereses del resto, debe asumir unas normas, comprender la posición de las personas con quienes vive, conocerlos, disfrutar de sus juegos. Todo ello le ofrece una visión amplia y profunda de lo que son las diferencias entre las personas, sus cosas buenas y sus cosas malas

Disciplina. Vivir en una familia numerosa supone un permanente esfuerzo por comprender y adecuarse a las exigencias, intereses y necesidades del resto de los hermanos. Esta capacidad de renuncia, unida a la asunción de unas normas claras muy necesarias, pueden propiciar un espíritu disciplinado y sereno.

Independencia y responsabilidad. El niño que vive en el seno de una familia numerosa no puede tener a sus padres siempre encima, es preciso que aprenda a buscarse la vida. Este hecho, lejos de ser perjudicial, supone verdaderas posibilidades de cara a la educación de los niños. Además, es muy posible que los hermanos mayores deban hacerse cargo de los pequeños. ¡Toda una lección de responsabilidad!

Una imagen realista de sí mismos. Muchos psicólogos dicen que la imagen que cada persona tiene de sí misma es la principal garantía de salud mental. Pues bien, el niño que vive en una familia grande se ve valorado perpetuamente por sus hermanos. Es decir, que tiene muchos más datos para verse de forma realista que cualquier otro niño. Esto facilita la estabilidad emocional, a la vez que faculta al niño para establecer relaciones duraderas y satisfactorias.

 

PADRES Y MADRES DE FAMILIAS NUMEROSAS

Ser padre o madre de una familia numerosa no es nada fácil. La responsabilidad, el barullo y las persistentes demandas pueden minar a la persona. Sin embargo, existen una serie de pautas de gran utilidad:

Establecer un horario firme. Un horario firme que respete las necesidades de todos los integrantes de la familia es una de las grandes garantías para mantener la disciplina.

Aprender a delegar en los hermanos mayores. Los padres no pueden hacer frente a todas las necesidades de sus hijos, por lo que requieren la ayuda de los hermanos mayores. Ésta es una gran posibilidad para valorar su trabajo y que se sientan útiles y orgullosos.

Establecer momentos claros de cara al diálogo. En una familia grande siempre hay muchas cosas de que hablar. El diálogo es un elemento fundamental para cualquier familia. Gracias al diálogo las personas se comprenden y se ayudan, y se sienten cercanas. El diálogo familiar debe ser amistoso y divertido, sin necesidad de que gire permanentemente sobre aspectos problemáticos o desagradables.

Consultar con un especialista o acudir a una escuela para padres. Educar es complicado, sobre todo cuando las emociones nublan la cabeza y hacen que tiemble el pulso. La seguridad que un padre tiene en sí mismo y en la tarea que realiza es uno de los principales elementos a considerar y a cuidar. Para ello, qué mejor ayuda que la de un especialista.

 

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