¿Síntoma de insatisfacción?

 

La respuesta a esta pregunta es que no tiene por qué.

A menudo asociamos la discusión con algo negativo. Al decir “discutir” a nuestra mente llega la imagen de dos personas, frente a frente, hablando a voces, gesticulando exageradamente con las manos y con las “miradas encendidas”.

Tendríamos que empezar a modificar esta imagen, introduciendo otros ingredientes en la escena: diálogo abierto entre dos personas, músculos relajados, negociación, solución, beneficios para las dos partes.

Tener discusiones en la pareja no ha de preocupar, pero sí la forma de resolverlas. “Saber solucionar conflictos” es la habilidad que ambos miembros deberían dominar para hacer frente a una discusión.

En el amor sano, no cabe la resignación ni el martirio, y si tienes que anularte o destruirte para que tu pareja sea feliz, estás con la persona equivocada.

Dos grandes pasos para solucionar los conflictos de pareja

 

1. Plantear el problema

Tres aspectos hay que tener claros a la hora de plantear el problema:

Éste ha de ser definido de forma específica y clara, no dando rodeos o indirectas; breve y objetiva, cuidando que lo que se dice sea cierto, esto significa asegurarse de que se poseen los datos suficientes para llegar a esas conclusiones.

Además del problema, han de expresarse los sentimientos propios. Por ejemplo, ”me he sentido dolido/a cuando…”.

Para describir el problema, no han de emplearse los insultos, ni las generalizaciones (siempre, nunca) o acusaciones al otro/a (“tú tienes la culpa”). Es más, es importante valorar o reconocer la propia responsabilidad en el problema, siempre que la haya.

 

2. Esforzarse por solucionarlo

Estos cuatro consejos pueden ser muy útiles a la hora de solucionar el problema:

Se deben buscar alternativas de solución. Para ello es fundamental “no volver al pasado”, porque esto a menudo lo que hace es dejar aflorar rencores y bloquear esta búsqueda. Hay que utilizar la “lluvia de ideas”, esto es, dejar que la mente genere el mayor número de ideas posible. Al principio, no hay que descartar ninguna, aunque parezca “descabellada”, más tarde se elegirá la más apropiada a la situación.

Ambos tienen que poner de su parte en la solución del problema. Los DOS con mayúsculas: si siempre es uno el que más se implica, al final la relación puede empezar a cojear.

Es conveniente que entre los dos lleguen a un acuerdo. En general hay dos tipos de acuerdo: uno, que implicaría un intercambio: “yo hago esto, si tú haces aquello”/i>, y otro, implicaría voluntad definida por una de las partes: “yo hago esto, independientemente de lo que hagas tú”.

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