...Y no se trata de la canción de Mecano.

 

Una fuerte rigidez en las articulaciones cuando llega el momento de levantarse impide al enfermo de artrosis saltar de la cama ágilmente para enfrentarse al nuevo día. Necesita un lento despertar para conseguir poner sus entumecidos huesos en acción.

 

La artrosis es una enfermedad degenerativa de las articulaciones que preferentemente padecen las mujeres y además mayores de 50 años.

La artrosis se caracteriza porque las terminaciones de los huesos se deforman. Conlleva fuertes dolores en los momentos críticos en los que avanza la enfermedad y se “ceba” sobre una determinada articulación.

artrosis

Según informaciones publicadas por la Clínica Universitaria de Pamplona, la artrosis “ataca al cartílago que recubre la superficie ósea de las llamadas articulaciones sinoviales (rodilla, cadera, articulaciones de las manos, vértebras…). Lejos de ser un proceso estático, se produce por un desequilibrio entre los mecanismos de regeneración y degeneración de dicho cartílago.”

Síntomas: dolores y rigidez en las articulaciones

Su síntoma fundamental es el dolor, al principio insidioso, profundo y mal localizado, que normalmente aumenta con el movimiento y mejora con el reposo. Conforme avanza la enfermedad, el dolor se hace continuo y puede aparecer hasta en reposo. Es muy típica la aparición de rigidez articular, agravada después del reposo, de ahí los difíciles despertares de los enfermos de artrosis.

A lo largo de la evolución de la enfermedad van apareciendo las deformaciones de las articulaciones como consecuencia del aumento del componente óseo y capsular. Con la simple exploración física pueden apreciarse estas deformidades. Aparece también una limitación de la movilidad con dolor a la presión (por ejemplo si es en las manos al cerrar los dedos), chasquidos y crepitación de la articulación afectada.

En los primeros momentos de la enfermedad la radiología puede ser normal, aunque lo más típico es observar un estrechamiento del espacio articular causado por la esclerosis ósea y la aparición de prominencias óseas en la zona afectada. No existen alteraciones de laboratorio específicas de la artrosis.

Factores de riesgo

Dentro del amplio espectro de la enfermedad, los traumatólogos distinguen dos tipologías generales: una artrosis primaria sin causa conocida y otra secundaria, asociada a otro tipo procesos (displasias óseas, gota, artritis, diabetes,…). En el caso de la artrosis primaria se han descrito una serie de factores de riesgo que facilitan la aparición de la enfermedad, como pueden ser:

La edad: se hace más frecuente cuanto mayor es la población.

El sexo femenino, sobre el que tiene una incidencia claramente superior.

La sobrecarga continuada de la articulación (¡ojo con levantar pesos, especialmente niños!).

La obesidad (otra razón más para cuidar el peso).

Los trastornos de desarrollo óseo. (¡atención al metabolismo del calcio!).

Los traumatismos repetidos.

La enfermedad inflamatoria articular.

 

Las más afectadas: mujeres maduras

La artrosis es la enfermedad articular más frecuente hoy en día. Su tendencia es aumentar en relación con el envejecimiento de la población. Se calcula que afecta a entre un 1 y un 2 por ciento de la población, con predominio del sexo femenino. Existe una marcada asociación con la edad. Por debajo de los 55 años, el número de afectados es similar en hombres y mujeres. Por encima de esta edad, la articulación más frecuentemente dañada es la cadera en los hombres y las articulaciones de las manos en las mujeres.

Tratamiento y prevención

Hasta hoy en día, el tratamiento habitual de la artrosis se ha centrado en el alivio de sus manifestaciones clínicas, es decir de sus síntomas. En menor grado, se procura su prevención. La posibilidad de efectuar un tratamiento que actúe sobre sus causas empieza a vislumbrarse como una hipótesis seria.

El tratamiento de los síntomas tiene como objetivo aliviar el dolor y evitar al máximo la incapacidad funcional de las articulaciones afectadas. Por supuesto, debe establecerse para cada paciente de forma individual, teniendo en cuenta y procurando evitar los distintos factores de causa en cada caso. (Evitar la sobrecarga de las articulaciones, controlar la obesidad…).

El tratamiento farmacológico incluye las infiltraciones intraarticulares con corticoides y el uso de antiinflamatorios no esteroideos (AINE). Se debe emplear siempre la dosis mínima eficaz. Los AINE tópicos (pomadas) pueden ser útiles, como apoyo al tratamiento, cuando se trate de articulaciones superficiales.

¿Pasar por el quirófano?

Si el dolor no remite con antiinflamatorios y limita de forma considerable la actividad diaria del enfermo, debería considerarse el tratamiento quirúrgico, que incluye diferentes procedimientos.

La osteotomía o resección del hueso afectado, se realiza con el fin de evitar la distribución irregular de cargas, que aliviará el dolor y limitará probablemente la progresión de la enfermedad.

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