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En la oficina

La escasa ventilación de las oficinas y la calefacción central afectan la salud de la piel, resecándola en exceso. Luego, el cambio brusco de temperatura a la que se la expone al salir a la calle termina por completar su deshidratación. Use cremas a diario, mantenga algunas en su escritorio y tome agua sin límites.

Si sacamos cuentas sobre cuánto tiempo pasamos en el refugio seguro que es la propia casa y el ambiente inmanejable que constituyen oficina y calle, las cifras favorecen a estas últimas.

Esto quiere decir que estamos más expuestas a agentes que no podemos controlar que a los que sí.

En invierno, la piel sufre los efectos de los cambios de temperatura. De ambientes calefaccionados pasamos rápidamente al frío de la calle, y el cutis se reseca y deshidrata. ¿La solución? Tomar mucha agua, bajar la temperatura del agua al bañarnos y utilizar el jabón adecuado.

Resecamiento

La piel seca es la que más sufre en invierno debido a estos cambios, porque los sistemas de calefacción quitan la humedad natural de la piel. Y mientras menos humedad haya, más rápido se evapora el agua de la piel. Para mantenerse en buena forma, la piel humana necesita una temperatura de 17° a 20° C y una humedad del 50 por ciento, pero esto raramente se cumple al interior de las oficinas, cerradas herméticamente para ahorrar energía. Ello causa que los gases de los computadores y fotocopiadoras, el humo de los fumadores y la concentración de mucha gente en el mismo sitio durante horas enrarezca aun más el ambiente.

Las habitaciones con calefacción central pueden ser más áridas que el mismo desierto del Sahara. Si comprueba la existencia de finas líneas en la piel o siente tirante el cutis, utilice a diario un hidratante de alto poder.

El papel absorbe la grasa de la piel, y la continua fricción de las manos con este material elimina la única barrera natural que previene la evaporación del agua. Por eso, resulta práctico disponer de una hidratante para manos para evitar su resecamiento.

Aun cuando estemos encerradas en cuatro paredes, la piel igualmente puede sufrir los efectos provocados por los rayos UVA del sol que penetran a través de los cristales de las ventanas orientadas hacia el sur. Además, los reflectores parabólicos que se utilizan para dar más luminosidad en las nuevas instalaciones de fluorescentes hacen que recibamos mayor cantidad de luz sin filtrar directamente desde el tubo luminoso, con lo cual, luego de prolongadas exposiciones, los UVA resultarían perjudiciales. Las lámparas halógenas también son dañinas porque provocan una elevación de la temperatura y emiten mayores radiaciones que rebotan de la pared a la piel.

En estos casos es conveniente utilizar cremas protectoras antes de ir al trabajo, cualquiera sea la estación que se viva.

La piel se cuida por dentro y por fuera. Nos afecta, entonces, tanto el sol como lo que ingerimos. Beber agua, por lo menos un litro y medio al día, es una de las medidas más sanas y eficaces, porque hidrata la piel, limpia los riñones, combate el estreñimiento y es diurética.

El agua es la mejor medida para eliminar toxinas. Si ingerimos suficiente líquido, estamos continuamente eliminando las toxinas que se acumulan. Comience su día tomando una taza de agua caliente con jugo de limón o, al menos, un gran vaso de agua fría. Por supuesto, en ayunas.

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