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¿Cuándo y cómo debe ser la primera visita al ginecólogo?

 

Una de las grandes dudas que se les plantean a los padres de adolescentes, es cuándo sus hijas deben visitar al ginecólogo.

Como madre, has de sobreponerte a los tabúes sobre relaciones de pareja y explicarle a tu hija que los exámenes ginecológicos son necesarios para su salud.

Por costumbre, las adolescentes cuando se deciden a ir al ginecólogo es cuando empiezan a mantener relaciones.

Lo que ocurre hoy en día es que nuestras niñas comienzan a mantener sus primeras experiencias sexuales cada vez a edades más tempranas, y los embarazos adolescentes proliferan de un modo algo desconcertante.

 


¿Cómo se lo explico a mi hija?

A muchos padres les cuesta hablar con sus hijos de los cambios que se producen durante la adolescencia, ya que suelen ser temas difíciles de explicar y un tanto embarazosos.

Para las madres es importante recordarles las grandes dudas que se le plantean a tu hija durante esta etapa de su vida.

Ten en cuenta que puede adquirir conocimientos erróneos o desvirtuados, que le transmitan sus amigas, que generalmente son las principales fuentes de información.

Tienes que hacerle entender a tu hija que lo mejor es que estos temas sean tratados por profesionales, y que una buena manera de informarse es asistiendo a consulta. Si crees que ya es hora de que tu hija asista por primera vez a una consulta, es muy importante que vaya por propia voluntad.

En primer lugar has de saber si tu hija está lista para su primer examen. No te preocupes ante el pensamiento de si tu hija habrá mantenido ya relaciones íntimas.
Sólo fíjate cuando tu hija se está transformando en una mujer. Generalmente el desarrollo normal de una niña a mujer se produce entre los 14 y los 18 años.

 

 


A las puertas de la consulta

Es frecuente que la joven paciente acuda a su primera visita al ginecólogo acompañada por su madre. En estos casos, el ginecólogo ha de ser lo suficientemente discreto como para dejar las preguntas de índole más íntimo, entre él y la paciente a solas. Como madre, has de comprender esto.

 

Respeta la intimidad de tu hija, a pesar de tus ansias de conocer los problemas de tu hija. Es la mejor forma de que tu hija saque la máxima información a la consulta, de que exprese sus dudas sin sentirse presionada o cohibida por tu presencia.

Intenta que tu hija vea en el ginecólogo a una estupenda fuente de información sobre cualquier tema, y anímala a que pregunte cualquier asunto que le plantee dudas, porque además está amparada por el secreto médico y nadie se tiene porqué enterar. Ni siquiera tú.

La atención ginecológica que se presta a las adolescentes es diferente a las de las mujeres adultas. Las jóvenes suelen llegar con miedo a que no se les tome en serio o que se les reproche su actitud ante las relaciones íntimas de pareja. También acuden con el pensamiento de que el ginecólogo “se lo va a decir a mamá” y que las van a regañar. Pero no es así.

Un buen ginecólogo lo primero que hará es otorgarle confianza y asegurarle la confidencialidad de lo que se hable en la consulta.
Hacer que se sienta cómoda y segura. Aunque quizá en un primer momento le resulte más fácil conversar con una ginecóloga.

En la consulta, aparte del examen propiamente dicho, se les brinda mucha información sobre cómo conocer su propio cuerpo, métodos anticonceptivos, etc.

¿Cómo puedo animar a mi hija a que vaya a su primera consulta?


En primer término, déjale claro que examen está relacionado con su salud. Que se trata de descubrir posibles anomalías o infecciones.

También es conveniente que le describas en qué consiste el examen ginecológico propiamente dicho, que le preguntarán sobre su historial médico, sus actividades íntimas  y acerca del consumo de alcohol y tabaco.

Que va a necesitar quitarse la ropa, y tumbarse en una mesa de exámenes. Le examinarán los pechos, que la enseñarán como hacer ella misma una autoexploración mamaria. Dale seguridad de que esto es muy importante para prevenir posibles tumores, y sobre todo quítale la idea de que vea este procedimiento como algo “sucio”.

Que no se asuste ni se avergüence ante los utensilios o tocamientos que el médico ha de realizar para el examen. Es algo por lo que pasan, como ella casi todas las mujeres, y es de lo más normal.

Por último pregúntala si le gustaría que la acompañases durante el examen, y respeta su decisión, ya quiera o no.

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