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La naturaleza de los alimentos

Normalmente  siempre  que  hablamos   de  alimentos  o  vamos a comprarlos,  hacemos  hincapié en sus calorías y composición, en vitaminas y minerales que estos  nos aportan, y no por su naturaleza, su integridad o su energía.

A los alimentos los podemos tratar como aliados, nos nutrirán bien si los escogemos bien, si los elegimos equivocadamente, nos encaminarán una, enseñanza que podemos oír o no, si prestamos atención nos enseñarán algo sobre nuestro cuerpo.

Si logramos comer equilibradamente, con respecto a las necesidades particulares de equilibrio, nos curaremos de nuestras enfermedades (dime qué comes y te diré de que padeces). Un exceso de YINN o YANG repercutirá en el resto del organismo, en nuestra mente y en nuestro espíritu.

 El  YINN  tiene naturaleza expansiva y el  YANG  contractiva. Existen alimentos YINN como el alcohol, zumos de frutas, café , azúcar, grasas, etc..., y Yang o contractivos como la sal, miso, carnes, huevos, pescados, etc. Un exceso de YINN nos llevaría a la confusión, a la desconcentración, hiperactividad,  flojera. Un exceso  de  yang  nos  hará  fanáticos,  ser arrogantes,  pasivos y rígidos.

Entre los alimentos más equilibrados energéticamente, encontramos las verduras, legumbres y cereales, en especial el arroz integral. Las frutas refrescantes son YINN y se dan sobre todo en climas cálidos, por efecto compensatorio. Igualmente los encurtidos que calientan, se toman en regiones frías principalmente.

En verano, sobre todo en vacaciones, tomamos frutas, helados, ensaladas, zumos y además, también tenemos más actividad física, nos dedicamos más a la concentrarnos demasiado. En invierno, en nuestro puesto de trabajo donde tenemos que permanecer inmóviles, rígidos y los domingos nos fanatizamos en los campos de fútbol, comemos jamón, quesos, barbacoas, frutos secos, nos vareamos de un extremo al otro. Y en cada cambio de estación notamos carencias, abstenias, inflamaciones, estreses que no nos abandonan, nos vamos del helado a la parrilla, de las gominolas a puñados, a los huevos con chorizo y luego a una dieta de adelgazamiento de 3 ó 4 días mortales para meternos el bikini y lucir un cuerpo sano.

Para la laxitud, de 20 a 30 sesiones de placas con descargas eléctricas y para el blanco enfermizo de 10 a 20 sesiones de rayos UVA y a la playa a pasarlo bien.

En septiembre-octubre como mucho, todo el mundo a llenar listas de espera en hospitales, depresiones, sufrir síndromes de vuelta al cole, a la oficina, mientras unos cuantos, algo raritos, esos que hacen yoga o taichi, unos cuantos que comen arroz integral, verduras al vapor, algas, raíces, brotes frescos, legumbres y frutas, quizás  algo  más  mediocres  y  menos despampanantes, que apenas se les nota por que no van dando la nota, seguirán más o menos equilibrados, haciendo más o menos ajustes a las crísis sin grandes operaciones que comentar entre los amigos. Seguirán informándose y aprendiendo de qué es lo que su cuerpo necesita para estar en equilibrio y sabrán combinar un guiso de verduras o un té con frutos secos, un pescado con especias o legumbres con cereales. Se abstendrán de drogas pues es lo más Yinn y saben que un exceso de este muta a Yang y en esta mutación podemos perdernos psicológicamente.

Un goloso empedernido se convierte en un sonámbulo y vive en una inmensa inconsciencia. Por otra parte el exceso de sal puede llevar al marchitamiento y  retención  a  medida  que el alma  se pone  rígida, aferrada  al pasado.

Alimentos equilibradamente dulces como la zanahoria la manzana refuerzan la conciencia y desarrollan la personalidad. Un alimento salado como por ejemplo el queso nos da ánimo y un humor saleroso.

El cocinado también incide en la naturaleza del alimento así como su mezcla con otros alimentos, la variedad con que se combina. El congelado, por ejemplo, introduce un frio añadido que incide en los tiroides.

Todo esto y más debemos de tenerlo en cuenta a la hora de nutrir nuestro ser. En nuestro equilibrio está nuestra salud, la depuración es la claridad en el conocimiento y encontrar nuestra auténtica naturaleza un deber.

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