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El mijo, fuente de energía

El hombre, desde su aparición sobre la tierra, cultiva los cereales. La naturaleza, en su sabiduría, les ha dado la ayuda generosa de las vitaminas del complejo B, que permiten  transformar el almidón en energía.

Por su composición notablemente equilibrada, en materias albuminoides (9 a 14%), en hidratos de carbono (65 a 75%), en sales minerales, vitaminas y diastasas, los cereales son alimentos completos, pero el hombre, desde que aprendió a manejar la máquina de moler, ha estado haciendo todo lo posible para arruinar este equilibrio natural, reduciendo los cereales a puro
almidón y descartando, con el refinado, todos los demás elementos.

Eliminamos la cutícula que contiene celulosa, el germen que atesora la mayoría de las vitaminas e incluso una buena parte de las proteínas de los granos... y nosotros nos comemos lo que queda.

Uno de los cereales más extendidos en nuestro planeta es el mijo que es una hierba anual alta con tallos terminados en penachos de cuatro a seis panojas, sumamente fértil aun en suelos pobres. Esta planta gramínea recoge, en sus panojas, semillas pequeñas, redondas y de color blanco amarillento.
Su grano es muy nutritivo ya que contiene un 10% de proteínas y un 4% de grasas e hidratos de carbono. En China y Japón la semilla de mijo se condimenta mezclada con arroz.

El mijo ( "panicum miliaceum" ) procede de la India, donde es cultivado desde 2800 a.C.; su grano proporciona alimento a más de la tercera parte de la población mundial y sus hojas constituyen un excelente pienso. Alimento básico de los habitantes de regiones cálidas, está difundido por todo oriente, en cambio, es prácticamente desconocido de la cocina occidental, donde, a pesar de que los romanos ya lo cultivaban, se encuentra sólo en las mesas de los vegetarianos y en la cocina macrobiótica.

El mijo es el cereal más rico en vitamina A. Si se compara su  análisis con el del trigo, se constata un poco menos de materias amiláceas en el mijo que en el trigo, pero más materias grasas y nitrogenadas.

El mijo se vende descascarillado porque su hollejo es muy duro, cuando se cuece se hincha mucho y su ligero sabor recuerda el de las nueces. Un puñado es suficiente para una ración. Para reducir su tiempo de cocción, se debe tostar los granos un poco en una sartén de fondo grueso precalentada y sin grasa. Con los granos totalmente tostados se prepara, en Rusia, el "kasha", una crema agria excelente para acompañar el pollo: Se lava muy bien el contenido de una taza de mijo. Se pone una olla al fuego con cinco tazas de agua y, cuando comienza a hervir, se vierte el mijo. Se añade una cucharadita de sal, se deja hervir 2 ó 3 minutos, se baja el fuego y se deja cocer a fuego lento durante 10 minutos más; se apaga el fuego, se espera a que el mijo embeba el agua que haya sobrado, se añaden unas rodajas de
pepinillo, se tritura todo con la batidora y se sirve.

Con la harina de mijo se elabora un pan muy nutritivo totalmente plano, además de bollos, tortas, galletas, pasteles y budines.

Médicamente es beneficioso el consumo de mijo pues mantiene la sangre fluida y las arterias flexibles, evitando, pues, la arterioesclerosis y todas las enfermedades de los vasos sanguíneos. Cuando la tensión arterial aumenta, es bueno alternar el consumo de pan de mijo con el de trigo integral, mediante esta práctica, los sedentarios, especialmente, evitarán la acumulación de grasa en el organismo. El pan de mijo es energético y, a la vez, constructor. Por su alto contenido de vitamina A, el mijo favorece la regeneración celular, la salud ocular, el buen estado de la piel y las mucosas.

Su riqueza en fósforo hace particularmente interesante el mijo para aquellos que sufren de depresión nerviosa. Además, por el magnesio y hierro que posee resulta un excelente complemento para compensar el esfuerzo intelectual de estudiantes, informáticos, empleados de banca, oficinas, etc.

Tiene la reputación de impedir el aborto, colma los déficits de la mujer embarazada y refuerza las defensas naturales. 

Recetas:
Sopa de Mijo Se sofríe una cebolla finamente picada, a fuego muy lento, en  5 g de mantequilla;
Se añade 100 g de mijo en grano y, pasados un instantes, un litro de agua.
Se agrega un puñadito de perejil  picado, una pizca de sal, una cucharadita de hinojo y otra de anís.
Dejar hervir y servir cuando el mijo esté tierno.

Soufflé de mijo y avellanas 
Se deja tostar 225 g de mijo en grano en dos cucharadas de mantequilla, se añade un litro de leche muy lentamente y un poco de sal.
Se deja la olla en el fuego hirviendo hasta que el mijo esté tierno.
Retirar, incorporar seis cucharadas de azúcar, 150 g de avellanas tostadas finamente picadas.
Cuando la pasta se haya enfriado se añaden también tres yemas de huevo y sus tres claras montadas a punto de nieve.
Se mete en el horno a una temperatura de 200º, a los quince minutos se sube a 250º, en un tiempo total de 40 minutos.

ISABEL YAGUE

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