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Excepto la pastilla, un amigo o un cura pueden llegar a ser buenos oyentes. ¿ Por que no, verdad? Hasta pueden prestar las orejas con mucha atención, debatir el problema con ahinco, darte un consejo. Un muy buen amigo además de todo eso, también te invitaría a una cerveza o mate. El cura, posiblemente prescribiría alguna que prese, te recomendaría hacerla a uno u otro santo, o darte alguna penitencia para disminuir la culpa. Son métodos!

La pastilla directamente no te oye. A veces puede ser necesaria, calma algo de los síntomas, pero definitivamente no te escucha. Es sorda y dependiendo del caso hasta engorda!

orejaUn Psicoanalista… Pues bien. No entró en el titulo de ese texto. A propósito y más bien! Es la diferencia más radical entre un amigo, un cura o una pastilla. No da consejos, no te invita ni mate ni cerveza, pero puede calmar el síntoma también, escuchándote. Pero va más allá de calmar el síntoma…Mucho más allá…Te cambia la vida. Y eso es así, radicalmente así.

A cada cita con el analista tiene que arribar una novedad absoluta. Velada antes. Abrirse una nueva puerta, cerrarse otras tantas. Quizá en ese proceso surja uno que otro llanto, una que otra alegría, rabias, deseos, desconcierto, secretos jamás dichos. Y otras cosas más impredecibles. Pero lo fundamental, es que siempre aparece la novedad. Proveniente del inconsciente de aquél que se atreve junto con su Psicoanalista a entrar en su más recóndito y cercano misterio.

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