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Ante el sol no hay que bajar la guardia, porque sus efectos dañinos pueden seguirla aun después de llegar a casa. Quitarse con la ducha los restos de sal y arena no es suficiente. Es absolutamente imprescindible usar un hidratante especial, denominado after sun, para recuperar el agua perdida, regenerar la piel, calmarla de sus ardores y refrescarla.

Existe un hecho evidente: con la acción del sol, el agua se evapora. Sucede en todo ámbito y el cuerpo humano no es la excepción. A mayor cantidad de sol que se exponga, mayor cantidad de agua pierde. El proceso se denomina deshidratación y provoca daño físico y estético. La piel se reseca, se vuelve tirante y escamosa, y la suavidad desaparece.

Para contrarrestar este fenómeno fueron creados los productos after sun, après soleil o post solares, como quiera denominarlos. Son, básicamente, cremas o geles altamente hidratantes o humectantes cuya labor es calmar, reparar y suavizar la piel agredida. Otra de sus funciones, que no cumple una hidratante común, es que evita la descamación propia del mal bronceado y mantiene el tono dorado.

Durante el día, en playa, piscina o montaña, la protección solar es evidente y estamos casi todos concienciados de la necesidad de usar algún tipo de filtro solar. Al llegar a casa, la ducha elimina los restos de sal, arena, cloro y cremas bronceadoras. Pero se olvidan de aplicarse una crema específica para después del sol y se opta por una leche de cuerpo cualquiera porque la piel tirante avisa que necesita ayuda. Obviamente, no es lo mismo. Una crema hidratante común no repara los daños ocasionados por los rayos ultravioleta o el viento, no mantiene el moreno, no calma el ardor o quemaduras y, por último, no la preparan para enfrentar el sol nuevamente al día siguiente. Cara, cuerpo y pelo necesitan el cuidado after sun.

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