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Masticar la comida lentamente. No solamente disfrutaremos más de ella, sino que quedaremos satisfechos con porciones más pequeñas.
Comenzar por comer la carne, el pescado, el pollo o el hígado y las verduras. Así, cuando hayamos terminado, es posible que ya no queramos las papas, el arroz y el pan.
Tratar de arreglarnos para que la comida principal sea al mediodía o tan temprano en la noche como sea posible. Cuando los alimentos se comen temprano, aumentan las posibilidades de que sus calorías se quemen y no se conviertan en grasa.
Tomar una cucharadita llena de miel o de gelatina o mermelada para diabéticos cuando sintamos el deseo irresistible de algo dulce.

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