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Los niños son hoy en día víctimas habituales del consumismo.

 

Muchos padres tienen ahora una complicada tarea para intentar controlar ese afán de consumo sin someterlos a carencias extremas innecesarias. Aunque, seamos realistas algunos padres son los primeros responsables de esta mala ación en sus hijos.

 

Las frases “¿Me compras?”, “¡Yo quiero!”, “¿Qué me trajiste?” están continuamente en la boca de los niños. Los medios de comunicación, sobre todo la televisión, les incitan a consumir, a poseer cosas, llegando incluso a cambiarles los hábitos de consumo.

En ciertos programas el bombardeo de anuncios es frecuente, en ocasiones los niños llegan a visualizar múltiples anuncios sobre artículos para ellos, la mayoría juguetes, situación que se vive con más frecuencia en épocas como lo son Navidad, Día del Niño o el inicio de clases en un nuevo ciclo escolar.

Ante esta situación, los niños no solo quieren consumir, sino que sienten la necesidad de hacerlo e inquieren a los padres a cubrir estas necesidades.

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Muchos padres son propensos a llevar regalos a casa con relativa frecuencia, a comprarle a los niños chucherías que piden cuando salen juntos, a no exigirle nada a cambio de ceder ante sus peticiones, a comprar en cualquier momento y no ante algún hecho, acuerdo o fecha concreta. Este tipo de actuación fomenta el consumo.

Si se satisfacen en exceso las pretensiones de los niños se contribuye a hacerlos egoístas y a que no se esfuercen por conseguir sus deseos.

El consumo posee una fuerza educativa, por el modo en como se utiliza o abusa de él; y el valor que se le otorga.

Combatir el deseo de consumir es una lucha entre padres e hijos. Sin embargo llegar al extremo de hacer pasar a los niños privaciones absurdas o exigirles reunir dinero a base de no gastar, con el objeto de que comprendan lo que valen las cosas, sería una postura demasiado drástica, al menos en los primeros años escolares.

El consumismo en los niños

El resultado de algunos estudios sobre el consumismo ha demostrado que los niños son los mejores consumidores.

No sólo gastan el dinero que tienen sino que también inducen suavemente, pero en forma contundente, a que se les compren los productos impuestos por la publicidad.

La televisión juega un papel fundamental para que se dé ese impacto publicitario. Ahí la estructuración del mensaje en las campañas publicitarias comerciales cobra un sentido de consumismo al contener atractivos colores, música, niños guapos y niñas bonitas como modelos, se magnifican y se idealizan las cualidades del producto, añadiendo efectos especiales en el caso de los juguetes y que los niños creen firmemente que los tienen, cuando en realidad no poseen dichas cualidades.

Sintiendo la necesidad de poseer dichos juguetes, después de realizar la compra descubren con gran desilusión que los muñequitos no se mueven con la gracia y la velocidad con que aparecen en los comerciales, por citar un ejemplo.

El juego desempeña un papel de primordial importancia en el desarrollo del niño. Las actividades libremente escogidas para dar curso a la imaginación infantil son determinantes en el desarrollo y crecimiento intelectual del niño.

Por lo general, esos juguetes no se lanzan al mercado apoyados únicamente por una fuerte campaña; se transmite dentro de la barra infantil de las principales cadenas televisivas una serie de caricaturas cuyo fin es conseguir que se consuman miles o millones de juguetes para que los niños puedan jugar a ese juego que se realiza en la serie.

¿Y las consecuencias?

Tomando en cuenta el tipo de juguetes que se producen, la mayoría de ellos resultan inhibidores de la fantasía, iniciativa e inventiva de los niños, la pregunta común en algunos infantes es ¿qué hace?, ¿qué es lo que mueve?, sin explorar las innumerables oportunidades que tienen de fantasear con ese juguete, con frecuencia los juguetes son abandonados pasando la novedad.

El poco o mucho uso de algún tipo de juguetes llega a causarles un daño en cuanto que, por lo común, esos juegos y juguetes representan acciones violentas, agresivas y destructivas.

En relación con la alimentación, el exceso de publicidad ha cambiado algunos hábitos de consumo infantil, no sólo se consumen más alimentos “chatarra”, sino muchos otros que no son siempre los mejores para una buena alimentación, los cuales generalmente repercuten en la salud y nutrición de los niños.

Detenga el consumismo

Como padres o tutores debemos de:

– Mediar entre las exigencias, necesidades del niño y el bombardeo del consumismo.

– Comprar solamente lo que en realidad se designe con valor positivo.

– Comprar objetos con un fin común, no sólo por una necesidad pasajera.

– Hacer saber a los niños cuáles son las cualidades de los objetos y cómo se puede obtener un máximo provecho de ellos.

– Ayudarlos a sentir la necesidad de explorar las diversas formas de jugar con ese juguete.

– En cuanto a la alimentación inadecuada, promover un balance en los hábitos de consumo alimenticio del niño.

– No acceder a todas las peticiones de consumo que realice el infante, esto le ayudará a tener mayor tolerancia ante las situaciones que no le son del todo favorables.

– Es recomendable que el niño se esfuerce en colaborar con las necesidades sencillas del hogar, hay que hacer para merecer.

– Hacer saber a los niños que en ocasiones si se puede acceder a sus peticiones y en otras ocasiones no es posible.

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