El tratamiento de las enfermedades mentales ha sufrido cambios importantes en estas últimas décadas debido al avance de la Psiquiatría, especialmente en el área de la farmacoterapia y en la adopción de una actitud más clara frente a este tipo de enfermedades. Antes de esas transformaciones, poco era lo que podía ofrecerse para ayudar a las personas mentalmente perturbadas. En muchos casos, lo único que podía esperarse era una estancia hospitalaria prolongada.

Actualmente los plazos de internación son más cortos, e incluso se procura, en lo posible, no hospitalizar al enfermo y, más bien, brindarle un tratamiento ambulatorio. Para cumplir con éxito esta modalidad de tratamiento se requiere la participación activa y consciente de la familia.

Las hospitalizaciones prolongadas son perjudiciales para el paciente porque produce el "hospitalismo" (deterioro psicosocial y dependencia al hospital) y el síndrome de "exclusión familiar" (por el cual el paciente cuando sale de alta, no siente a su familia como su grupo de pertenencia)

enfermo-mentalCuando el paciente es tratado ambulatoriamente, sea que haya sido hospitalizado previamente o no, la familia debe asumir parte de la responsabilidad terapéutica. La mayoría de las veces, la familia no conoce el origen y la naturaleza de la enfermedad y, generalmente, mal interpreta los síntomas que se manifiestan como: pensamientos absurdos, ilógicos e irracionales; gesticulaciones y actitudes bizarras, conductas extravagantes, sentimientos incongruentes, delirios, alucinaciones, etc.; y, por lo tanto, no sabe cómo ayudarlos ni como tratarlos. Muchas veces se cometen errores involuntarios que resultan perjudiciales para el enfermo.

Sentimientos y Reacciones Emocionales

La familia, frente a su enfermo, experimenta sentimientos y reacciones emocionales diversas, generalmente presenta sentimientos de culpa, cree que de alguna forma ha originado o favorecido la aparición o recidiva de la enfermedad; otras veces siente frustración, rabia e impotencia al considerarse poco capacitados para ayudarle. No faltan quienes sienten prejuicios y vergüenza, y tratan de ocultar la enfermedad y al enfermo. Hay familias que llegan a temerle o experimentar enojo, resentimiento o amargura por los cambios que la enfermedad de su familiar ha traído a su vida.

En general, sus estados emocionales pueden fluctuar ampliamente cubriendo un amplio abanico que va, desde el amor y la ternura, a la ira y la frustración. Hay que saber sobrellevar estos sentimientos que nacen de las situaciones cargadas afectivamente. A veces, hay que buscar la ayuda y consejo profesional que puede ayudar a evitar una crisis familiar.

 

La enfermedad mental constituye, muchas veces, una prueba más difícil de superar para la familia, que para el propio enfermo.

 

La falta de información y conocimiento respecto a la enfermedad, y las diversas reacciones emocionales por parte de la familia, dificulta o desalienta una participación y cooperación efectiva en el tratamiento del enfermo mental. Por este motivo, la familia deberá recibir información y orientación adecuada y oportuna por parte del médico psiquiatra, o de algún miembro del equipo de salud mental, sobre la manera de tolerar y cuidar al paciente en su ambiente, cómo serle útil y cómo evitar su recaída y deterioro.

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Guía para la Familia

A continuación, brindamos algunos consejos y sugerencias prácticas a los miembros de la familia que tengan en casa algún familiar enfermo, para poder resolver situaciones y contingencias diarias que se puedan presentar.

Antes, debemos puntualizar que, la familia puede actuar negativamente influyendo en el desarrollo de la enfermedad o impidiendo su recuperación; pero también su influencia sobre el paciente puede constituir el factor decisivo del éxito de toda labor médica realizada por su beneficio.

- CONOCER LA ENFERMEDAD Y ASPECTOS DEL TRATAMIENTO. En primer lugar la familia debe conocer bien el diagnóstico de su familiar enfermo, el médico tratante debe decírselo. El paciente debe ser puesto en manos de un médico psiquiatra competente para que dirija su tratamiento integral. Se debe evitar llevar al paciente al curandero, espiritista, herbolario, brujo u otro empírico, pues ellos no conocen estas enfermedades y, más bien, pueden retrasar la recuperación e incluso producir complicaciones. Muchos de ellos no pasan de ser más que simples charlatanes.

- EFECTOS COLATERALES DE LA MEDICINA. Los medicamentos empleados para el tratamiento de los trastornos mentales pueden producir efectos colaterales desagradables, tales como: somnolencia, temblores, rigidez muscular, contracturas, constipación, sequedad de boca, visión ligeramente borrosa. La familia aprenderá a distinguir lo que son los síntomas de la enfermedad y lo que corresponde a los efectos colaterales de la medicación para evitar confusiones y falsas interpretaciones que, muchas veces, llevan a la suspensión o abandono del tratamiento por parte de la familia.

- PROTECCIÓN Y CUSTODIA. La familia le brindará protección y custodia sólo cuando sea pertinente y muy necesario. Hay enfermos que no pueden valerse por sí mismos en la satisfacción de sus necesidades básicas; hay otros que necesitan vigilancia para evitar ciertos riesgos como por ejemplo: impulsividad agresiva y destructiva, que ponen en peligro la integridad física de la familia, vecindario y del paciente mismo.

- TRABAJO, ESTUDIO, MATRIMONIO. Con la eficacia de los diversos medicamentos que hoy existen, más otros medios terapéuticos disponibles en la actualidad, muchas personas enfermas son capaces de hacer una vida sana y útil. Los estudiantes pueden seguir estudiando de acuerdo a sus potencialidades y habilidades que tienen o les queda como remanentes; otros pueden seguir trabajando dentro de la comunidad mientras se están recuperando de una enfermedad mental. Es tiempo de quitar el velo de misterio y los estigmas que cubrieron y marcaron negativamente, desde antaño, al enfermo mental. Muchos creen que el enfermo de la mente no debe ni puede contraer matrimonio; si bien es cierto que éste es renuente a casarse, esto generalmente ocurre con aquellos que tienen un fuerte deterioro mental.

- TRATARLO COMO UN MIEMBRO DE LA FAMILIA, NO EXCLUIRLO. La familia debe actuar lo más normalmente posible, no hay razón para tratarlo en forma diferente. Ayudarlo a comprender que él o ella es un miembro importante del grupo familiar, y que forma parte del círculo de interacciones cotidianas. Incluirlo en las actividades recreativas, en los quehaceres domésticos, en las discusiones y decisiones familiares. No aislarlo, no subestimarlo, no sobreprotegerlo, no castigarlo o maltratarlo, no "encadenarlo". Si se está "portando mal" no es porque quiera o le guste, sino porque sufre un trastorno mental que le ha debilitado o anulado algunas facultades psíquicas como: su voluntad, juicio, instintos y su capacidad de darse cuenta de la realidad.

- BRINDARLE TRATO HUMANO, CONFIANZA Y SEGURIDAD. No mentirle al familiar enfermo. Procurar darle confianza, infundirle fe y esperanza. No discutir con él o ella; aclararle algunos asuntos, pero sin llegar a presiones, amenazas, insultos o agravios. A veces hay que hablarles con firmeza y autoridad sana, en forma clara y directa. El estímulo y respeto desarrollarán en el enfermo un sentimiento de autoestima positivo. Demostrarle, en forma abierta, cariño y amor; es probable que los sentimientos se mantengan igual como antes que el paciente se enfermara. En el caso de esposo o esposa, debe continuar un intercambio sexual sano. Ser prudentes y tolerantes, no divulgar ni comentar públicamente acerca de la conducta incoherente y contradictoria del familiar.

- ALIMENTACIÓN, ACTIVIDADES. Al paciente psiquiátrico es necesario darle una buena alimentación en calidad y cantidad, la medicación que consume, con frecuencia aumenta el apetito. Hay que prohibir la ingesta de las bebidas alcohólicas y café. Debe proporcionársele el suficiente tiempo para un buen descanso y sueño nocturno. No debe trasnocharse. Debe disfrutar de festividades recreativas y distracciones sanas. Practicar ejercicios o algunos deportes. Realizar tareas domésticas también son beneficiosas, sin exigencias de rapidez ni horarios rígidos.

- CONTROL MÉDICO. Es importante que el familiar continúe manteniendo consultas periódicas con su médico tratante, aún cuando se sienta bien, pues la recuperación es lenta y se deben evitar recaídas. Durante el tiempo que dure la recuperación el medico hará los ajustes y cambios de medicación de acuerdo a la evolución del paciente. Se incluye en el tratamiento, la psicoterapia individual y familiar así como otros tipos de tratamiento. La familia debe responsabilizarse por el cumplimiento del tratamiento y de las citas médicas.

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