Cambios

Situaciones en las que ha de realizarse un costoso esfuerzo para producir un cambio en el medio. Por ejemplo, cuando alguien prepara durante largo tiempo unas oposiciones sin recibir ninguna señal en el camino de posible éxito. Si se fracasa, el sentimiento de derrota es muy grande, si se supera, puede que tampoco queden ganas para enfrentarse con un posible nuevo examen.

El ambiente

Falta en el ambiente que rodea al sujeto, de elementos que puedan reforzarle. Una ama de casa que sólo sale de ella para hacer la compra, que no desarrolla afición ninguna, a la que su marido e hijos apenas atienden cuando vienen del trabajo y la escuela, a la que no valoran pero exigen la ropa limpia y planchada, la comida a la hora indicada e, incluso, sobre la que a veces derraman sus frustraciones, es una persona que no tiene fuentes de gratificaciones, ni en las tareas que realiza, ni en la familia, ni en las amistades, ni en las aficiones. No es por ello extraño que exista un gran índice de depresión entre este grupo de personas.

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Los refuerzos

Se producen cambios súbitos, inesperados y rápidos que suponen pérdidas de fuentes de refuerzos. Por ejemplo el síndrome del nido vacío, estado depresivo en el que algunas mujeres caen cuando sus hijos abandonan definitivamente el hogar para seguir su vida por separado. Los hijos suponen la principal fuente de refuerzos para estas mujeres. Parece que casi viven por ellos y que su vida está destinada a ejercer el perfecto papel de mamá.

Cuando ya no hay hijos a los que atender, ya no se desarrollan esos papeles de mamá que la realizaban como persona y respecto a los que quería y, aunque no siempre, conseguía sentirse orgullosa consigo misma. También se pierde mucho del tiempo y de las actividades que antes podían compartirse. Comer y hablar de lo ocurrido en el día, salir de compras, visitar juntos a la familia…etc.

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Distorsión de la realidad

Repertorios de observación limitados que llevan a la persona a distorsionar la realidad y a realizar conductas que son reforzadas en pocas ocasiones. Si un joven observa que a su alrededor funciona un <<¡¿Qué hay?!, ¡¿cómo te va?!>> junto con una palmadita en la espalda cuando se presenta un chico a otro, puede que piense que es acertado el saludar de este modo a su nuevo jefe, algo que a éste, probablemente, no le hará excesiva gracia. La respuesta a esta actuación no será reforzada casi con seguridad y, a corto o largo plazo, puede ser rechazado.

Si este joven sigue manteniendo este tipo de observaciones parciales que derivan en una mala actuación, probablemente terminará estando falto de gratificaciones en sus contactos con otras personas.

Espirales patológicas

Espirales patológicas en las que la persona, al recibir pocos refuerzos positivos, reduce sus conductas y, por tanto, las ocasiones en las que existiría la posibilidad de obtener éxito. Al ser menores las ocasiones, son también menores las probabilidades de ser reforzado.

La disminución de los refuerzos obtenidos hace que la persona se desinterese aún mas y minimice sus conductas. Un niño que es rechazado por las niñas puede optar por la alternativa de no intentar ningún tipo de contacto. Esto reducirá sus posibilidades de conocer a alguna de ellas que le acepte. Al ser escasos sus contactos, no irá aprendiendo la forma adecuada en que se supone que debe tratarlas y ellas, por otro lado, pueden no acercarse a él al sentirse incómodas por su retraimiento. Esta espiral conduce al alejamiento del niño de los contactos sociales con su género opuesto.

También puede ocurrir que una persona que presente gran ansiedad social experimente tal grado de tensión en sus contactos sociales y en cómo actuar adecuadamente, que este esfuerzo le impida disfrutar de todo lo grato que podría obtener en estas situaciones.

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La baja moral

En la persona deprimida el funcionamiento social y laboral experimenta un deterioro que puede llegar a ser, en los casos graves, incapacitante.

El salir de la cama o realizar el simple aseo personal puede resultar una dura tarea. No es difícil imaginar que en estos casos la baja laboral es necesaria. Puede, incluso, ser necesarias varias bajas hasta la total recuperación. En el caso de una persona con un único episodio depresivo, la mayoría de las veces no existiría un problema irremediable con su puesto de trabajo (en teoría).

El problema aparece cuando los episodios depresivos son recurrentes y arrastran a la persona a tomar la baja, también recurrentemente. El problema para mantener el empleo puede sumergir aún más a la persona en la depresión, construyéndose así un círculo vicioso.

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