LA PAREJA

¿Qué hacer cuando él te deja, cuando él se ha ido?


Si un día tu mundo afectivo se derrumba es probable que descargues en él todas tus angustias. El te abandonó, no te quiere más, se fue con otra... ¿No te animas a preguntarte en qué estabas tu  mientras el amor se desvanecía? Se puede salir de una ruptura y volver a amar. Pero para eso hace falta ver la totalidad de la realidad.

Pensé que le pasaba a otras, que lo nuestro era diferente. Cuatro años de convivencia, viajes y decenas de proyectos a dúo. El último, un hijo, pocos lo saben, pero teníamos o tenía muchas ganas... Sin embargo, me pasó a mí. Fue un viernes, nuestro día favorito, ¡qué ironía! Volví del trabajo a la misma hora de siempre. Tiré el bolso sobre la mesa. Todo estaba demasiado ordenado. ‘Llegó temprano, ¡qué bueno!’, pensé.

Pero algo no cerraba. Durante el día Juan no me había llamado y en casa no había mensajes en el contestador. Pasaron cuatro horas. Llamé a mi suegra, ella no sabía nada de nada. Llamé a su trabajo y tampoco... Le dejé un mensaje a su mejor amigo. Recién cuando abrí el placard del dormitorio caí en la cuenta: él se había ido. ¡No dejó ni siquiera una corbata! Y alrededor mío todo empezó a girar. Me desplomé sobre nuestra cama. Esperé un llamado, revolví los cajones buscando alguna carta... Nada. El se fue, no sólo me dejó el alma hecha pedazos, preguntas sin respuestas, bronca, desconfianza, la autoestima agujereada y casi ninguna razón para seguir.... María Eugenia (31 años, profesora de literatura).

 

¿Qué hacer cuando él te deja, cuando él se ha ido?

 

“Una mujer casada o en pareja –afirman las psicólogas Silvia Azpillaga y Paulina Delmonte, directoras de Temas de la Mujer– responde a un modelo social y cultural con reglas claras que la hacen sentir segura. Con la separación se rompe este marco conocido y protector, y aflora la angustia de moverse en un mundo diferente del que se desconocen las reglas. El gran desafío en este momento es armar un nuevo modelo con el cual reconocerse”.

Traicionadas, estafadas, menoscabadas, engañadas, disminuidas. De todas estas formas y de muchas más nos sentimos en esta primera etapa en la que el asombro y el dolor no dejan mucho espacio para la reflexión. En síntesis nos vemos como víctimas con mayúscula. Silvia Sartori es abogada, psicóloga social, educadora sexual y coordina hace 8 años un taller de autoayuda en el Hospital Pirovano para hombres y mujeres que estén atravesando por una separación: Primeros pasos del divorcio. “Cuando la gente llega acá –cuenta– son todos víctimas. Sus primeras palabras siempre son me mintió, me engañó. La mayoría está sorprendida por el abandono y aseguran que hasta ese momento había estado todo bien en la pareja. Cuando empezás a indagar un poco te das cuenta de que eso no era así y que se mienten a sí mismos”. El objetivo del taller es que la persona pase de “víctima” a responsable de la situación. Preguntarse qué nos pasó a nosotros para que no hayamos escuchado al otro o no hayamos interpretado sus señales. Porque el quiebre de una pareja no se da de un día para el otro, sino que es un proceso paulatino y siempre de a dos.

Un dato fundamental que suele aparecer en este período y que se termina de llevar la poca autoestima que nos quedaba en pie es que el hombre casi nunca se va solo. Silvia Sartori asegura que las que deciden una separación siempre son las mujeres: o las legítimas o las amantes que presionan para que él deje a su esposa. Así que el hombre suele irse de la mano de otra mujer, frecuentemente más joven, mientras que ellas se quedan solas.

“Lo que más me dolió en el momento de la separación era que hubiera otra –recuerda Clara, de 37 años y separada hace dos–. No sólo me tenía que bancar que me hubiera dejado de querer sino que encima debía aceptar que había otra mujer que era capaz de movilizar en mi marido todo aquello que yo hacía rato no podía. Me parecía que él lo tenía todo y que yo no tenía nada. Con el tiempo, ellos también se separaron y me di cuenta de que si él salía con alguien o no era una anécdota, lo más importante era que nuestro matrimonio había fracasado”. Los psicólogos llaman a estas parejas “de transición” y las definen como “empujones” que necesitan a veces las personas para salir de situaciones que no las hacen felices.

La hora del duelo

“A las mujeres desde chicas nos enseñan a amar. Lo que nadie te enseña es a dejar de amar, a bancarte el desamor”, reflexiona Silvia Sartori. Este camino que hay que desandar para poder empezar uno nuevo es el duelo por la pérdida de la pareja que suele durar en promedio un año, cuya primera mitad es crítica y puede paralizar a la persona. Es que un divorcio no es un pic–nic. Por algo la fugaz moda de las fiestas de separación duró lo que un suspiro: no hay demasiados motivos para festejar. Pasado el primer momento, después de cortarse el pelo y aparcar las cacerolas, una se queda sola con toda la bronca y la frustración de lo que no pudo ser, preguntándose ¿qué hice yo para merecer esto? Mientras tanto los hijos, el trabajo, las tareas domésticas y toda la vida en general sigue por sus carriles y una se tiene que poner a la altura de las circunstancias y hacerse cargo de todo.

Las licenciadas Azpillaga y Delmonte aseguran que la clave del éxito de esta segunda etapa es ser capaces de atravesar el dolor que provoca la pérdida de un proyecto: “Si uno es capaz de enfrentarse con el dolor, con su historia y puede elaborar correctamente el duelo por la separación, se produce en la persona un lugar vacante que se puede llenar con nuevos proyectos y nuevas relaciones. De lo contrario, si uno pretende tapar todo lo que le pasa y no quiere aceptar su responsabilidad en el fracaso de la pareja, evita el duelo y lo que queda es un lugar vacío que no se puede volver a ocupar. Es como un duelo permanente”.

La forma de manejar la bronca que provoca la pérdida del amor varía de acuerdo a cada mujer. Algunas la ponen en tratar de destruir al ex escamoteándole a los hijos o utilizando el tema económico, otras intentan vengarse y de paso levantarse la autoestima saliendo con cuanto tipo se les cruza, en muchos casos la bronca no tiene por dónde salir y termina volviéndose contra la mujer que empieza a tener comportamientos autodestructivos. La doctora Sartori observa que las mujeres que tienen su trabajo u otros intereses fuera del hogar tienen una ventaja con respecto a aquellas que dependían por completo del marido.

“La mujer que trabaja –explica– está más segura, tiene menos miedo. Aunque haya dependido afectivamente del esposo, al estar acostumbrada a tener independencia económica, pone la energía en el trabajo, tiene muchas más relaciones sociales y le es más fácil encontrarse con otras mujeres en la misma situación con quien compartir sus penas. También tiene más posibilidades de conocer hombres. Trabaja más la bronca y tiene más defensas. En cambio, la mujer que está encerrada en su casa con los chicos, transforma la bronca en tristeza y muchas veces entra en un estado depresivo”.

Es el caso de Laura, quien tras 17 años de casada, hace 8 meses que está tratando de aprender a vivir de otra manera luego que su marido le anunciara su decisión de separarse: “El era mi centro y yo giraba en torno a él, su trabajo, su familia y amigos. De golpe me vi excluida de todo aquello que hasta ese momento consideraba también mi propia vida. Ahora estoy buscando cómo bancarme, porque aunque soy profesora de inglés, ejercía muy poco. Me resulta difícil comprometerme con el trabajo, con mi vida... No estoy acostumbrada”.

A las mujeres desde chicas nos enseñan a amar. Pero nadie nos enseña a dejar de hacerlo y a bancarnos el desamor”. Licenciada Sartori.

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