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Sin granos

El acné es más común en la adolescencia, pero no siempre desaparece cuando se llega a la adultez. El estrés y las alteraciones hormonales traen de vuelta espinillas a la cara y la espalda, especialmente. Urgen, entonces, una higiene acuciosa y un tratamiento oportuno.

La Modernidad ha prolongado en el tiempo una enfermedad que es común en la adolescencia. Estrés, alteraciones hormonales y neurológicas y uso de cosméticos comedogénicos, entre otros factores, consiguen que rostros de más de 30 años se salpiquen con espinillas y puntos negros, en el mejor de los casos, o con un severo acné, en el peor.

Los cuidados específicos asociados a una higiene constante son las mejores armas para ayudar a prevenir la proliferación de bacterias y, por tanto, de infecciones. La mejor manera de eliminar un granito es evitando su aparición y es por eso que ante los primeros síntomas de exceso de grasa en la piel hay que poner en marcha un plan de ataque directo. Las fórmulas actuales consiguen resultados de gran eficacia, pero hay que aplicarlas con una disciplina diaria. Es muy importante dedicarse a fondo con la limpieza y apartar las manos de la cara para evitar que un grano se convierta en una epidemia.

Los comedones típicos del acné se forman porque el poro queda taponado por el sebo y se oxida al contacto con el aire (punto negro o espinilla). Después de este enrarecimiento de la grasa en presencia de las bacterias se inicia un proceso infeccioso localizado que cursa con inflamación (ardor), dolor y picor.

El acné es una afección cutánea que puede iniciarse a cualquier edad, aunque generalmente aparece durante la pubertad como consecuencia de los cambios hormonales. El 85% de los jóvenes tiene problemas de acné en la adolescencia, precisamente un momento en que el aspecto personal es sicológicamente muy importante.

Sin embargo, es cada vez más frecuente que se presente en mujeres de hasta 40 años, con grados variables de severidad. Cierto número de mujeres sólo sufre algunos puntos negros o blancos, lo que los dermatólogos llaman comedones abiertos y cerrados, mientras que en otros casos se observa la presencia de granos con pus (pústulas) o quistes.

Se piensa que estrés y desórdenes biológicos causan este acné tardío, pero en cualquiera de ambos casos es urgente una acuciosa higiene. Irse a dormir sin haberse limpiado la cara, entonces, es una práctica que debe erradicarse.

Si se lava cuidadosamente y a diario, la grasa no se acumulará en su piel. Si vacía las espinillas (lo ideal es que lo haga una esteticista o un médico), evitará el desarrollo de los microbios y el acné no avanzará. Debe utilizar productos específicos de manera que el cutis no se reseque y no surja un efecto rebote en las glándulas sebáceas. Por lo menos dos veces a la semana, además, con su limpiador habitual y una brocha suave, realice un lavado minucioso, preferentemente en la noche.

Enjuague y seque sin frotar, sólo presionando con la toalla. Aplique luego un tónico desinfectante y una crema curativa.

Si descubre que su piel se ha vuelto grasa y que este proceso se acompaña, además, de crecimiento exagerado de vello, hirsutismo o pérdida de pelo en el cuero cabelludo, lo recomendable es concurrir a la consulta del dermatólogo.

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