– Si rompiste una bombilla y los cristales se esparcieron por el suelo, el mejor sistema de recogerlos todos sin dejarte uno es hacerlo por medio de un gran pedazo de algodón hidrófilo mojado en agua.
– El mejor procedimiento para limpiar las bombillas esmeriladas consiste en frotarlas con media cebolla y pasarles después un paño húmedo.
– Lava las bombillas con amoníaco, no con agua.
– Si frotas la bombilla de una habitación con tu perfume preferido, cuando la enciendas el calor expandirá su olor.
– Si vas a cambiar una bombilla fundida, envuélvela en una bolsa de papel. Si estallara, la bolsa te protegería.
– No apagues la bombilla si vas a volverla a encender antes de 10 minutos. Te durarán más.
– No toques con los dedos una bombilla halógena; manipúlala por medio de un trapo o ponte unos guantes.
– Limpia de cuando en cuando las bombillas con un paño embebido en alcohol de quemar. No se te ocurra hacerlo en caliente.
– La bombilla tradicional emplea sólo un 5% de la energía que consume en iluminar; el 95% restante se va en producir calor.
Las bombillas de bajo consumo, a igualdad de intensidad lumínica, reducen esta proporción de forma muy notable, es decir, desperdician un mínimo de energía en calor.
Y mientras que la bombilla tradicional tiene una duración aproximada de mil horas, la de bajo consumo dura entre cuatro y ocho veces más.
De todos modos, conviene no olvidar tampoco que sólo deben emplearse allí donde su funcionamiento continuado no sea inferior a las dos horas como mínimo, pues el apagado y encendido frecuente reduce considerablemente su duración.