Amor, para mí, gran expresión que hace referencia a algo muy sutil y profundo pero que, a veces, reducimos cuando solo pensamos en una relación de pareja.

Solemos identificar la palabra amor con relaciones de pareja a pesar de que, en un gran porcentaje, no siempre es oro todo lo que reluce y, por ello, no siempre es el amor quien luce por la necesidad humana de satisfacer lo que cree que no tiene. Es más bien el egoísmo, el protagonista engañoso que sabe muy bien darle infinidad de formas a algo que pretende ser pero que, en verdad, no es. Y no crean que digo esto porque yo  haya conseguido el logro de amar incondicionalmente aunque, en cierto modo, sí puedo sentirlo cómo la sutilidad infinita e invisible que está ahí latente detrás de todas mis observaciones y que florece cuando me permito estar presente y dejar que todo sea. Puedo observarlo, pero no diré que sé lo que es el “amor”, no lo necesito pero si diré que si sé lo que, creo, es su contrario.

Como ya he dicho, cuando escuchamos la palabra amor, la mayoría de las personas estamos pensando en una relación de pareja. Es casi inevitable, se nos viene a la mente un hombre y una mujer, pudiendo ser nosotros mismos uno de los protagonistas y se nos escapa todo lo demás como si no fuera importante.

Pero, para mí, al ir descubriendo lo que “no es amor” puedo vislumbrar, en cierto modo, lo que sí es y que ya he comentado antes. Creo que no podría ser en sí el extremo de las emociones pero sí lo que permite que éstas existan. No podría ser algo condicionado y etiquetado pero sí lo que permitió que eso existiera. No podría ser la cualidad de eufórico pero sí lo que lo sostiene en silencio.

Entonces, quizás, tendría que ser algo más sutil y silencioso, casi imperceptible a pesar de ser evidente en toda su creación. Podría ser, por ejemplo, el simple hecho de estar escuchando a alguien con la única intención de “ser” y “estar”. Observar cómo alguien, gracias a tu presencia empieza a relajarse, sentirse atendida, mejorar su ánimo hasta tal punto que, se puede sentir cómo algo cambia, el ambiente cambia. La energía que rodea a la situación se hace liviana comprendiendo que, si se toma una actitud sin juicio y llena de aceptación por el puro gusto de dejar o permitir que, simplemente, sea dejando el miedo a “…” (resistirse), de lado… ¿Qué creen que es eso?

amor-libre

Mirar una flor y no pensar, de pronto, que queremos arrancarla para poseerla… ¡qué bella! (pensamos) y el poseerla nos hace sentir bien aunque no nos sirva de nada. Dejarla estar, lucir, brillar y ser ella misma adornando y aportando su luz en el lugar que le corresponde ¿qué creen que es eso?

Mirar sin intervenir (cuando no es necesario), observar sin juzgar, permitir ser sin querer controlar ni dominar…, simplemente, respetar ¿qué creen que es eso?

Cuantas veces nos resistimos a escuchar porque tenemos miedo de lo que nos puedan decir y, quizás, nos sintamos ofendidos. Huimos de tener que escuchar algo que no nos interesa y, para nada, estamos dispuestos a estar ahí presentes nos vaya a desestabilizar…  Somos como muros luchando por no ser derribados a pesar de que se dice… “fluye”… hay que dejarse llevar y no resistirse ¿Qué creen que es eso?

Quizás estemos muy cansados de haber “soportado” escuchar obligatoriamente sin que se nos permita discernir, opinar y, mucho menos, ¡elegir! Muchos humanos se convirtieron en un formato de comunicación y relación e interacción medio loco, egoísta, castigador, ambicioso, manipulador… para qué seguir…

Las creencias dominan nuestra existencia y mantienen nuestro cuerpo y estructura, o esquema de vida, atrapado y limitado como lo está el pájaro en una jaula. Pero claro, una vez criado así ¿cómo va a sobrevivir en libertad? ¿Cómo vamos a sobrevivir nosotros libres sin esas creencias y limitaciones? Tenemos miedo a ser LIBRES porque no confiamos pero ¿acaso no es esa libertad una verdad del amor?

Nos resistimos y seguimos al miedo impidiendo que el amor ilumine nuestra vida y que sus rayos se filtren en nuestras experiencias así como lo hace el sol cada día sin juzgar quien se merece o no su luz.

El miedo es fe en el sufrimiento y el amor se mueve con la fe en el gozo, la dicha y la felicidad.

 

Se siente como un regalo poder observar en ti la posibilidad de:

 

Estar ahí, detrás del telón, listo para atender aunque no te esperen ni te busquen…

Ver silenciosamente…, listo para ofrecer aunque no te vean...

Sentir, reconociendo lo que observas, aunque a ti no te sientan…

Mirar en silencio, listo para entregar, aunque no lo perciban ni lo aprecien…

Goza, ama y “Sé tú”…

Autor

María De La Paz Morgado Morillo
http://sanar-cambiando-paradigmas.webnode.es/
http://maripazmorgado.weebly.com/

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