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Unas manos perfectas

Las manos cumplen infinidad de tareas cotidianas, están expuestas a muchas agresiones del ambiente y su piel, sobre todo la de sus palmas, es una de las más sensibles del cuerpo, por lo cual tenemos que cuidarlas y protegerlas adecuadamente, para que siempre luzcan suaves, jóvenes y atractivas.

Si quieres lucir unas manos perfectas, sigue estos consejos:

Aprovecha el momento en que te aplicas tu crema de manos para masajearlas desde la punta de los dedos hasta la muñeca, realizando suavemente movimientos circulares.

Si realizas alguna tarea que pueda dañar tus manos, protégelas adecuadamente.

Lávate sobre todo con agua fría, y sécalas bien, así evitarás que le salgan grietas. Evita utilizar el agua muy caliente porque el calor deshidrata la piel, y prueba el jabón de glicerina, que es menos irritante que otros productos, o alguno que incorpore sustancias protectoras como el aloe.

La exposición a los rayos solares es uno de los principales responsables del envejecimiento prematuro de la piel, y también afecta a las manos: ¡protégelas con filtros solares, igual que haces con el resto del cuerpo!

Para evitar posibles problemas circulatorios e hinchazones, eleva las manos de vez en cuando realizando también, movimientos circulares.

Al menos una vez cada siete días, procura cortarte las uñas con limpieza; límalas en un sólo sentido para no astillarlas y separa un poco las cutículas con mucha suavidad.

Para que tus manos mantengan su agilidad y elegancia al moverse, puedes ejercitarlas manipulando dos pelotitas de goma o cualquier otro objeto sin forzarlas.

Las manos necesitan una aplicación diaria de crema hidratante, de igual forma que el rostro. Aplícalo dedo por dedo, sin olvidar los espacios interdigitales y las uñas.

Al adquirir una crema de manos debes fijarte en que contenga una mezcla de un compuesto graso con agua destilada o termal. Pide asesoramiento a tu dermatólogo o farmacéutico.

Los lavados frecuentes bajo el agua del grifo y el contacto reiterado con detergentes, lavavajillas y otras sustancias químicas hacen que las manos se tornen más ásperas y que se agrieten, sobre todo en la zona de los nudillos.

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