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Encuentra el amor en un taxi

 

Si uno busca minuciosamente puede encontrar cualquier cosa en Nueva York, incluyendo lo más importante: el amor.

 

Así, para los que andan en pos de una pareja y están agotados de recorrer bares, hartos de los anuncios personales y cansados de escudriñar la Internet, hay otro lugar para encontrar esa cita perfecta: el asiento trasero de un taxi.

Específicamente, el de Ahmed Ibrahim, conductor del taxi de esta historia.

El inmigrante egipcio de 50 años organiza citas a ciegas para sus pasajeros solteros por medio de un servicio casamentero improvisado y gratuito que opera desde su taxi. Dice que encuentra parejas, o cuando menos les organiza una cita, a unas ocho personas por semana.

“Nueva York es una ciudad muy difícil para las citas amorosas”, reflexionaba Ibrahim mientras conducía recientemente por el West Village. “En este taxi he escuchado mucho llanto y muchos pleitos, y he visto muchos corazones rotos”.

“Hubo ocasiones en que personas excelentes no se encontraron por cuestión de minutos; una entraba a mi taxi justo después que otra se había bajado de él”, dijo.

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Lo curioso es que su sistema funciona.

Pregúntele a Natalie Dillon. El pasado abril se subió al taxi de Ibrahim acompañada de algunas amigas para ir a una fiesta. Cuando empezaron a comentar sobre lo difícil que era encontrar a un tipo decente, Ibrahim metió su cuchara a través del vidrio antibalas: “Hey, señoritas, yo formo parejas”.

“Cuando dijo eso realmente captó nuestra atención”, afirmó Dillon. “En un principio me sentía un poco escéptica, pero luego pensé: Oh, esto es Nueva York, al diablo con los prejuicios. Me imaginé que él debía ver a diario a muchísima gente”.

Así que Dillon (estudiante de posgrado de ciencias de la comunicación y soltera de 33 años) le describió lo que ella buscaba en un hombre, y le dio a Ibrahim el número de su teléfono celular. Unas seis semanas después él la llamó y le dijo: “Natalie, tengo un tipo para ti”.

“No podía creerlo”, dijo ella.

Pronto intercambió varias llamadas telefónicas con Martin Karamon, un abogado de 34 años. Luego de unas semanas se citaron para conocerse, y seis meses después los tortolitos siguen juntos.

“Es muy surrealista, pero así ocurrió”, dijo Dillon.

Desde tiempo inmemorial los neoyorquinos cuentan sus confidencias amorosas a los taxistas, pero durante sus 21 años recorriendo las calles Ibrahim ha forjado relaciones más profundas con muchos de sus pasajeros. En la temporada de diciembre decora su taxi con luces y adornos navideños. Con frecuencia envía tarjetas de cumpleaños a personas que ha transportado con las que ha trabado amistad, e incluso reparte rosas el Día de San Valentín.

Interpretar el papel de Celestina con una licencia de taxista es algo que le cae naturalmente, aunque dio con el papel por accidente.

 

“Estaba bromeando con esta chica… que dijo que no podía encontrar novio”, recuerda. Ibrahim anotó su número de teléfono.

Tres días después un hombre se subió a su taxi y se lamentó de la mala suerte que tenía para encontrar una mujer. Ibrahim telefoneó a la chica y le dio el número de su pasajero. Tres semanas después ella llamó al taxista y le dijo que se habían citado y se estaban entendiendo muy bien.

“Pensé: Oh Dios, este es mi nuevo proyecto”, dijo.

Por lo tanto, comenzó a ejercerlo con entusiasmo, intentando conseguirles pareja a médicos, abogados y estudiantes.

Desde entonces ha aparecido en varios canales de noticias (Fox, ABC, Wall Street Journal). Incluso tiene un agente que ofrece su historia a productores de Hollywood.

Ibrahim no cobra por sus servicios; lo hace por diversión, dijo. Pero no ofrece su ayuda a cualquiera que suba a su taxi.

En primer lugar, deben estar buscando seriamente casarse. Los hombres de entre 20 y 25 años normalmente son descartados por ser demasiado jóvenes y fiesteros. Los ya mayores que “buscan a Britney Spears” son tachados de la lista simplemente porque le disgustan. Y los candidatos deben tener un empleo remunerado: nadie que pretenda ser mantenido está invitado.

Por mucho que se esfuerce, su trabajo lidia con algo tan complejo como el amor y el atractivo entre las personas, por lo que no todas las parejas que ha concertado han tenido éxito.

El tipo que conocí era una persona muy agradable, pero simplemente no era para mí”, dijo Dana Rosen, de 26 años, sobre una cita que Ibrahim le organizó. “Pero soy muy exigente y es difícil conocer a alguien de inmediato”.

Sin embargo, está dispuesta a permitir que Ibrahim le prepare otro encuentro.

“Confío en Ahmed porque sabe lo que quiero y está al tanto de que soy exigente”, dijo. “Además, siempre estoy dispuesta a algo diferente”.

Ibrahim dijo que seguirá trabajando en organizarles citas a ciegas a sus pasajeros el tiempo que sea necesario hasta encontrarles la pareja perfecta.

“Espero poder formar algunos matrimonios”, dijo. “Soy un tipo chapado a la antigua”.

¿Y qué tal uno para él?

“El matrimonio no es para mí”, declaró el divorciado feliz. Pero tiene novia… y la conoció en su taxi.

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