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La percepeción inocente

V. Más allá de la percepción

 

1. He dicho que las capacidades que ahora posees no son sino sombras de tu verdadera fortaleza, y que la percepción, que es intrínsecamente enjuiciadora, comenzó sólo después de la separación. Desde entonces nadie ha estado seguro de nada. He dejado claro asimismo que la resurrección fue el medio para regresar al conocimiento, lo cual se logró mediante la unión de mi voluntad con la de mi Padre. Es oportuno ahora establecer una distinción que ha de clarificar algunos de los postulados que se presentarán más adelante.

2. Desde que se produjo la separación ha habido una gran confusión entre las palabras “crear” y “fabricar”. Cuando fabricas algo, lo haces como resultado de una sensación específica de carencia o de necesidad. Nada que se haya hecho con un propósito específico tiene la capacidad de poder generalizarse. Cuando haces algo para remediar lo que percibes como una insuficiencia, estás afirmando tácitamente que crees en la separación. El ego ha inventado un gran número de sistemas de pensamiento ingeniosos con ese propósito. Mas ninguno de ellos es creativo. La inventiva, aun en su manifestación más ingeniosa, es un esfuerzo en vano. Su naturaleza sumamente específica apenas se compara con la creatividad abstracta de las creaciones de Dios.

¿Qué le ocurre a la percepción en ausencia de juicios, o de nada que no sea perfecta igualdad? Percibir se vuelve imposible.

3. El conocimiento, como ya hemos observado, no conduce a la acción. Tu confusión entre tu verdadera creación y lo que has hecho de ti mismo es tan grande que se te ha hecho literalmente imposible saber nada. El conocimiento es siempre estable, y es evidente que tú no lo eres. Aun así, eres perfectamente estable tal como Dios te creó. En ese sentido, cuando tu comportamiento es inestable, estás en desacuerdo con la Idea que Dios tiene acerca de tu creación. Puedes hacer esto si así lo eliges, mas no querrías hacerlo si estuvieses en tu mente recta.

4. La pregunta fundamental que continuamente te haces no puedes propiamente dirigírtela a ti mismo. Continúas preguntándote qué es lo que eres, lo cual implica no sólo que sabes la respuesta, sino que es a ti a quien le corresponde proveerla. No obstante, es imposible que puedas percibirte a ti mismo correctamente. No tienes una imagen que puedas percibir. La palabra “imagen” está siempre vinculada a la percepción y no forma parte del conocimiento. Las imágenes son simbólicas y representan algo diferente de ellas mismas. La idea de “cambiar tu imagen” reconoce el poder de la percepción, pero implica también que no hay nada estable en ti que se pueda conocer.

5. El conocimiento no está sujeto a interpretaciones. Puedes tratar de “interpretar” el significado de algo, pero en eso siempre existe la posibilidad de equivocarse porque se refiere a la percepción que se tiene del significado. Tales incongruencias son el resultado de tus intentos de considerarte a ti mismo separado y no-separado al mismo tiempo. Es imposible incurrir en una confusión tan fundamental sin aumentar aún más tu confusión general. Tu mente podrá haber llegado a ser muy ingeniosa, pero como siempre ocurre cuando el método y el contenido están en desacuerdo, la usas en un fútil intento de escaparte de un callejón sin salida. La ingeniosidad no tiene nada que ver con el conocimiento, pues el conocimiento no requiere ingeniosidad. El pensamiento ingenioso no es la verdad que te hará libre, pero te librarás de la necesidad de usarlo una vez que estés dispuesto a prescindir de él.

6. La oración es una forma de pedir algo. Es el vehículo de los milagros. Mas la única oración que tiene sentido es la del perdón porque los que han sido perdonados lo tienen todo. Una vez que se ha aceptado el perdón, la oración, en su sentido usual, deja de tener sentido. La oración del perdón no es más que una petición para que puedas reconocer lo que ya posees. Cuando elegiste la percepción en vez del conocimiento, te colocaste en una posición en la que sólo percibiendo milagrosamente podías parecerte a tu Padre. Has perdido el conocimiento de que tú mismo eres un milagro de Dios. La creación es tu Fuente y es también la única función que verdaderamente tienes.

7. La afirmación “Dios creó al hombre a imagen y semejanza propia” necesita ser reinterpretada. “Imagen” puede entenderse como “pensamiento” y “semejanza” como “de una calidad semejante.” Dios efectivamente creó al espíritu en Su Propio Pensamiento y de una calidad semejante a la Suya Propia. No hay nada más. La percepción, por otra parte, no puede tener lugar sin la creencia en “más” y en “menos”. La percepción entraña selectividad a todo nivel. Es un proceso continuo de aceptación y rechazo, de organización y reorganización, de substitución y cambio. Evaluar es un aspecto esencial de la percepción, ya que para poder seleccionar es necesario juzgar.

8. ¿Qué le ocurre a la percepción en ausencia de juicios, o de nada que no sea perfecta igualdad? Percibir se vuelve imposible. La verdad sólo se puede conocer. Toda ella es igualmente verdadera y conocer cualquier parte de ella es conocerla en su totalidad. Únicamente la percepción entraña una conciencia parcial. El conocimiento transciende las leyes que gobiernan la percepción porque un conocimiento parcial es imposible. El conocimiento es uno y no tiene partes separadas. Tú que eres realmente uno con él, sólo necesitas conocerte a ti mismo para que tu conocimiento sea total. Conocer el milagro de Dios es conocerlo a Él.

9. El perdón es lo que sana la percepción de la separación. Es necesario que percibas correctamente a tu hermano debido a que las mentes han elegido considerarse a sí mismas como entidades separadas. El espíritu tiene absoluto conocimiento de Dios. En eso radica su poder milagroso. El hecho de que cada uno de nosotros disponga de ese poder en su totalidad es una condición enteramente ajena al pensar del mundo. El mundo cree que si alguien lo tiene todo, no queda nada para los demás. Mas los milagros de Dios son tan totales como Sus Pensamientos porque son Sus Pensamientos.

10. Mientras continúe habiendo percepción, la oración será necesaria. Puesto que la percepción se basa en la escasez, los que perciben no han aceptado totalmente la Expiación ni se han entregado a la verdad. La percepción se basa en un estado de separación, así que todo aquel que de alguna manera percibe, tiene necesidad de curación. El estado natural de los que gozan de conocimiento es la comunión, no la oración. Dios y Su milagro son inseparables. ¡Cuán bellos son en verdad los Pensamientos de Dios que viven en Su Luz! Tu valía está más allá de la percepción porque está más allá de toda duda. No te percibas a ti mismo bajo ninguna otra luz. Conócete en la única Luz en la que el milagro que eres se alza en perfecta claridad.

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