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El niño en su interacción con el mundo no es un ser pasivo. En su relación con los padres, éstos no son los únicos que emiten estímulos, el niño también los emite. Éstos estímulos se pueden considerar como medios de señalización para garantizar la cercanía de las personas que le cuidan y dar lugar a la interacción social.

El niño pequeño utiliza cantidad de recursos para atraer la atención de los demás e iniciar una interacción social, grita, tiran de la ropa, dan golpes… El llanto y la sonrisa del bebé son recursos especialmente poderosos a la hora de influir en las personas que le rodean.

El llanto

Pese a que se le ha prestado menos atención que a la sonrisa, el llanto está presente desde el primer momento de nacer. La función del llanto es provocar la aproximación de las personas. La palabra llanto es algo genérica puesto que engloba una serie de señales diferentes unas de otras. En un estudio realizado por Wolff, diferenció tres modelos:

  1. Un modelo básico, relacionado con factores tales como el hambre y se caracteriza por empezar arrítmicamente y crece en fuerza y ritmo.
  2. El llanto encolerizado, pese a tener la misma secuencia temporal que el anterior (llanto, descanso, inspiración y descanso), se diferencia de él por tener distinta duración.
  3. El llanto de dolor, comienza de forma repentina, es fuerte desde el principio y consiste en un gemido largo seguido de un largo silencio y de una serie de jadeos cortos después.

Bebés 0-2 años: El llanto y la sonrisa como sistemas de interacción social

La sonrisa

La sonrisa, a parte de aumentar el atractivo del niño, es el desencadenante de una interacción entre el bebé y la madre, puesto que provoca en ésta más respuestas afectivas.

La sonrisa es una respuesta social y está provocada por un estímulo, que en los dos primeros meses, según los estudios realizados, son los ojos. Hasta el punto de que la persona que quiera provocar la sonrisa si se tapa los dos ojos o uno, puede que ya no la provoque.

Al ir madurando, el niño va atendiendo a otros rasgos además de los ojos. A partir de los tres meses, no sólo se fija en los ojos sino que comienza a relacionar los distintos rasgos del rostro.

A medida que el niño crece la dependencia del estímulo disminuye hasta el punto de que sonríe más selectivamente, sin tener que hacerlo cada vez que se le presente el estímulo.

El llanto y la sonrisa muestran que el niño es capaz de iniciar una interacción social y ambas son señales para que se intervengan, y por lo general, las personas que cuidan de los bebés tienden a hacerlo.

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