MUJER: SEXUALIDAD FEMENINA EN EL SIGLO XXI

Fue Freud, el que en el pasado siglo XX empezara a tratar la sexualidad femenina de una manera abierta, comenzó este a hablar de placer sexual femenino, sin ser ligado necesariamente a la procreación. Se trató la sexualidad por primera vez como una actividad total del ser humano (corporal, emotiva e intelectual) que conduce al placer, pero también a la evolución y desarrollo de la persona, rompiendo de esta manera con la concepción que tradicionalmente se tenía sobre la sexualidad de las mujeres.

Los años sesenta resultaron una etapa totalmente revolucionaria en cuanto a la sexualidad femenina, en el mundo occidental; La aparición de los métodos anticonceptivos modernos, marcaron un antes y un después, se separo el sexo de la reproducción, un factor clave para que se dejaran de lado la consideraciones tales como la conservación de la virginidad hasta el matrimonio, o la práctica de la monogamia. Se trata de unos años en los que comienza un doble proceso en la conciencia colectiva femenina, procesos de resistencia y a la vez de redefinición de la sexualidad femenina, que continua su camino hoy en día.

El “Informe Hite. Estudio de la sexualidad femenina” (1976) constituye un legendario intento por sacar la sexualidad femenina del estado de anonimato en el que se encontraba, dando a entender que existen una serie de factores que atentan en contra la libertad y plena vivencia de ésta: demostró que existe una preeminencia de la sexualidad masculina como representación de lo que se considera sexo, algo que deja la sexualidad femenina de lado. Demostró también la desvalorización de la satisfacción sexual femenina en las prácticas sexuales, la identificación generalizada de la sexualidad femenina con las funciones reproductoras, la existencia de diversas disfunciones sexuales femeninas reducidas al ámbito de la medicina, y desvinculadas por completo a una ética del deseo que valore el derecho de la mujer al disfrute, etc.

 

 

El siglo XX ha visto como las mujeres han empezado a cambiar las tornas de su sexualidad, convirtiéndose en maestras de sus propias vidas y cuerpos. El pasado siglo fue testigo de una revolución en la vida privada, el derecho al divorcio, emancipación, integración en el mundo laboral, cambios en las relaciones domésticas, igualdad o camino hacia ésta en el núcleo familiar.
Sin embargo esta revolución no ha disminuido la fuerza de los movimientos feministas que siguen totalmente activos en la lucha por la liberación sexual de la mujer, y en contra de la violencia sexual. Han sido estos movimientos los que han denunciado comportamientos como el acoso sexual, la violación en el matrimonio, las prácticas “culturales” que suponen vejaciones para la mujer…

La ardua tarea que nos espera ahora es redefinir los roles de sexualidad femenina, la propia identidad y lo que implica ser mujer siguiendo un modelo femenino, y no en base al modelo masculino que nos ha guiado a lo largo de toda la historia.

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