Cuidados de la piel de los
pies
Los pies constituyen una de
las partes más importantes de nuestro
cuerpo. Aunque no son una estructura vital,
en nuestra vida cotidiana nos permiten trabajar,
relacionarnos, divertirnos o hacer deporte.
Si bien esta afirmación parece obvia,
con frecuencia los descuidamos y nos olvidamos
de vigilar su salud. De hecho, se considera
que casi el 85% de la población sufre
algún tipo de problema dermatológico
en los pies. Si no se presta la suficiente atención
a las molestias leves, éstas pueden acabar
extendiéndose provocando dolencias y
grandes incomodidades. Por ello es importante
cuidar la piel de los pies al igual como hacemos
con el resto de nuestro cuerpo.
Muchos de los problemas que
afectan a los pies son debidos a infecciones.
Estas infecciones se transmiten por contacto
directo de los pies con superficies contaminadas
por el paso de otra persona. Esta situación
no solamente ocurre en lugares públicos
como las piscinas, los gimnasios o los polideportivos,
sino que también en el ámbito
familiar, especialmente en el baño. Por
lo tanto, es crucial la precaución para
evitar el contagio y la eliminación inmediata
de la infección. Los pies de atleta son
tal vez el problema más común,
sobretodo en deportistas, de ahí su nombre.
Consiste en la aparición de grietas,
y descamación entre los dedos pequeños
de los pies acompañados frecuentemente
de picor. Se trata de una infección por
hongos que suele aparecer por caminar descalzos
en lugares públicos, aunque también
puede deberse a un exceso de sudoración.
Las verrugas son una infección de la
piel producida por un virus muy extendido en
el mundo: el “papiloma virus humano” y de muy
fácil contagio. También se transmite
por el contacto con superficies contaminadas.
Aunque las verrugas pueden desaparecer solas
al cabo de un tiempo, normalmente crecen y si
no se tratan de forma definitiva, van extendiéndose
pudiendo llegar a afectar toda la planta de
los pies u otras zonas del cuerpo. Se reconocen
fácilmente por que son manchas rugosas,
a veces de un color marrón, y con unos
“puntitos” negros en su superficie. Pueden ser
muy dolorosas y, casi siempre se confunden con
una callosidad. Es muy importante realizar lo
antes posible un tratamiento para evitar que
se extiendan.
El exceso de sudoración
puede provocar daño en la piel de los
pies y ser causa de irritación e infección.
Dicha situación se magnifica en el interior
de unos zapatos o calzado deportivo muy cerrados
o con poca aireación, que junto a una
disminución del cuidado de la piel, crean
las condiciones ideales para la proliferación
de las bacterias, lo que es una fuente segura
de molestias, sequedad o asperezas de la piel.
La descomposición del sudor por las bacterias,
además del clásico mal olor, provoca
picor y ardor. Para tener los pies sanos es
importante una correcta transpiración
y la prescripción de productos dermatológicos
específicos que disminuyan el exceso
de sudoración o que suplan la falta de
transpiración de la piel de los pies.
Otro problema muy habitual
en los pies son las durezas en la planta de
los pies, los callos (normalmente sobre los
dedos) y los ojos de gallo (entre los dedos).
La presión del peso del cuerpo al caminar,
la práctica de deportes o el uso de calcetines
de fibra y de un calzado indebido, que no se
adapta a las innumerables formas y medidas de
los pies, y a las diversas situaciones del andar,
producen en determinados puntos la aparición
de durezas dolorosas en la piel que puede desembocar
en una callosidad crónica. La aparición
de piel seca o áspera suele ser señal
de que los pies necesita cuidados. En estos
casos, son necesarias una descarga de la presión
y la fricción del calzado y la aplicación
de cremas específicas para la eliminación
a fondo, pero con delicadeza, de la piel dura
y áspera y de las callosidades, convirtiéndola
en piel fresca y elástica.
Si permanece de pie o camina
durante largos períodos de tiempo o somete
a sus pies esfuerzos especiales (deportistas),
es aconsejable prestarles una mayor atención.
Otros problemas menos frecuentes,
aunque tal vez más importantes y que
exigen un mayor control médico son los
eccemas y la psoriasis. En el caso de eccemas,
con frecuencia son de origen desconocido, pero
es preciso valorar la existencia de alergia
de contacto, por ejemplo al material del calzado,
a los tintes de los calcetines o a sustancias
que se apliquen sobre los pies. En estos casos
deben de realizarse pruebas de alergia (test
del parche). También pueden influir otros
factores, como son la piel seca o un exceso
de sudoración.
La psoriasis, que con frecuencia
afecta a los pies, es una enfermedad cuya causa
se desconoce. Se piensa que tiene un carácter
hereditario, pero lo que sí que se sabe
seguro, es que NO es contagiosa. Puede haber
otras zonas del cuerpo afectadas de psoriasis,
pero en algunos casos los pies son la única
zona donde se manifiesta la enfermedad. En este
supuesto el diagnóstico puede ser difícil.
Las uñas son también
una parte importante de los pies, que con elevada
frecuencia presentan problemas más o
menos molestos. La penetración de la
uña en el borde lateral cutáneo
(uña encarnada), es muy frecuente en
deportistas y es uno de los problemas que más
molestias produce. Se manifiesta por enrojecimiento,
dolor y formación de pus. Se debe al
uso de calzados apretados y al corte de las
uñas de forma semicircular en lugar de
una línea recta transversal. Es necesario
acudir al dermatólogo para su tratamiento
definitivo. Los hongos en las uñas también
son frecuentes, aunque no son dolorosos; solo
producen una alteración del color de
la uña. Su tratamiento es a base de antifúngicos.
No siempre una uña engrosada con alteración
de su color está infectada por hongos.
Con frecuencia el roce repetido del calzado,
incluso deportivo, es capaz de deformarlas dando
lugar a las denominadas uñas distróficas
que los deportistas conocen tan bien. Tipicamente
afectan de modo simétrico a las uñas
de los dedos “gordos” de los pies (los hongos
no entienden de simetría).
Recomendaciones para mantener
los pies sanos:
* LA HIGIENE ES FUNDAMENTAL.
Utilice jabones suaves y el agua no demasiado
caliente. Evite los baños de inmersión
prolongados: nunca más de 20 minutos.
* SEQUE BIEN LOS PIES, SOBRE TODO ENTRE LOS
DEDOS. Tras la ducha o el baño utilice
cremas hidratantes, para reponer el equilibrio
perdido por el agua.
* EVITE EL CONTACTO DIRECTO DE LOS PIES SOBRE
TODAS LAS SUPERFICIES POSIBLES. Esto le evitará
posibles contagios, por ejemplo de papilomas.
* USE UN CALZADO FLEXIBLE que se adapte de forma
correcta a las características de su
pie y a su forma de caminar.