Cuando nuestros hijos llegan a la adolescencia los padres comenzamos a temblar. Todo lo que habíamos creído poder hacer cuando llegara este momento, se desmorona cual castillo de arena. ¿Qué nos pasa? Nos angustiamos. No sabemos cómo lidiar con nuestro hijo. No sabemos qué hacer con los horarios, salidas, amistades, estudio, diversión, pareja, tecnología, etc, etc, etc.

Creemos que nuestro hijo “se nos ha puesto en contra”. Todo se nos va de las manos. Calma! Esto tiene salida!!!

Pensemos que la adolescencia es una etapa mas del ciclo vital, pero –quizá- la más conflictiva. Conflictiva tanto para los padres como para el propio adolescente.

También podemos pensar que la adolescencia, constituye para ambos una etapa de cambios, duelo. Para el adolescente, duelo por el propio cuerpo. Cuerpo de niño que se pierde y todo lo que se deja atrás; para los padres, duelo del hijo infante que ya no es.

En medio de todos estos duelos, surgen los conflictos entre ambas generaciones. El adolescente también se encuentra angustiado: deja de ser algo, “comienza a ser otra cosa”.

Se ponen en juego las expectativas que sus padres han depositado en él, la pertenencia y competencia con el grupo de pares. Muchas veces los adolescentes son traídos a consulta por problemas en la escuela, sea de conducta o de aprendizaje. Problemas de “socialización”, problemas con sus padres etc.

Y muchas veces, luego de algunas entrevistas se constata que el adolescente no requiere terapia, quizá sean sus padres (o uno de ellos) quien la necesite para poder transitar “pacíficamente” el camino de la adolescencia de su hijo.

No olvidemos que el sujeto a través de sus hijos reactualiza viejas vivencia o conflictos propios y la etapa de la adolescencia no escapa a eso.

Muchas veces el adolescente necesita ser escuchado y es lo que consigue en un análisis. Hay que ver el caso por caso. No siempre son los adolescentes y no siempre son los padres. Por eso, a no enfrentarnos con nuestros hijos en una pelea que termina siendo un callejón sin salida.

Mejor, tratemos de acompañarlos y estar a la par suya, sin dejar de tener en cuenta que somos sus padres y sin dejar de recordarles que cuentan con nuestra ayuda cuando lo necesiten. A no abdicar!! Lic: Valeria Pereira

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