Las vacaciones están programadas para cambiar de ambiente, para descansar y sentirnos mejor luego de una jornada dura de trabajo. Pero no es raro, que a veces, en vez de distender los nervios y calmar el espíritu, las vacaciones terminan por hacernos sentir irritados, deprimidos, con esa conformidad indefinible de quien sabe que le falta algo y no sabe qué.

 

Para planear unas vacaciones sin desengaños, hagamos un pequeño análisis de ciertos detalles que parecieran pequeños, pero que pueden estropearnos los cortos días de asueto.

playa

He aquí algunos de los puntos a precaver:

1. Selecciona tus compañeros de viaje:

Un "agua-fiestas" a nuestro lado puede arruinar unas vacaciones en un dos por tres. Puede ser una amiga/o, una compañera/o de estudios o una pareja que se pone de acuerdo para ir a la playa. Un consejo útil es poner "a prueba" a tus posibles acompañantes antes de hacerte ilusiones. Ya que quizá ese amigo/a  que nos parece agradable normalmente puede resultar insufrible si tenemos que compartir una habitación.

2. No organices tus vacaciones hasta el último minuto:

Probablemente si eres una persona metódica en tu trabajo, estás previamente condicionada a programar tus vacaciones con horario: "a las 8 tal cosa, a las 10 tal otra y a las 12 lo siguiente". De ser así, al volver de tus vacaciones sentirás una impresión de angustia inexplicable: su raíz está en que has ido psicológicamente de la disciplina oficinesca a la otra disciplina de la diversión a golpe de reloj. Peor aún cuando nos dejamos imponer esta disciplina por personas puntillosas que forman parte del grupo; esto si es grave porque nos crea una doble fricción que nos hace regresar de vacaciones con agotamiento total.

3. No quieras prolongar tus vacaciones en la vida diaria:

Algunas personas hacen economías durante once meses para tener un "mes glorioso", y resulta que los sacrificios que se hicieron no nos retribuye en gozo. Es preferible vivir mejor once meses y planear unas modestas vacaciones. De la misma manera, no es conveniente estirarlas emocionalmente más allá de la fecha. Hay quienes vuelven con una libreta llena de nombres, direcciones y teléfonos, dispuestas a cultivar las amistades de vacaciones; pero resulta que esas amigas(os) tienen círculos distintos en la ciudad, y no contestan a nuestros contactos. La actitud correcta es no esperar demasiado; y si alguna amistad se cimenta, la sorpresa será más agradable porque no se forzó la situación.

4. Observa todo con tus ojos, no con los de los demás:

Las vacaciones no funcionan cuando las tomamos pensando en lo que dirán nuestras amistades. Vamos a una tienda para poder contar lo que vimos allí; nos tostamos en el sol para que todos sepan que estuvimos en la playa; acudimos a un museo que no nos interesa, sólo por volver con el programa y deslumbrar diciendo lo que vimos. Al final, no hemos disfrutado nada intensamente, porque no hemos querido satisfacer nuestro interés sino nuestra vanidad.

vacaciones

5. No esperes un amor de verano:

Para muchas personas, el éxito de unas vacaciones consiste en si en ellas nació un romance. Por lo general, van tan preparadas a encontrar un amor que si no lo encuentran se lo inventan... y ahí es donde llegan las peores desilusiones.

6. No tomes vacaciones para huir de ti:

Puede ser que hayamos perdido un gran amor o que hayamos fracasado en una empresa importante y no queremos enfrentarnos con quienes saben que hemos fallado y pensamos en las vacaciones como una escapatoria. Si es así, no la vamos a pasar nada bien aunque nos hospedemos en el mejor hotel de París. En una de estas vacaciones para olvidar, lo más que podemos aspirar es a la tranquilidad y a la meditación, pero nunca a la diversión, porque nuestro espíritu no está predispuesto.

7. No vayas de un sitio a otro, sin ton ni son:

Si tenemos pocos días de vacaciones, es preferible concentrarlos en un solo lugar y tratar, ante todo, de conocer lo más posible sobre el sitio que hemos elegido. Es curioso encontrar que muchas personas van a un sitio sin tener la menor idea de su historia, sus costumbres o el modo de ser de sus habitantes.

Un último consejo:

Si cuando regreses de vacaciones alguien te dice que no estás tan tostado/a como para haber ido a la playa, sonríe. Si alguien te reprocha que te perdiste un museo sensacional, sonríe. Si alguien investiga que no encontraste amistades interesantes o un romance inolvidable, sonríe. Y esa sonrisa enigmática será el medio de decirte a ti mismo/a que has pasado unas vacaciones perfectas, haciendo todo a tu gusto, sin prisa ni angustia, y que te sientes tan fresco/a, tan descansado/a que vas a seguir divirtiéndote en tu vida cotidiana tanto como en esos días de vacaciones que han sido tuyos... y sólo tuyos.

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