A alguno o alguna la pregunta a la que se refiere el título de este post le habrá producido cierto desconcierto.

 

"¿Estrés? Los políticos me provocan ira, vergüenza, indignación... Algunos hay también que me provocan emociones positivas. ¿Pero estrés? ¿Cómo puede la política estresarte?"

 

Pues sí que puede, sí.

Para verlo, hemos de entender primero qué es el estrés:

Una respuesta inespecífica ante un estímulo que es percibido como amenazante porque desborda la capacidad de recursos del individuo, provocando en éste reacciones fisiológicas y/o psicológicas adversas.

Ese desequilibrio percibido entre mis propios recursos y el estímulo a afrontar, puede ser más o menos ajustado a la realidad. Puedo estresarme porque pienso que no me va a dar tiempo, y luego compruebo que tenía tiempo de sobra, así que tendré que aprender a gestionar mis pensamientos anticipatorios, o puedo estresarme debido a una carga excesiva de tareas, por lo que tendré que aprender a delegar y descartar.

Entre los estímulos que pueden ser estresantes, encontramos que muchos son de competencia individual, como por ejemplo un examen o un informe que he de presentar en el trabajo, otros son de competencia grupal, como por ejemplo las tareas domésticas en el ámbito familiar o la planificación del fin de semana en el ámbito de una pandilla de amigos. Pero otros, son de competencia comunitaria: las políticas.

Las políticas son los grupos de normas que facilitan la convivencia de los integrantes de una comunidad y permiten un desarrollo óptimo de la persona en este ámbito.

Y como vivimos ya suficientemente ocupados (y estresados) con las competencias individuales y grupales, ¿qué hemos hecho? Delegar. Lo cual está bien, ya que delegar es una medida anti-estrés: no puedo hacerlo todo, así que delego. El problema aparece cuando no acertamos con las personas a quienes estamos delegando competencias que, aunque no podemos asumir porque tenemos otras de las que debemos responsabilizarnos, son competencias muy importantes: la Sanidad, la Educación, el Empleo... En definitiva, la gestión de los recursos que son de todos.

Y cuando percibimos que esos recursos son desperdiciados por gentes que han hecho de nuestra delegación su ambición personal, aparece estrés: percibimos que no tenemos recursos suficientes para afrontar con eficacia los problemas que se dan en Sanidad, Educación, Empleo, etc. Una percepción que apoyan bastante los datos objetivos. El desequilibrio entre estímulo y afrontamiento se agrava más porque encima hemos de asumir que no podemos hacer más que votar cada 4 años, por lo que nuestro margen de maniobra ante estos problemas se reduce al pataleo.

Y patalear está bien. Así se desfoga ira y se libera tensiones derivadas del estrés. Pero no es suficiente. Por eso he aquí una serie de recomendaciones para que el estrés político no te amargue la vida:

  1. No sientas culpa. No vas a poder cambiar el mundo tú solo. Muchas personas haciendo pequeñas acciones en distintos sitios del planeta, son las que cambian el mundo. Comprométete con los asuntos sociales de tu comunidad, pero sólo dentro de tus capacidades.
  2. Desconecta. Estar informado es bueno. Pero hoy tenemos un exceso de sobreinformación política: los debates de la tele que se han puesto tan de moda, los clásicos telediarios, la prensa, la radio, las conversaciones en el bar...
  3. Acepta que el mundo a veces es injusto. Y eso incluye que estemos gobernados por ladrones, mentirosos y gente con muy pocos valores morales y menos sensibilidad humana.
  4. Reconoce que hay gente que no piensa como tú y que nunca lo hará. Entiende, aunque no compartas, sus puntos de vista, y si no puedes porque estás radicalmente en contra de sus posturas, no hables con ellos de ese tema. Se pierde mucha energía discutiendo con un tonto, te lo aseguro.
  5. Y por último, sobre todo, sobre todo, sobre todo, sobre todo: no delegues competencias tan importantes para todos en gente que lo ha hecho mal anteriormente. ¿Confiarías el cuidado de tu casa al vecino que casi te la quema el verano anterior? Delega, VOTA, con responsabilidad.

No lo hagas sólo por ti. Hazlo pensando en la comunidad, en nosotros. No nos estreses más, por favor.

 

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