Tras muchos años olvidados, los balnearios vuelven a estar de moda.

 

Sus programas de salud son ya considerados como fórmulas de apoyo para la mejora de enfermedades, especialmente crónicas. En España, nuestros mayores pueden optar a estos servicios a través de la Seguridad Social.

Aunque el uso del agua como medicamento natural sea un hábito que es tan antiguo como la humanidad y se halla presente en diversas culturas, la moda de los balnearios surge a partir de la mitad del siglo XIX.

Inicialmente se inicia como un recurso más social que terapéutico, pero las nuevas ideas científicas cambian este panorama. Estas teorías se apoyan sobre el estudio epidemiológico de la propagación de enfermedades infecciosas y los beneficios de “tomar las aguas”.

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Nuevas ofertas

En la actualidad, los establecimientos se han modernizado y ampliado su oferta. A los servicios termales se les han unido otros como el desarrollo de programas de rehabilitación o programas médicos de curación o prevención de enfermedades. Muchos de ellos están destinados a los mayores, ya que les ayuda a superar o mejorar sus condiciones físicas como problemas circulatorios o reumatismos.

En España, pese a ser un país con una gran cantidad y variedad de manantiales, todos ellos de una gran calidad, no se hace gran uso de estos servicios. En países como Alemania, once millones de personas usan estos servicios anualmente. La razón principal es que en dichos países y en otros como Francia o Portugal, la Seguridad Social corre con los gastos de las curas termales. En nuestro país, el termalismo social se comenzó a implantar en 1989 y es un servicio dirigido a los mayores de 65 años.

El agua, fuente de salud

Los actuales programas de salud en los balnearios se basan, principalmente, en una combinación de servicios. Muchos de ellos giran entorno al agua aunque otros están destinados más a medidas de rehabilitación y depuración del cuerpo. Tras un completo análisis clínico, un grupo de médicos y especialistas determina la terapia a seguir. En ella se incluye desde la alimentación hasta los ejercicios y programas de aguas que deben seguirse.

Hay una gran variedad de técnicas de administración de las aguas mineromedicinales: bebida, duchas, lodos, masajes, etc. Cada balneario utiliza unas u otras dependiendo del carácter del agua (sódicas, sulfuradas, ferruginosas, sulfatadas, bicarbonatadas, carbónicas, etc.) y de las instalaciones con que cuenta. Para lograr los beneficios deseados, las dolencias deben ser tratadas dos veces al año, en sesiones de 15 días. Sin embargo, hay casos como los tratamiento anti-estrés, que se pueden realizar durante un fin de semana.

 

Balnearios y Tercera Edad

El Inserso inició en 1989 un programa de termalismo social para facilitar a los pensionistas que lo necesiten, siempre por prescripción médica, la estancia en balnearios a precios reducidos. Unas 69.000 personas mayores se benefician anualmente de las propiedades curativas de las aguas termales, a unos precios que oscilan entre las 31.000 y las 65.000 pesetas aproximadamente, en función de la época y del tipo de balneario.

La estancia en los balnearios es de unos 15 días, e incluye alojamiento y pensión completa, así como los tratamientos termales básicos y una póliza de seguro. Para acceder al programa, el médico de cabecera acreditará la necesidad del tratamiento que se solicita.

La arteriosclerosis, las afecciones del aparato respiratorio, litiasis (cálculos) e infecciones urinarias, y nefropatías intersticiales, son, junto a las enfermedades del aparato locomotor, las dolencias que con más frecuencia llevan a nuestros mayores a visitar un balneario.

Las técnicas Spa

Como evolución de los balnearios, surgió el Spa, que es una técnica que ya está impuesta en la vida actual. El nombre de este tipo de terapias se remonta a principios del siglo XX, ya que en esta época se empezó a realizar unas nuevas técnicas de termalismo en un pequeño pueblo de Bélgica, llamado precisamente Spa. Este tipo de terapia retomó la idea básica que los griegos tenían sobre la salud generadora de belleza.

El requisito básico del Spa es recibir una serie de tratamientos en un lugar que tenga un clima de retiro propicio. Alejado de las grandes ciudades, pero no aislado. Con un microclima estimulante sobre el nivel del mar, tíbio de día y fresco durante la noche. La cercanía con la naturaleza es condición necesaria, ya que cumple una función psicológica en el tratamiento. A esto se le agrega un apartado de desarrollo de técnicas de apoyo (masajes, talasoterapia, baños, etc.) y otros medios terapéuticos y cosmetológicos.

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