Fallos de memoria a partir de los 65 años

 

A medida que la persona empieza a envejecer, la memoria cambia, pero la memoria es un sistema y no todas las partes de éste cambian por igual.

 

Así, se ha descubierto que no se deteriora la memoria sensorial (la que recoge los estímulos que nos llegan a través de los sentidos: visuales, auditivos,...), ni la memoria a corto plazo, ni la memoria a largo plazo. En esta última el conocimiento almacenado es estable y puede aumentar con la edad.

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Muchas veces las personas sanas de edad avanzada suelen quejarse porque tienen fallos en su memoria, y un % muy elevado se preocupa excesivamente por su capacidad para poder recordar: “No me acuerdo de algunos nombres, no recuerdo las caras, olvido los números de teléfono, no se dónde he puesto las cosas...” Esta misma angustia aumenta los fallos de memoria. Por eso, es mejor no agobiarse inútilmente y tener información de lo que sucede realmente.

La información está en la memoria a largo plazo queda retenida igual en cualquier edad, el problema viene al recuperarla. La que si sufre deterioro es la memoria de trabajo, la que permite hacer todas las operaciones cotidianas, que implican manipular y organizar distintas informaciones. Se vuelve menos eficiente.

A la hora de reconocer información, no hay diferencia con los jóvenes, pero sí cuando se exige recordar sin dar pistas. No obstante, esta memoria se puede mejorar, ¿cómo? Principalmente utilizando ayudas para recordar. Algunas son muy simples y fáciles de usar, como poner notas, hacerse una señal en la mano con bolígrafo, buscar asociaciones...

Matemáticas y memoria

Una de las funciones que pueden mantenerse al día es la memoria. No es sólo un problema de edad, también es una cuestión de uso. Para los expertos es necesario practicar con ella constantemente ya que la revitaliza e, incluso, incrementa su capacidad.

Entre las tareas o juegos que se pueden practicar se encuentran las pequeñas operaciones matemáticas. Recordar las tablas de multiplicar o realizar divisiones más o menos complejas de memoria, permiten vigorizar nuestro recuerdo y, al mismo tiempo, tener menos dependencia de las máquinas calculadoras. Se ha comprobado que, desde el uso generalizado de este tipo de artilugios, la capacidad media de cualquier persona para realizar multiplicaciones o divisiones no demasiado complejas ha disminuido.

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