Vivir por uno mismo

 

Todo el mundo necesita tener una vida propia, pero saber vivir por uno mismo cuándo se llega a cierta edad no resulta fácil. La dependencia de los hijos u otros familiares hace que los que superan los 50 vivan la vida que les marcan otros y no la suya propia.

Los elementos más dañinos para los que han superado la cincuentena son, precisamente, aquellos que desaparecen al cumplir cierta edad; trabajo y por lo tanto dinero, energía, salud, amigos, afectos, sentimientos y sentido del humor. Después de una vida plenamente activa y ocupada se pasa a tener gran cantidad de horas libres al día. Es aquí cuándo empieza el riesgo de la dependencia familiar.

Por ello, para afrontar esta etapa de la vida con nuevas expectativas es muy importante saber desmarcarse de esa dependencia familiar y vivir la vida por sí mismos.

Quedarse en casa viendo la televisión, preguntar a los hijos que van a hacer hoy, cuidar de los nietos, no son tareas suficientes. Tener más años no significa que no puedan vivir su propia vida, con nuevas ilusiones y expectativas.

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La labor de la familia

La familia cobra una especial importancia en estos momentos. La persona pasa de tener una actividad laboral y unas responsabilidades a tener la mayor parte del tiempo desocupado. En esas situaciones es muy común que se amolden a la vida que llevan sus familiares más directos, hijos, nietos, etc. Es ahí cuándo empieza la dependencia familiar. Erradicar esta situación está también en manos de la propia familia, animando a la persona a buscar nuevas metas e ilusiones que le hagan vivir esa nueva etapa por sí mismo.

Antes que nada se debe evaluar si existe riesgo de dependencia o no. Si se considera la posibilidad de que esto ocurra, es necesario informarse y consultar las vías alternativas que tienen. Nunca se debe asumir que esa es la vida que le ha tocado vivir. Para proporcionar esa ayuda, existen personas e instituciones relacionadas con el tema que pueden asesorar y orientar, tanto a la familia como al propio interesado.

Cómo segunda e importantísima medida, es necesario que, tanto la persona afectada, la familia, así como el resto de la sociedad reconozcan el valor de la persona y de las distintas etapas del desarrollo humano, siendo cada una de ellas una fase plena de la existencia humana.

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Los más mayores

Por otra parte, la salud y cuidados de las personas en edad avanzada suele recaer en la familia pero, es ésta quién debe animarle a cuidarse y responsabilizarse de su propia salud e higiene personal, tal como ha hecho siempre.

Además del cuidado físico, la familia debe facilitar una adecuada vida de relación, evitándole el aislamiento y la soledad. Esto supone una educación y orientación en las tareas que debe desempeñar por sí mismo, animándole a acudir a lugares donde pueda relacionarse con más personas.

Evitar la soledad

Siempre se ha dicho que es mala compañera para cualquier persona. Afecta a la salud, a la alimentación y por tanto, a la calidad de vida en general.

Se debe huir de la soledad, para ello existen centros destinados a ellos donde se producen fuertes relaciones sociales. Acudir a esos lugares ayuda a relacionarse con más personas de su edad y a despertar nuevos intereses e ilusiones.

Estas prácticas, generalmente, desembocan en la puesta en marcha en común de nuevas iniciativas que les ayudan a superar la soledad o la dependencia familiar:viajes; manualidades; charlas; nuevos retos culturales...

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