Elegir unas gafas de sol no debe ser únicamente una decisión estética.

La salud de los ojos exige un especial cuidado al adquirirlas. La selección de este complemento deberá hacerse teniendo en cuenta criterios de salud. No hay que olvidar que este astro puede ser tan beneficioso como dañino.

Los ojos son un órgano fundamental en el cuerpo humano. Ofrecen a la persona más del 80% de la información que recibe. Su delicadeza conlleva también una serie de problemas que, en muchas ocasiones, se pueden evitar eligiendo unas gafas de adecuadas.

Las gafas son una protección ocular para evitar los rayos solares dañinos. Su función principal es salvaguardar la salud de nuestros órganos visuales aunque se están convirtiendo hoy en día en un artículo de diseño.

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Tipos de lentes

Además de proteger de los rayos ultravioleta, la otra característica fundamental que deben poseer es que la lente no dañe al ojo. La lente puede ser de un tono más alto o más bajo. Su diferente tonalidad influye en la sensibilidad del ojo.

Los tonos bajos de lentes en cuanto a color dejan pasar más cantidad de luz y por eso son más claras. Con los tonos oscuros ocurre al contrario. Hay ojos muy sensibles (los más claros) que necesitan este tipo de lentes muy oscuras; el gris es el más opaco que hay. También es recomendable para personas que sufran cataratas y sean muy sensibles a la luz. Marrón y verde son los otros dos colores más utilizados.

Clasificación médica

Actualmente están de moda las lentes de color amarillo o rosa. Sepa que, por muy amarillo que sea el cristal, la cantidad de luz que pasa es mucho mayor.

Hay una escala médica de lentes. Estas se catalogan en cinco apartados que van del A al E. El A da como resultado un mínimo de oscuridad en la lente, y el E el máximo. El que más utilizado es el del tipo D.

Las imágenes con las gafas de sol se deben ver de forma óptima, sin deformaciones en cuanto a los colores, además de conseguir un contraste nítido para todo el campo visual.

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Lentes polarizadas y curvas

Las lentes polarizadas frenan el paso de ciertos rayos de luz. En el paso de ésta hay rayos perpendiculares a otros que hacen que se pierda calidad de visión. La lente polarizada hace ganar calidad de imágen y no dejan pasar los rayos que producen ciertos reflejos e incomodidad. En las gafas sin lentes polarizadas se notan más reflejos. Por ejemplo, la gente que trabaja en el mar utiliza este tipo de lentes pues el agua refleja esos rayos perpendiculares.

Dependiendo también del deporte que se practique se recomienda el uso de una lente u otra en cuanto a color, tono y polarización. Por ejemplo en la práctica del esquí son fundamentales las lentes polarizadas por toda la cantidad de luz que refleja la nieve.

Las lentes curvas protegen bien y cubren bastante al ojo pero no se pueden graduar. Las lentes con graduación son planas, y al curvarlas se deforman automáticamente. Es importante que la gafa esté pegada a la cara para que no deje pasar mucha cantidad de luz pero no hace falta que sea envolvente.

Siempre homologadas

Las gafas no homologadas pueden dejar pasar demasiados rayos ultravioleta y por ello son peligrosas. Además suelen ser demasiado oscuras, con lo que se pierden los contrastes de colores y empeora la calidad de visión.

La utilización de gafas de sol es recomendable a partir de los diez años. Antes de esa edad no es aconsejable utilizarlas porque el ojo se hace vago y se acostumbra a depender de ellas.

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