La mujer triunfadora.

 

Cada vez más, las mujeres saben aprovechar las oportunidades que les ofrecen diferentes profesiones y triunfan en sus carreras. ¿Qué es, en consecuencia, lo que sucede cuando una mujer tiene más éxito que su pareja y en qué forma afecta este éxito a la relación?

Tradicionalmente, la palabra éxito ha significado algo muy distinto cuando se refiere a hombres y mujeres. Hace unos años se consideraba que el hombre que tiene éxito es aquel que ha progresado en su carrera y ha sido capaz de proporcionar un hogar confortable y un buen nivel de vida a su esposa y a sus hijos. Por el contrario, para la mujer se pensaba que alcanzaba el éxito cuando era capaz de llevar su casa a las mil maravillas, afrontar las tareas domésticas, enfrentarse con los problemas planteados por la educación de sus hijos y, al mismo tiempo, de ayudar tanto social como emocionalmente a su marido. Pero ahora, estos estereotipos han cambiado radicalmente. Ha aparecido un nuevo tipo de mujer, que han alcanzado el éxito. Son las mujeres que triunfan, tanto en una determinada profesión, como en el mundo de los negocios.

Son muchas las mujeres que desempeñan una profesión y que optan por permanecer solteras, considerándose incapaces de dedicar tiempo y energías a llevar un hogar y, al mismo tiempo, a seguir adelante con su carrera. Y, desde luego, las que tratan de combinar el papel de ama de casa y de mujer de negocios se ven a menudo luchando por hacer frente a los problemas que se les plantean en los dos frentes. Estos problemas resultan especialmente agudos, si la mujer es, de los dos miembros de la pareja, quien ha alcanzado mayor éxito.

Mujeres con éxito profesional

Las satisfacciones del éxito.

Aunque la razón inicial para que una mujer busque el éxito, puede no ser sencillamente el dinero,  sucede con frecuencia que el éxito y el dinero van de la mano. Si la mujer está casada con un hombre que considera que él debería ser quien aportara el dinero al hogar, es posible que a su esposo le sea muy difícil acomodarse, a lo que en su opinión, constituye un desequilibrio de las misiones del matrimonio. Su ego quedará quizá dañado y puede que responda negativamente a los intentos de su esposa de emplear su dinero para mejorar el nivel de vida de ambos.

Por otro lado, es completamente lógico, que la mujer que se considera capaz de contribuir en igualdad al mantenimiento económico del hogar, quiera considerarse también, con tanto derecho como el marido a participar en las decisiones que afectan a la vida en común. Pero, al final, incluso si su esposo acepta sus sugerencias, su éxito económico no le proporcionará placer alguno, si el marido no es capaz de aceptar el cambio de roles y todavía considera ese dinero como “de ella” y no “de los dos”.

Puede que marido, sea verdaderamente consciente de que el éxito económico de su esposa aporta a ésta una independencia de carácter financiero. Aunque resulte dichosa una relación como ésta, es posible que él empiece a sentirse inseguro, en especial si al principio sus ingresos eran más o menos iguales, o incluso si los de él superaban a los de ella.

Actitudes sexuales.

La inversión de papeles económicos puede afectar también a la vida sexual de una pareja. Una mujer que no depende económicamente de su marido se mostrará, quizás, inconscientemente más exigente en el terreno sexual. Esto puede deberse a que está menos coaccionada y no se siente en la obligación de agradarle. Ella sabe, que puede sobrevivir a su relación de pareja, pues su vida profesional le proporciona una confianza y unas oportunidades mayores para atraer a otro hombre.

Su éxito en el trabajo puede influir también en su comportamiento sexual, volviéndola más segura, más activa y más dispuesta a asumir en la cama la iniciativa. Aunque son numerosos los hombres, que tejen fantasías acerca de la posibilidad de hacer el amor con una mujer sexualmente dominante, en realidad es posible que se sientan amenazados por ella. Muchos varones prefieren mujeres que se muestren pasivas y se plieguen a sus deseos. Si la mujer toma un rol más activo, pueden sentirse coaccionados para satisfacer físicamente su compañera. El temor a no ser capaces de lograrlo puede ser causa de una impotencia temporal.

Indudablemente, el éxito en la carrera profesional de una mujer, es susceptible de provocar un efecto adverso en la vida sexual de la pareja. Cabe también la posibilidad, de que la mujer que gasta demasiadas energías en su trabajo, se sienta demasiado cansada o tan tensa para las relaciones sexuales. Es posible, que precise de un tipo diferente de contacto sexual: caricias, mimos y palabras cariñosas en vez de un coito enérgico y apasionado. Si el varón no sabe entender estas necesidades de la mujer, pueden surgir conflictos e interpretar que ella ha perdido el interés por él. Como siempre en la pareja, la comunicación es vital para mantener la llama del amor encendida.

Si surgen problemas sexuales en la relación de la pareja, el marido comenzará, quizá, a sospechar la existencia de problemas que en realidad no existen. Tal vez intérprete sus reuniones de trabajo como citas secretas. Puede creer que cuando llega tarde a casa es porque tiene una relación extraconyugal, aunque la verdad sea que se ha quedado trabajar fuera de su horario habitual. Puede, incluso llegar a considerar los viajes profesionales como una oportunidad para la infidelidad. Si llevan juntos mucho tiempo, el hombre que ha visto a su mujer dejar de ser una empleada del montón para convertirse en una ejecutiva elegante y que lleva vestidos caros, puede llegar a pensar que en el trabajo, su esposa tiene muchas oportunidades de conocer a hombres que la encontraran atractiva e inteligente.

Por añadidura, si la mujer tiene una apariencia física atrayente, esto puede levantar suspicacias en el hombre. Cuando él ve cómo su esposa, se reúne con sus colegas masculinos, puede creer (quizás erróneamente), que su mujer recurre a sus encantos femeninos en su vida profesional, y flirtea con otros hombres. Un deterioro notable de la vida sexual de la pareja es un indicio seguro de que su relación se está debilitando. Si no se tiene en cuenta esta señal de alarma pronto, será tal vez demasiado tarde para reparar el daño.

La alteración de la vida doméstica.

Ahora es cada vez más corriente que una mujer siga trabajando después de casarse, con objeto de ayudar a pagar la vivienda y todos los gastos de la vida en común. Muchos hombres, que reconocen el valor de semejante aportación, se muestran así mejor dispuestos a participar en las tareas domésticas. Pero sí la mujer empieza a gastar en su carrera profesional cada vez más tiempo y energías, y dedica menos a las tareas del hogar, es posible que esa disposición inicial del varón vaya diluyéndose. Seguramente el hombre vería completamente lógico, que si el llega cansado del trabajo, sea la mujer la que cargue con todas las tareas domésticas.

Es frecuente que la mujer que no dispone de tiempo suficiente para su hogar, experimente una sensación de culpa, sobre todo si ha sido educada en la idea de que el sitio de una esposa está en el hogar. Puede que dude de la capacidad de su marido para cocinar y mantener limpia la casa, pero si trata de dedicar las mimas energías a su hogar y a su trabajo puede muy bien sentirse cansada y volverse irritable.

La actitud de una persona respecto de sus horas de ocio se halla menudo determinada por su actitud respecto del trabajo. Quien considere su puesto de trabajo solo como un medio de ganar dinero, aspirará probablemente a que sus horas de ocio sean tan satisfactorias como resulte posible. Pero la persona que disfrute y se realice con su trabajo pensará que las horas de ocio son una oportunidad para descansar, sin hacer absolutamente nada.

La diferencia de actitud puede ser causa de problemas muy serios en el seno de una relación. Si una pareja no se pone de acuerdo sobre el modo de pasar estas horas de ocio, es posible que acaben por estar juntos muy poco o nada de tiempo, haciendo cosas diferentes por separado. En el caso de una relación establecida hace largo tiempo, donde la mujer se interesaba en las actividades de él, puede ocurrir que ahora, debido a su trabajo, se vea sin energías y deje de compartir. El hombre puede muy bien interpretar este gesto como un indicio de que la mujer ha perdido interés por él.

¿Los niños o la profesión?

La llegada de los niños puede agravar los problemas que surgen en un matrimonio cuando la mujer es quien tiene más éxito en su vida profesional. Son muchas las mujeres que consideran que, aunque queriendo proseguir su carrera, no desean renunciar a los hijos.

Y para numerosos maridos los hijos son una solución, a veces de forma inconsciente, a los problemas resultantes de los éxitos de sus esposas. Es posible que les estimulen, o incluso coaccionen, para tener hijos que a ellos les permitan adoptar el papel tradicional masculino del mantenimiento del hogar.

Pero si la mujer tiene hijos y no abandona un puesto de trabajo que le exige una amplia dedicación, empezará quizá a sentirse culpable por no dedicar a su familia todos los cuidados que se merece. Y es posible que piense en abandonar su empleo, pero si lo hace, además de experimentar un descenso sustancial en los ingresos familiares, le será aún más difícil acomodarse a la pérdida de su categoría y al sentimiento de realización que le proporcionaba su trabajo.

En ocasiones, una pareja decide que desde el punto de vista económico es mejor que el marido deje su empleo y se dedique a las faenas domésticas. Pero, incluso si marido acepta esta solución, le será difícil hacer frente a los problemas que impone esa misión. Una mujer con niños pequeños tendrá seguramente la oportunidad de conocer a mujeres en situación similar a la suya, con las que pueda reunirse en algún momento del día. A un hombre en esta situación le será difícil hallar compañeros adecuados y acabará por sentirse aislado. Si ese es el caso, experimentará una insatisfacción con el papel que le ha correspondido en la vida y, sin duda, trasladará a la esposa su frustración y su infelicidad. Está, a su vez, se sentirá quizá culpable porque disfruta con su trabajo. A menos de que encuentren una solución apropiada, a la larga, esta situación afectará a la capacidad de trabajo de la mujer.

La búsqueda de una solución.

Cuando surgen problemas porque la esposa es quien más éxito tiene, o bien tratan entre los dos de buscar una solución conjunta, o bien actúan cada uno por su lado, tratando de desembarazarse de la infelicidad que sufren.

Si la mujer se siente culpable de que el ego de su marido se haya visto herido, como consecuencia de los éxitos de su esposa, puede muy bien ceder en determinadas soluciones, con objeto de que él conserve la estimación en sí mismo, aunque ella juzgue que está equivocado. Por desgracia, este comportamiento introduce en la relación un elemento de falta de sinceridad, y puede conducir a un tipo de escisión de la personalidad entre la conducta en el trabajo y la conducta en casa.

Además, y pese a los esfuerzos de ella en este sentido, es posible que la relación del marido sea de efecto contrario: tratará de disminuir la confianza en sí misma de la mujer, aprovechando cualquier oportunidad para explotar sus debilidades, criticando su apariencia o su capacidad, o mostrándose condescendiente con su esposa.

Si los dos desean realmente la supervivencia de su relación han de expresar sinceramente lo que sienten y lo que desea. Deben decidir qué es lo que para ellos resulta más importante, quién gana el dinero o que se hace con éste. Si la mujer se halla satisfecha con su profesión, la renuncia a está solo determinará frustraciones de su parte. Pero ha de aprender a situar su vida en una perspectiva y a no subestimar la estabilidad y la seguridad emocional que la relación doméstica aporta su existencia. También ha de aprender que, aunque en su trabajo sea una “super-mujer” no necesita actuar en su hogar como una “super-esposa”. Cualquier sentimiento de culpabilidad que pueda experimentar, como consecuencia de su incapacidad para hacer frente al mismo tiempo a las exigencias de su trabajo y de su hogar, resultará un obstáculo al placer que le proporcione una u otra actividad. Tampoco debe esperar que su esposo haga más de lo que le corresponde en las tareas domésticas solo porque ella considere que no tiene el  tiempo o las energías suficientes.

Si el marido pretende aceptar el hecho de estar casado con una mujer de éxito y que gana un salario superior al suyo, es importante que sepa que la virilidad no puede medirse por el valor de la nómina. Y ha de aprender a estimar el éxito de su esposa como algo de lo que sentirse orgulloso y no simplemente como una medida o como un pretexto para lamentar su propia y  relativa falta de éxito.

Es también conveniente que recuerde que las cualidades que en un principio le atrajeron en su mujer son posiblemente las mismas que le han llevado al éxito. Semejante triunfo, aunque modifiqué la actitud de ella respecto de la vida y le proporcione una confianza adicional no tiene  por qué alterar necesariamente su actitud hacia él. La estabilidad que ella encuentre en el amor de su esposo es uno de los factores que contribuirán a la prolongación de sus éxitos.

 

Autor: Gerardo Castaño Recuero experto en "Superar una ruptura".

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