Qué duda cabe de que cuando uno se encuentra sano y en forma se encuentra a gusto. El cuidado de la salud es una necesidad que se puede satisfacerse a cualquier edad y que no debe dejarse nunca a un lado. Si el deporte es importante cuando aún se es joven, sus beneficios se multiplican cuando se alcanzan edades en las que ya se empieza a notar cierto deterioro físico.

Muchas personas ven en el día de la jubilación la oportunidad de resarcirse de años obedeciendo al despertador y lo sueñan como un período de gran acercamiento al sofá y el mando de la tele. No han caído en la cuenta de que el merecido descanso puede ocasionar el progresivo deterioro del organismo y el aislamiento de quienes habían centrado su vida en el ejercicio de su profesión.

Practicar cualquier deporte puede resultar una buena solución para los dos problemas. Ni su importancia como defensa del cuerpo ante la vejez y sus síntomas, ni su validez como medio creador de relaciones sociales resultan ya cuestionables.

Marcándose los límites

Aunque el entusiasmo es fundamental para comenzar cualquier actividad, en el caso del deporte hay que tener mucha precaución. Muchas personas hacen ejercicio ocasionalmente; otras eran deportistas en su juventud y después abandonaron por completo su práctica y algunas no se han calzado jamás unas zapatillas deportivas. La práctica deportiva debe adaptarse a las posibilidades y pasado de cada uno.

Todos ellos deben saber que se puede ser un buen deportista pasados ya los cincuenta o los sesenta años, siempre que no rebasen un límite personal de seguridad, que cada uno debe aprender a situar. Al envejecer el cuerpo se hace más rígido, así que habrá cosas que ya no se le puedan pedir, pero es posible mejorar la movilidad articular, la circulación y tener más energía.

Mayores sanos y en forma

Un plan para cada caso

A partir de cierta edad, los progresos en el deporte son cualitativos y no cuantitativos. La competitividad con otros ha desaparecido y la práctica se ha convertido en un reto personal. Sin embargo, trabajar dentro de un grupo y tener alguien a quien imitar es muy beneficioso, aunque no se debe olvidar que el objetivo de cada uno es mejorar su propia condición física y no batir marcas.

Quienes han practicado deporte cotidianamente a lo largo de su vida sólo deben tener en cuenta los cambios fisiológicos debidos a la edad. Deben tomar precauciones como alargar el tiempo dedicado al calentamiento y si tiene pensado participar en alguna competición conviene que sepa prepararla con tiempo y calma. Quizá se vea obligado a cambiar de disciplina y pasar a prácticas más ligeras.

Recuperar la forma física

Los que hacían deporte en su juventud a menudo olvidan que durante el período de inactividad su cuerpo ha perdido todos los beneficios adquiridos durante años de práctica. Estas personas deberán armarse de paciencia y conformarse con una lenta progresión. Antes de reanudar su actividad conviene que consulten a un médico e incluso que pierdan peso. No es raro que parezcan exceso de peso porque en su día suprimieron el desgaste de energía pero no la sus hábitos alimentarios.

A los principiantes hay que convencerles de que es más importante hacer un poco de deporte a los ochenta años que haber hecho mucho a los veinte. Se tienen que acostumbrar progresivamente al esfuerzo físico para sacarle provecho y deben empezar aconsejados por un médico.

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