Adolescencia. No nos cuentan todo

 

Pero la comunicación con un adolescente no siempre es fácil y en muchos casos se limita a una serie de monosílabos ante nuestras preguntas. Es uno de los signos de que está creciendo, ya no es tan ingenuo como lo era cuando era más pequeño y necesita formarse un mundo propio.

Las conversaciones que nos permiten mantener tienen que ver con la escuela, la vida y los amigos en general. Los temas tabúes son la sexualidad, las relaciones de pareja y las drogas. A prender a hablar con ellos incluso de esos temas requiere una dosis de paciencia y algunos trucos para saber cómo afrontar la conversación.

Elegir el mejor momento

Muchos de los fracasos en los intentos de comunicación se producen por no lograr acercarnos en el mejor momento.

- Evita las conversaciones cuando hay ganas de peleas. Si la conversación parece derivar en discusión, es preferible interrumpirla para retomarla en otro momento mejor.

- Escúchale, aunque estés cansado. Los adolescentes suelen tener la particularidad de abordarnos cuando más cansados nos encontramos. Antes de dar una respuesta equivocada o decirles un “si” para evitar problemas, es mejor acordar del tema en un momento más tranquilo.

- Nunca dejes una situación sin resolver. Si la conversación ha terminado en discusión, los padres deben ser los primeros en pedir perdón e intentar aproximar las posiciones. De nada sirve mantenerse días y días sin hablar.

adolescencia

Actitudes eficaces

Es mejor escuchar que hablar. Es el momento de prestar atención a sus problemas aunque a veces nos parezcan inoportunos.

A diario se pueden aprovechar distintas situaciones para hablar y transmitir los criterios que consideramos adecuados en su educación: viendo la televisión, comentando una noticia o una situación en el vecindario.

Para conocer a los adolescentes es necesario pasar tiempo con ellos, compartir sus aficiones e intentar averiguar cuáles son sus temas de interés. Es la mejor forma de lograr aproximarse.

Errores comunes

Una vez que se ha conseguido mantener cierta comunicación con los hijos adolescentes, hay que procurar cuidar esta relación evitando caer en errores muy comunes.

  • No quitar importancia a sus cosas. Para ellos pueden tratarse de problemas muy graves y no le ayudamos con comentarios como "¡no te preocupes, la discusión con tu amiga no será para tanto" o "no tengas miedo por el examen, no seas exagerado". Lejos de tranquilizar a los jóvenes, lo que se consigue es un rechazo hacia su padre porque piensan que, en el fondo, no le interesan sus problemas.
  • No es necesario dar “sermones”. Hay que olvidar los imperativos a favor de una actitud receptiva a los problemas. Para ello, es imprescindible escuchar. Sólo después de conocer sus problemas podremos aconsejarles.
  • No pongas etiquetas. Con frecuencia tildamos a nuestros hijos de rebeldes, desobedientes o nerviosos sin darnos cuenta de que de esa forma estamos consiguiendo que sean realmente así.
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