¡Dame un abrazo!

 

¡Qué gozoso y útil puede ser un abrazo! Hay momentos en los que no encontramos palabras para decir lo que sentimos; en otros, quizá nos parecen insuficientes o huecas.

También hay ocasiones en que encontramos las palabras adecuadas, sin embargo, nos resulta muy difícil pronunciarlas en voz alta, sobre todo si somos tímidos o si los sentimientos nos abruman.

Con un abrazo nos comunicamos en el plano más profundo y, al mismo tiempo, convierte el "yo" en un "nosotros". Con él podemos expresar mil cosas. Nos conectamos con el otro de una manera especial y diferente.

Está comprobado que dar y recibir abrazos cálidos y reconfortantes, favorece la salud y el bienestar de quien los da y de quien los recibe, además, un abrazo es capaz de enriquecer nuestra vida y alimentar nuestro espíritu.

abrazarnos

Los abrazos tienen un idioma propio y, aunque no existe una traducción verbal de lo que son capaces de comunicar, con ellos podemos decir cosas como: perdón, gracias, cuenta conmigo en cualquier momento, comprendo por lo que estás pasando, comparto tu alegría o te aprecio mucho.

Bailar abrazados de quien amamos, al ritmo de una melodía que toca nuestras fibras más internas, bien puede compararse con alcanzar, por instantes, el cielo.

Decir en voz alta una frase amable y acompañarla con un abrazo, es como ponerle signos de admiración a lo que decimos.
Abrazar a otro, nos da vitalidad. Es maravilloso cuando transmitimos nuestra energía con un abrazo porque nuestras propias fuerzas aumentan.

Dígalo con un abrazo...

Seguridad: de acuerdo a Kathleen Keating, creadora del "abrazo terapia" y autora de la serie de libros "Abrázame", cualquiera que sea nuestra edad o nuestra posición en la vida, todos necesitamos sentirnos seguros.
Un abrazo crea un cálido círculo de apoyo que nos ayuda a hacer nuestras tareas con una renovada sensación de confianza. Con él, podemos decirle al otro: "en mis brazos hay un lugar donde puedes sentirte seguro". Esto es lo que necesita sentir un niño cuando sueña pesadillas, un joven antes del examen, el esposo antes de una junta crucial o la esposa antes de subir al escenario para dar una plática.

Protección: todos necesitamos sentirnos protegidos pero, sobre todo quienes ocupan ambos extremos del espectro de la edad, pues dependen del amor y de la buena voluntad de quienes los rodean. Por ejemplo, podemos darle un abrazo de protección al bebé que aprende a caminar y se siente atemorizado al descubrir cosas nuevas; lo mismo ocurre cuando abrazamos a un anciano que camina con inseguridad o que ensaya sus pasos por primera vez, tras recobrarse de una caída.

Confianza: cuando sentimos miedo ante los desafíos de la vida, el abrazo de un ser querido puede hacernos sentir toda la confianza que necesitamos. Por ejemplo, es importante dar un abrazo cuando enseñamos a nuestro hijo a andar en bicicleta o cuando asiste a su primer día de clases; este tipo de seguridad no puede ser remplazado con palabras.
Autovaloración: reconocer que tenemos un valor como personas es la base de toda la satisfacción y el éxito de nuestra vida. Esto lo vamos desarrollando desde el momento en que nacemos gracias a los mensajes que otros nos transmiten con respecto a nosotros mismos.

Ahora, como adultos, tenemos la posibilidad de continuar con ese proceso de afirmación al reconocer, mediante nuestros abrazos los valores que percibimos en cada persona, especialmente en nuestros hijos; abrácelos en la mañana, al llegar del colegio, a media tarde, antes de acostarse y, una vez acostados, vuélvalos a abrazar para que duerman con esa deliciosa sensación de sentirse amados.

Pertenencia: ¡Qué bien nos sentimos cuando pertenecemos a un grupo con un ideal común! Puede ser la familia, un proyecto, un deporte, un negocio o al tener la suerte de contar con un círculo de buenos amigos. Cuando nos abrazamos con ellos, decimos: "tu individualidad y mi individualidad agregan algo inigualable y maravilloso a este equipo del que formamos parte", un abrazo grupal puede ser la mejor de las expresiones de valoración personal y de pertenencia.

 

Como un abrazo puede expresar muchas cosas, como fortaleza, curación, aprecio, felicidad y celebración, hay que abrazar con frecuencia y abrazar bien.

 

De acuerdo con Keating, se necesitan cuatro abrazos al día para sobrevivir, ocho abrazos al día para mantenerse y doce abrazos al día para crecer. Así que, por lo pronto, le mando un fuerte abrazo.

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