Comprar por comprar

Quién no ha sentido alguna vez la necesidad en un momento de agobio, de salir a comprar algún capricho.

El intercambio entre dinero y bienes materiales, en momentos determinados, ejerce sin duda de elemento desinhibidor para muchas personas. Ahora bien, cuando se convierte en una obsesión patológica, nos encontramos ante un caso de adicción a las compras.

El aburrimiento y las ansias invaden el estado de ánimo del individuo adicto justo en el momento anterior a realizar las compras. La génesis de este comportamiento irracional es un impulso, una chispa que enciende la mecha y que desencadena el gasto.

La disponibilidad de dinero y de tarjetas de crédito, así como la visualización de catálogos o de programas de telecompra, son algunos de los estímulos que los expertos señalan como ‘detonadores’ de un proceso que puede llevar al sujeto a realizar compras por un valor muy superior a sus posibilidades económicas.

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Consecuencias devastadoras

La compra compulsiva es un hecho que normalmente tiene lugar en el hogar del afectado, aunque también es susceptible de que ocurra en el trabajo, en zonas comerciales, o incluso en el autobús, de regreso a casa.

Lógicamente, lo peor de esta patología son sus consecuencias. El gasto en algunos casos alcanza gran parte del presupuesto familiar. Este desfase provoca que el comprador compulsivo contraiga enormes deudas que derivan en graves problemas con su pareja y con la familia. Otro aspecto a tener en cuenta es que el dinero se invierte en la adquisición de objetos innecesarios -los bienes que compran no les importan, de hecho, en ocasiones ni siquiera abren los paquetes-.

El por qué

La causa de esta desviación, según los expertos, se encuentra en problemas depresivos y de ansiedad de unos individuos que, con su comportamiento, tan solo buscan un poco de autoestima y cariño. La consigna es disfrutar comprando, al margen de los objetos.

Para este tipo de personas las compras son el resorte que les permite alterar su, por lo general, bajo estado de ánimo. El problema se suele generar entre los 17 y los 26 años, cuando se percibe el primer sueldo y se dispone de dinero ‘fresco’ en el bolsillo. La adicción puede permanecer durante años sin que la persona sea consciente de lo que le ocurre.

12 veces al mes

Según Rafael Rodríguez, coordinador de terapias para compradores compulsivos, “un adicto a las compras puede llegar a gastar más de tres millones de euros anuales, en la mejor familia, o entre 30000 y 60000 euros, en una con menos recursos”.

Aunque cada caso es un mundo, los expertos estiman que en la mayoría el comprador sale a realizar compras impulsivamente alrededor de 12 veces al mes, y el gasto medio por salida ronda entre los 96.16 y los 180.30 euros. Las tardes son el momento del día preferido por los compradores compulsivos para salir de tiendas, sobre todo si trata de la víspera de un día festivo.

Terapia como solución

La terapia adecuada deberá incluir un tratamiento especializado en cada caso, y en función siempre de los resultados de los análisis de la conducta de compra. Un buen método es buscar reducir los niveles de ansiedad del comprador acompañándole a los locales que más le empujan a gastar dinero.

En ningún caso es recomendable la abstinencia absoluta, y el objetivo que se debe marcar el afectado por esta patología es comprender que la compra en ningún caso debe regir el timón de su vida.

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