Un conflicto interpersonal surge cuando aparece un choque entre las opiniones e intereses de distintas personas. Los conflictos forman parte de las interacciones sociales de forma natural y no necesariamente tienen que entenderse como un problema para estas. Podemos decir que surgen en todas las relaciones, lo que diferencia a aquellas satisfactorias de las que no lo son es la forma de resolverlos. Dado que se trata de situaciones que nos encontramos constantemente en nuestra vida diaria, es útil pararnos a analizar cuál es nuestra manera habitual de resolverlos y si lo estamos haciendo de forma adecuada.

Algunos factores que influyen en la aparición de conflictos son los siguientes:
  • Diferencias en la forma de percibir o interpretar las situaciones. Muchas veces una misma situación permite diferentes posibles interpretaciones. Si no nos paramos a pensarlo podemos dar por supuesto que la nuestra es la única.
  • Falta de información acerca de una situación. A veces emitimos un juicio con información insuficiente, lo que nos lleva a conclusiones erróneas.
  • Errores en la comunicación. También sucede que nuestro mensaje no se transmite de forma adecuada, siendo muchos los factores que intervienen, y ocasionando malentendidos.

Estrategias ante un conflicto

Son muchas las estrategias que solemos emplear ante un conflicto, unas más adecuadas que otras. Algunas actitudes poco constructivas serían mostrar una actitud victimista, por ejemplo si cada vez que nuestra pareja nos habla de quedar más a menudo con sus amigos respondemos “ya no te gusta pasar tiempo conmigo”; una actitud pasiva, ignorando el problema o incluso al otro; o de hostilidad cuando respondemos atacando, por ejemplo “¡ya estoy cansado/a de que siempre estés pensando en ti!

También podemos emplear otras más constructivas como aceptar la situación, “me gusta que pases tiempo conmigo pero entiendo que también quieres estar con tus amigos”; afrontar el problema, “entiendo que te gusta estar con tus amigos, pero creo que apenas tenemos tiempo para estar juntos”; escuchar al otro, preguntando acerca de su malestar, etc.

Las habilidades más importantes que tenemos que aprender para manejar conflictos de manera satisfactoria tienen que ver con:

  • Escuchar al otro. Dado que los conflictos suelen tener más de una interpretación posible, la habilidad de escucha nos permitirá conocer más acerca de la interpretación del otro. Además el otro nos percibirá más empático y esto facilitará el acercamiento de posturas.
  • Comprender los propios sentimientos. Si atendemos a las emociones que nos genera el conflicto podremos saber la importancia que tiene para nosotros resolverlo, además de facilitar la gestión adecuada de aquellas.
  • Ofrecer opciones. Cuando ante un conflicto nos mostramos abiertos a negociar alternativas para su resolución facilitamos encontrar una que sea lo más beneficiosa para todas las partes.

Estilos de afrontamiento de conflictos

A modo de resumen, y teniendo en cuenta los objetivos que buscamos ante el conflicto, podemos hablar básicamente de cuatro estilos de afrontar los conflictos:

  • Evitativo: es el que emplean aquellas personas que no se implican en la resolución del conflicto, no lo hacen ni a la hora de satisfacer sus necesidades ni las de los demás.
  • Cooperativo: son personas que consideran que es tan importante satisfacer las propias necesidades como las del otro.
  • Competitivo: lo emplean las personas que buscan satisfacer sus propias necesidades, pero no le preocupan las de los demás.
  • Conformista: es el estilo propio de aquellos que no se preocupan por satisfacer las propias necesidades, sino que dejan camino libre a que los demás satisfagan las suyas.

El estilo cooperativo es el que facilita que encontremos una solución en la que todas las partes estén lo más satisfechas posibles. Debemos tener en cuenta que ante un conflicto de intereses siempre habrá una renuncia mínima por cada una de las partes para que pueda resolverse. Este estilo implica habilidades como la capacidad para escuchar la postura del otro, el manejo adecuado de las propias emociones y la empatía con las del otro, así como la flexibilidad mental para ofrecer alternativas diferentes de resolución.

Autora: Drissa Delkader Palacios, psicóloga del Centro de psicología Psicomaster en Madrid

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