Tras la deliberación el tribunal dictará sentencia [26-09-2020]

 

Un alma triste se sienta en el estrado. Está siendo juzgada por el devenir de los acontecimientos, por su actitud tosca y huraña, por su terquedad, por su ira, por su afilada y en muchas ocasiones dañina lengua, por su frustración, por su agresiva amargura, por sus hostiles ofensas.

 

Presiden, el "Alto Tribunal de las Emociones", Dña. Benevolencia, Dña. Equidad, Dña. Honestidad y, como no, Dña Justicia. Sentados en el estrado fiscal, Dña. Intolerancia, D. Resentimiento, Dña. Culpa y Dña. Incomprensión. Enfrente se sitúa la defensa, compuesta por D. Amor, Dña. Compasión, D. Perdón y Dña. Tolerancia.

 

En el banquillo de los acusados con la mirada perdida, del que mira pero no ve, se encuentra Dña. Alma Atormentada. Perdida en su infierno interior, parece no escuchar los alegatos. Tal vez axfisiada por el abatimiento, víctima del desconsuelo, presa de la desorientación espiritual, se extravía en su propio y devastado interior, asolada por sus fantasmas. Perseguida por el remordimiento, acechada por la confusión, consumida en su propia pena, atrapada en el fango del sufrimiento, consumida por su miedo a la soledad, a una soledad interior que a cualquiera podría aterrar.

 

La fiscalía expone la amargura que produce el reo en su entorno. Con todo lujo detalles va armando su alegato acusador basado en el enojo fácil, a veces sin sentido. En las dañinas expresiones hacia los otros, en la angustia que se desborda salpicando al resto, en la inestable desesperación de la que hace gala. Alude, a continuación, a la cólera vestida de agresividad que cada vez más a menudo demuestra, a los rencores no superados, a la envidia insana, quizá a los infundados celos, a la desdichada ansiedad que provoca, a la mala vibración que irradia, al desprecio que en ocasiones vomita, a la ira que, atragantada, escupe a la menor causa. Incide en la transformación producida en el Ser juzgado, la maligna transmutación que cada vez con más asiduidad se produce, al modo de un acto casi digno de la licantropía, susceptible de ser comparado con una suerte de Dr. Jekyll y Mr. Hyde, donde la preponderancia de este último es notable en los tiempos presentes. Define como este trastorno hace irreconocible a la anterior entidad, cada vez menos presente, aduce como ha reducido a la mínima expresión el amor que era capaz de brindar, recuerda al tribunal como es capaz de dinamitar emocionalmente los encuentros con los seres queridos, de como arrastra una frustración creciente que paga con los más cercanos, a los que flagela afectivamente, a los que anímicamente agota.

 

Turno para la defensa. Su alegato se basa y estructura en torno a la comprensión, la paciencia, el amor y la compasión. Trata de mostrar las atenuantes a través de un ejercicio de empatía para intentar comprender los porqués del estado de ese alma rota. Por qué se encuentra perdida en una suerte de malvada odisea, en un desasosegante escenario de película inquietante, en un submundo de distopía y miopía espiritual, cegada a veces por la soberbia, otras por una incomprensible y desdichada tristeza. Con mucho tiempo para pensar sin saber como acallar su mente repleta de remordimientos, miedos, culpas y penas con los que guisa y rumia su desbarajuste emocional cada día. Un alma que llega tarde al despertar, es probable que en esta vida ya no lo tenga. Un alma por la que rezar, por la que pedir clemencia, por la que rogar paz. Un alma marcada por las ausencias, por las carencias. Un alma tan cargada de sufrimiento que no es consciente de lo que desborda. Un ánfora de barro ya demasiado seco para poder modelarse, un ajado recipiente repleto de cicatrices, al que ya no podemos dar forma, al que tan solo ya podemos pintar, si acaso para lustrarlo un poco y exponerlo al sol para que su calidez lo abrace y pueda llegar al final de su vida útil de la manera más digna y apacible posible. Solo desde el amor sin condiciones, desde la compasión más pura, desde esa capacidad de comprender el sufrimiento ajeno y que responde al deseo de aliviarlo. Desde la paciencia infinita, desde la clemencia de los seres más evolucionados, desde el perdón aunque duela, desde el perdón como proceso más que como acto, buscando como objetivo la paz y la liberación del resentimiento, intentando no erradicar el dolor sino reducir el sufrimiento, perdonando no por merecimiento sino por necesidad. Cambiar rabia por perdón, cambiar odio por amor, cambiar orgullo por humildad, cambiar reproche por compasión. En definitiva: AMOR, AMAR.

 

Escuchados los alegatos, el tribunal concede al reo la última palabra, pero abstraído y perdido en su lúgubre mundo interior, hace caso omiso del ofrecimiento.

 

Queda visto para la deliberación del ªJurado del Entornoª, tras la deliberación el tribunal dictará sentencia.

 

Os quiero, buen día a tod@s!!!

“Cuando otra persona nos hace sufrir es porque él también sufre profundamente dentro de sí mismo y su sufrimiento se derrama. Él no necesita castigo, necesita ayuda.” Thich Nhat Hanh

Hoy os dejo este tema de Pink Floyd, "Mother", compuesto por Roger Waters. Éste siempre ha contado que, en cierta manera, le recuerda a su propia madre, pero que el propósito último de la canción era mostrar a esas madres que sobreprotegen y aman a sus hijos pero que, aún amándolos profundamente, a veces les infligen dolor y son capaces de transmitirles sus propios miedos. Una bonita aunque un poco triste canción para reflexionar.

el-pinche-feliz

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