Si te preguntan el rito de belleza que menos te gusta hacer, seguramente dirás el de desmaquillarte antes de acostarse o limpiar la piel al levantarte. Sin embargo, es lo más importante para mantener la piel en condiciones y libre de impurezas, ya que un cutis limpio asimila mejor las cremas de tratamiento que se aplican después.
Jabón de pastilla o tocador:
A pesar de todos las contraindicaciones que tiene (porque irrita y altera el pH básico) es el producto de higiene más antiguo y utilizado. Actualmente se han mejorado y enriquecido con aceites grasos para atenuar su acción secante.
Jabones hipoalergénicos:
Tienen la misma apariencia que el jabón, pero por sus componentes neutros o ligeramente ácidos no irritan la piel. Son en general bien tolerados y no alteran el pH. Se les recomienda a aquellas mujeres que tienen piel grasa, sensible, o con problemas.
Máscaras limpiadoras:
Se aplican en capas sobre el rostro y limpian en profundidad la piel. Aunque son aptas para todo tipo de piel, se recomienda utilizarla hasta dos veces por semana en pieles grasas y una vez cada dos semanas en pieles secas. El peeling elimina las células muertas de las capas superiores de la epidermis.
Toallitas limpiadoras:
Son toallitas impregnadas con agentes limpiadores (para diferentes tipos de piel) ideales para una limpieza rápida, aunque superficial. Se pasan directamente sobre la piel.
Aguas demaquillantes:
Tonifican y limpian a la vez. Su acción limpiadora es superficial, por lo que no se recomienda su uso para una limpieza profunda. Son ideales, en cambio, para una limpieza matutina, para retirar la suciedad acumulada durante la noche.