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¿Es adictiva la nicotina?

Sí, la nicotina es adictiva. La mayoría de los fumadores utilizan el tabaco regularmente porque están adictos a la nicotina. La adicción se caracteriza por la búsqueda y el uso compulsivo de la droga, a pesar de las consecuencias negativas para la salud. Está bien documentado que la mayoría de los fumadores consideran al uso de tabaco un hábito dañino y expresan el deseo de reducir o descontinuar su uso. Cada año casi 35 millones de fumadores tratan de romper el hábito, pero desgraciadamente, menos del 6 por ciento de ellos logran abstenerse por más de un mes.

Las investigaciones muestran como la nicotina actúa sobre el cerebro para producir varios efectos. De importancia primordial con relación a su naturaleza adictiva están los hallazgos que indican que la nicotina activa el circuito del cerebro que regula los sentimientos de placer, también conocidos como vías de gratificación. Una de las sustancias químicas clave en el cerebro implicada en el deseo de consumir droga es la dopamina, un neurotransmisor. Las investigaciones han demostrado que la nicotina aumenta los niveles de dopamina en los circuitos de gratificación. Esta reacción es similar a la que se ve con otras drogas de abuso y se cree que es la causa de las sensaciones placenteras que sienten muchos fumadores. Las propiedades farmacocinéticas de la nicotina también aumentan el potencial para su abuso. Cuando se fuma un cigarrillo, hay una distribución rápida de la nicotina al cerebro, llegando la nicotina a su nivel máximo a los 10 segundos de inhalada. Sin embargo, los efectos agudos de la nicotina se disipan en unos minutos conjuntamente con los sentimientos placenteros asociados, lo que hace que el fumador continúe dosificándose repetidamente durante el día para mantener los efectos placenteros de la droga y evitar el síndrome de abstinencia.

Entre los síntomas del síndrome de abstinencia de la nicotina se encuentran la irritabilidad, los deseos vehementes por la droga, un déficit cognitivo y de atención, las perturbaciones en el sueño y el aumento del apetito. Estos síntomas pueden comenzar a las pocas horas después de haber fumado el último cigarrillo, haciendo que las personas vuelvan a fumar. Los síntomas llegan a su punto máximo en los primeros días después de haber dejado el cigarrillo y se pueden aplacar en unas pocas semanas. Sin embargo, para algunas personas los síntomas pueden durar por meses.

Mientras que el síndrome de abstinencia está relacionado con los efectos farmacológicos de la nicotina, muchos factores conductuales también pueden afectar la severidad de los síntomas de abstinencia. Para algunas personas, el hecho de sentir, oler o mirar un cigarrillo así como el rito de obtener, manipular, encender y fumar el cigarrillo, están asociados con los efectos placenteros de fumar y pueden empeorar los síntomas del síndrome de abstinencia o los deseos por fumar. Mientras que el chicle o los parches de nicotina pueden aliviar los aspectos farmacológicos del síndrome de abstinencia, a menudo los deseos por el cigarrillo perduran. Otras formas de reemplazo de la nicotina, como los inhaladores, intentan tratar algunos de estos problemas. Mientras tanto, las terapias conductuales ayudan a los fumadores a identificar los factores ambientales que inducen los síntomas del síndrome de abstinencia y los deseos por el cigarrillo de manera que puedan emplear estrategias para prevenir o circunvalar estos síntomas o deseos.

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