BODAS

La Bruja de mi Novia. Yo me encargo de todo, dijo ella.

Yo me encargo de todo, dijo ella. Y me convirtió en un pingüino el día de la Boda. Yo diría que casi disfrutó del proceso.

Comenzó llevándome a El Maravilloso Mundo de Alquiler del Esmoquin y una hora más tarde mi padre, suegro y yo éramos los felices poseedores de los benditos trajes de pingüino. No tuvimos tiempo de reaccionar.

Aunque la industria del esmoquin ya lleva ańos en el mercado, La Bruja de mi Novia decidió aportar su gracioso estilo al mundano evento de elección. Parece que los esmoquin que teníamos que alquilar tenían que ser perfectos. Era absolutamente necesario que los tres nos probáramos todos y cada uno de los estilos que a Ella le gustaban. Vale mencionar aquí que No se permite ver el Vestido de Novia, pero la seńorita tiene que elegir mi esmoquin. Por error murmuré el pensamiento en vos alta, y se me ordenó callar. Los días de noviazgo en donde un sano intercambio de ideas entre los dos eran cosa de todos los días han sido reemplazados por un sufrido y resignado Sí, querida.

La Bruja de mi Novia empezó sacando de su bolso (o debería decir valija) 17 revistas de esmoquin. Tuve mis dudas por un momento, ¿me sería posible lucir tan relajado como los modelos que aparecían en las fotos?. Pero, claro, que tonto, a ellos les pagaron por hacerlas y en mi caso yo iba a pagar para intentar siquiera lucir del mismo modo.

El asesor de vestuario de El Maravilloso Mundo de Alquiler del Esmoquin reparó inmediatamente en que yo era un elemento de utilería en esta gran obra teatral, así que estableció un vínculo de amistad absoluta y repentina con La Bruja de mi Novia y nos dejó a mí y a nuestros padres hacer lo que nos sale mejor: hacer chistes y reírnos de las cosas más estúpidas. En realidad, la estábamos pasando bien, especialmente cuando mi suegro nos empezó a relatar los preparativos de su propia boda pero esa es otra historia.

La Bruja de mi Novia se sentó a tomar una tacita de café mientras yo me probaba absolutamente todo traje que poseía  El Maravilloso Mundo.... Se me preguntó en un momento si me sentía inclinado a algún estilo en particular, pero cuando asentí, se me informó que yo no tenía buen gusto.

Aparentemente el esmoquin negro (todos eran negros) no tenían que desentonar con alguna gama etérea de colores que pululaba en la mente de la Bruja de mi Novia.

Finalmente llegamos a limitar la selección a dos estilos completamente diferentes: un esmoquin de cuello mandarín y otro con solapas cruzadas. Cuando me puse el primero, mi padre escupió su café en un ataque de risa. Luego procedió a informarme que iba a resultarme difícil encontrar el medallón dorado con el símbolo hippie de la paz que hiciera juego, ya que estábamos en 2002 y esos adornos ya no eran de uso frecuente. La Bruja de mi Novia lo congeló con un Martín, Usted ya tuvo su propia Boda, lo que provocó que inmediatamente papá cerrara la bocota, aunque por el resto de la velada hubiera tenido oportunidad de soltar risitas reprimidas.

Finalmente ganó el esmoquin de solapa cruzada. Elegí la camisa, ella eligió el resto. Protesté por un color que se me iba a colocar en el conjunto pero se me advirtió que yo no iba a arruinar SU día.

Supongo que MI día iba a tener lugar en algún momento en el futuro. De modo que asentí y se me entregaron gemelos negros, corbata negra, zapatos negros y faja negra. Finalmente me paré ante ella completamente vestido con el traje. Se me informó que lucía buenmocísimo. Yo quería irme a nadar debajo de un iceberg. Así que ahora, a tres semanas de SU día, yo ya casi había terminado con mi parte de los preparativos. Escuché que ella le deslizaba un billete de 50$ al asesor de modas para asegurarse de que cuando yo volviera a retirar el traje, no me atreviera a cambiar nada. Nos despedimos de nuestros padres, que salieron apuradísimos en sendos autos,  y me di cuenta de que hubieran podido aguantar un minuto más en ese lugar.

La Bruja de mi Novia empezó a controlar sus listas, que a su vez tienen sus propias listas, y me preguntó si quería que la acompańara a devolver unas cosas. Le dije que tenía algo que hacer y me despedí, ya que seguramente se va a divertir más sin mí. Se alejó quejándose de algo mientras se me dejó librado a mi propia suerte.

Supongo que puedo hacer de pingüino una vez en la vida. Además, mi suegro y mi padre también me estarán acompañando en la desgracia. Intenté evocar a la dulce mujer de la que me había enamorado como loco. Con la que hablaba durante horas y me hizo perder la cabeza. ¿Qué hubiera hecho de saber que cuando le propusiera matrimonio se iba a convertir en La Bruja...? Hmmm... decidí que aún así se lo hubiera propuesto.

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