SALUD » Terapias Alternativas

Helioterapia

En efecto, la luz solar ejerce un estímulo so­bre el sistema nervioso simpático lo suficientemente intenso para obtener la fijación del cal­cio y el fósforo a nivel celular, y alcanzar así el equilibrio entre potasio y calcio o entre calcio y magnesio, entre otros.

El baño de sol es un aspecto fundamen­tal en la nutrición del cuerpo humano.

El sol activa la vitalidad de los tejidos, al mis­mo tiempo que refuerzo los músculos y fortale­ce todo el esqueleto; actúa también sobre los órganos profundos, como el hígado y el bazo -de vital importancia- que pueden aportar mo­dificaciones en el número de hematíes y de leucocitos, y aumentar incluso el contenido de hemoglobina en la sangre. A su vez, también las glándulas endocrinas reciben la acción be­neficiosa de las radiaciones solares, pues la acción de la luz estimula no sólo el funciona­miento de la hipófisis, sino que activa todo el sistema endocrino. Bajo el efecto de las radia­ciones solares se produce en la piel vitamina D, antirraquítica, y un aumento de la vitamina A.

La energía luminosa es absorbida y acumu­lada bajo la piel, gracias a la acción de determinados pigmentos (melanina), que liberarán posteriormente a medida que surjan necesida­des. Gracias a ellos, y en caso de necesidad, el organismo puede usar la energía acumulada, hasta el punto que el doctor Bircher-Benner afirmó que «nuestro funcionamiento vital está liga­do a la corriente de energía solar, al igual que una lámpara luminosa lo está a la corriente eléc­trica».

El comercio ha ideado formas artificiales de aplicar la radiación luminosa, y en lugar de exponerse sencillamente a los rayos del sol, ha inventado aparatos que pretenden substituirlos. Con tales aparatos se originan desequilibrios y peligros, que no se producen cuando la insola­ción que recibe la piel es natural, al aire libre, durante el tiempo conveniente y con las pre­cauciones lógicas que más adelante indicaremos.

Las radiaciones solares ofrecen energía y poderes curativos para todas las formas de vida, mientras que resultan letales para muchos de los agentes productores de enfermedades, a los que destruyen tras pocas horas de exposición.

Observemos sus efectos sobre la vida vegetal. Sin luz solar las plantas adquieren un color enfermizo, ya que no pueden sintetizar la clorofila, sustancia verde colorante de las plan­tas, análogo en su composición a la sangre, que hace posible que en aquellas ocurran los procesos bioquímicos de la vida vegetal. Pues bien, también sin luz solar, el ser humano se torno pálido y enfermizo, y acaba contrayendo anemia u otras enfermedades que afectan tan­to al cuerpo como a la actividad mental.

Así pues, las personas que pasan la mayor parte de su tiempo en habitaciones cerradas y mal iluminadas, carecen de la energía y el vi­gor de las personas que exponen su cuerpo periódicamente a la acción vitalizante de los rayos solares. Pasar horas al aire libre y expo­niéndose con las debidas precauciones a los rayos solares, no sólo calma los nervios, sino que relaja los vasos sanguíneos, estimulando la circulación y repone las energías vitales per­didas. Una vez la piel ha adquirido su pigmen­tación, la exposición al sol puede ser tan dura­dera como desee en forma razonable.

Además, el sol posee otra virtud inestima­ble, pues constituye el más poderoso antiséptico natural que se conoce y contribuye a la rápi­da cicatrización de todo clase de heridas.

Podemos resumir los siguientes efectos be­neficiosos:

1. Acción psico-euforizante y antide­presiva por contribuir a la producción de endorfinas por la acción de los rayos luminosos captados por la retina en relación directa con el eje córtico hipotálamo-endocrino, donde los fotones activan y regulan los procesos bioquímicos de la vida con la ayuda de las glán­dulas endocrinas.

2. Aumento del tono muscular que mejora la potencia y el rendimiento motor, sin aumentar el volumen del músculo.

3. La insolación regular aumenta la am­plitud respiratoria.

4. La luz solar activa la elaboración de los hematies (glóbulos rojos) y de la hemoglobina que capta el oxígeno a nivel del pulmón.

5. El baño de luz regular activa el sistema responsable de la inmunidad frente a los micelios y virus alojados en la piel y las mucosas. El sol tiene una acción destructora directa, pero en especial activo todos los procesos defensi­vos del organismo. La falta de sol es una de las causas de las infecciones que afectan al ser hu­mano.

6. La luz solar, y más concretamente, los ra­yos UVB transforman la dehidro­colesterina , provitamina subcutánea, en vita­mina D3.

7. El sol regula el metabolismo del cal­cio mediante la vitamina D 3 anteriormente ci­tada.

8. La luz solar activa o nivel de la piel la eliminación del sudor (urea, ácido úrico, sodio) y la eliminación sebácea (grasas mal metabolizadas, lactatos, piruvatos, etc.), con­tribuyendo a la desentoxicación del orga­nismo .

9. Aumento en la secreción de lasonas sexua­les por porte de los ovarios y testículos, con lo que se estimula la vida sexual, aparte de la repercusión orgánica general de estas hormonas.

Debido a esta acción beneficiosa de la luz es por lo que el prof. Hollwich aconseja que, en lo posible, se prescinda de gafas de sol, con lo finalidad de no impedir que los rayos y estímu­los luminosos lleguen a nuestros ojos y a nues­tro cerebro.

La práctica del baño de sol

Distinguiremos en primer lugar entre el baño de sol natural, que se toma moviéndose en posición vertical, (deporte, jardinería, paseo, etc.) y el baño de sol regulado, que se tomo tendido.

Comentaremos el segundo por ser el que más ventajas aporta. Para tomarlo, el paciente se tiende sobre unas mantas de lana, teniendo sumo cuidado en exponer los diferentes costados de su cuerpo al sol, por lo que cada 5 mi­nutos deberá cambiar la posición. La duración del baño será progresivo, pudiendo comenzar­se con 15 minutos de exposición, aumentando 15 minutos diariamente, hasta llegar a una hora u hora y media diaria. Se tomará preferente­mente en primeras horas de la mañana o bien al caer la tarde. Inmediatamente después se aplica una envoltura seca durante 15 minutos, envolviendo al paciente con la manta, y que­dando igualmente expuesto al sol con lo finali­dad de provocar una abundante transpiración.

La aparición de transpiración constituye un agente muy eficaz para la eliminación de toxinas internas. Se favorece esta transpiración to­mando antes del baño de sol, una infusión ade­cuado a la dolencia.

Si la inflamación cutánea fuera muy violento se evitará la insolación recubriendo el cuerpo con una sábana. No obstante hay que tener en cuenta que normalmente la coloración roja de la piel es señal de una bueno reacción. Duran­te el baño de sol, es preciso proteger la cabeza con un sombrero vegetal u hojas de col, etc.

En cualquier caso, lo aconsejable es tomar los baños de sol con el cuerpo en el mejor contacto con la tierra, arena o hierba, aprovechan­do la oportunidad para andar descalzo sobre ellas.

Tras el baño de sol, lo más conveniente se­gún Rickli es la aplicación de un baño tibio de 3 a 8 minutos de duración, pues con él se resta­blece el equilibrio hídrico y térmico.

Con el fin de poder determinar la intensidad de estos baños, es indispensable tener en cuenta el grado de humedad ambiental, pues se so­portan mejor en tiempo seco, especialmente en climas de montaña.

Efectos terapéuticos

Los baños solares son un excelente tónico del sistema nervioso y un estimulante de los centros cerebrales. El sol por si solo no cura los trastornos nerviosos y del carácter, pero es un positivo alivio para neurasténicos, abúlicos, hipocondríacos y demás enfermos que requie­ren necesariamente un tratamiento con psico­terapia.

Asimismo, los baños de sol limpian y purifi­can la sangre, lo que no es de extrañar dado el estrecho contacto que existe entre la piel y el sistema circulatorio, a través de los capilares sanguíneos.

También influyen positivamente sobre el apa­rato digestivo, facilitando las funciones de nutrición. En casos de albuminuria, se ha tratado al paciente con métodos helioterápicos, ya que se sabe que los rayos ultravioleta destruyen la albúmina.

El sol es antimicrobiano por excelen­cia. Hoy microbios en todos partes, en nuestra comida, en el aire que respiramos, en el agua, en nuestras ropas, en la piel, incluso en la san­gre y en nuestros intestinos. Pero en la persona sana se hallan en estado inofensivo, controla­dos por los defensas. Cuando por alguna ra­zón el cuerpo se debilita (enfriamiento o can­sancio excesivos, alimentación intoxicante, etc.), las defensas reducen su eficacia, los microbios se tornan virulentos y aparece la enfermedad.

La triple acción química, lumínica y calorífico de los rayos solares fortalece y vigoriza el orga­nismo, y lo protege contra los microbios, por un lodo, directamente actuando sobre la piel, y por otro, estimulando los mecanismos internos de defensa y eliminación.

El poder antimicrobiano del sol, que reside en sus rayos ultravioleta, está demostrado científicamente. Se ha podido comprobar en los ríos que reciben agua infectada procedente de alcantarillas, que a lo largo del trayecto ésta se va purificando por la acción solar.

De la luz solar que el ojo recibe, sólo 1/4 de lo misma se utilizo para la visión y la mayor parte de ella es conducida desde los nervios ópticos hasta el interior del organismo para que en el cuerpo se genere la vitamina D. El baño solar, por tanto, es un excelente agente terapéutico para prevenir y aliviar el raquitismo en los niños y la osteoporosis en los mayores.

Respecto a las enfermedades circulato­rias, existen estudios epidemiológicos que con­firman que las tomas de sol son muy positivas paro recuperaciones de infarto o afecciones coronarias.

El sol potencia el sistema inmunitario de la persona, y no sólo el sistema linfático, sino que en la misma piel la acción solar lleva a una desin­fección importante contra virus y bacterias, inclu­so se piensa que el baño solar puede mejorar y detener los procesos de caries en la dentadura. De hecho, el color moreno en una persona constituye la expresión de un buen estado de salud y de su alta potencia inmunitaria. Por esta razón, existen grupos de pacientes de sida que, bajo tra­tamiento naturista, consideran la tomo diaria de Sol como uno de sus pilares terapéuticos.

Los baños solares ayudan a nuestro orga­nismo a fabricar substancias anticancerígenas, como el interferón o la interleuquina. En sana­torios naturistas se ha demostrado la acción beneficioso de los UVA sobre las enfermedades degenerativas intestinales, en especial el cán­cer de colon. Un estudio realizado en Estados Unidos en hospitales convencionales, en don­de se comparaban pacientes de cáncer de pe­cho de distintas regiones, demostró de forma inequívoca que en los Estados con mayor expo­sición solar la incidencia de dicho cáncer entre mujeres era bastante menor.

La luz y el calor tienen una acción muy be­neficiosa sobre la psique humana. El contac­to visual y corporal con luz y calor desencade­no un fortalecimiento de lo energía corporal, lo que ha llevado a aplicar la helioterapia al mun­do de la psiquiatría como terapia contra las de­presiones. Algunas depresiones mejoran en gran medida mediante estancias a pleno sol o trabajos de jardinería donde exponemos el organismo al sol.

Tampoco hay que olvidar que recientemente se ha aceptado que la luz solar promueve la actividad sexual, dado que potencia la se­creción de hormonas. De hecho, el estrógeno desarrolla su acción durante el orgasmo de ma­nera completa cuando el organismo se ha sometido a baños solares. En condiciones nor­males, los hombres producen en julio 65 millo­nes de espermatozoides por milímetro de se­men, mientras que en diciembre, cuando la insolación diaria es menor, sólo producen 40 millones. No obstante, la inmovilidad de los tes­tículos al sol puede agravar una infertilidad re­lativa por exceso térmico.

Finalmente, y a nivel biodinámico, la acción del calor y la luz solar sobre el organismo activa el metabolismo global de la persona, provo­ca una ligera sudoración y entona hormonal­mente todo el organismo.

Los baños de sol son beneficiosos en todos las edades. Se puede empezar a tomar el sol a la edad de tres meses o incluso antes, pero siem­pre con mucha precaución, vigilando que la piel no se enrojezca. Se empezará sólo exponiendo las piernas al sol; y a continuación, piernas y vientre. En días posteriores se puede ir aumentando lentamente las zonas de exposición, pero la cabeza se mantendrá siempre cubierta. La duración debe ser muy breve y bien controlado para no excederse.

A partir de un año de edad, el niño que ha realizado una exposición al sol progresiva pue­de ya tomar el baño solar general. A los dos años el niño ya podrá jugar libremente bajo el sol, pero siempre que haya sido bien entrenado con anterioridad y usando siempre un som­brero. Conviene refrescarlo con agua de vez en cuando. Esto fortalecerá al niño contra los cambios de temperatura y los resfriados.

Para la mujer embarazada es casi obli­gada la práctica de los baños de sol. Todos los problemas circulatorios y digestivos que el em­barazo lleva consigo, debidos fundamentalmen­te a la comprensión de los órganos del vientre, hallarán remedio en la helioterapia, ya que se facilitará la digestión y la eliminación de las substancias perjudiciales por transpiración, lo que contribuye a reducir el trabajo del riñón. Además se producirá un aumento de vitaminas que beneficiará tanto a la madre como al niño, y lo que es muy importante, se regulará el me­canismo de fijación del calcio y del fósforo, que permite una buena formación de los huesos del nuevo ser y evitar la descalcificación de la ma­dre.

Para personas de edad avanzada, el sol resulta también beneficioso. Los baños solares son un excelente estimulante de la circulación sanguínea y contribuyen a la vasodilatación. Esto alivia el trabajo de los músculos cardíacos, que tienen que hacer menos esfuerzo para impul­sor la sangre a través de todo el cuerpo y mejo­ra notablemente las frecuentes alteraciones circulatorias que se producen en las piernas de los ancianos. Tomar el sol constituye también un eficaz método de combatir las enfermeda­des de la piel comunes en la tercera edad.

El sol debe ser empleado:

1º. Sobre un cuerpo totalmente desnudo para permitir un reparto perfectamente homogéneo del colesterol subcutáneo.

2º Sobre un cuerpo que no tenga acné, ni espinillas, ni úlceras.

3º Evitando siempre llegar al eritema (que­madura).

Contraindicaciones

El sol es un gran factor de salud y de carga de energía vital, pero, como todos los factores de salud (ejercicio, alimentación, sueño, etc.), puede ser factor de enfermedades si es mal uti­lizado.

En primer lugar, debemos respetar sus con­traindicaciones:

- Tuberculosis pulmonar evolutiva

- Enfermedades renales agudas

- Colesterol elevado (por riesgo de cáncer de piel)

- Granos, espinillas, virtíligo, etc.

- Casos graves de hipertensión arterial

- Cáncer de piel

- Hipertemia (fiebre)

- Sueño: no se debe dormir al sol, sino a la sombra.

- Enfermedades graves que obligan a guar­dar cama.

Las varices, las piernas pesadas no son con­traindicaciones, siempre y cuando no están inmovilizadas y se practiquen vaporizaciones más o menos continuadas.

¿Cómo saber si el sol es realmente beneficioso?

Expuesto al sol, lo más desnudos posible, debemos notar calor y un bienestar que pene­tra e invade todo nuestro organismo, mientras que una sensación de relajación psíquica, se apodera de nosotros.

Al contrario, si sentimos nerviosismo, fatiga, color excesivo o desagradable, escalofríos, etc. ello indica:

- Que nuestro organismo no está aún bien pre­parado para la captación solar.

- Que la Insolación es demasiado brusca, prolongada o intensa.

Problemas y peligros con el sol

La llamada insolación es debida o una con­gestión del cerebro y provoca náuseas, escalofríos, zumbido de oídos y temperatura ele­vada, con pulso más rápido y con sed. La persona debe ser colocada a la sombra con la ropa suelta y aplicarle compresas frías en lo frente y en el vientre. Si necesito beber pue­de tomar poco a poco agua fresca pero nunca helada.

Si se producen quemaduras pueden ser de muy diversa gravedad. Cuando el eritema es intenso debe protegerse la piel del sol y untarla con aceite renovándolo a menudo. Otros remedios naturales para colocar directamente sobre la piel quemado son la pulpa de pepino triturado; patata cruda rallada; clara de huevo batida y mezclado con una cucharada de miel; solución de vinagre y agua; mezcla de ha­mamelis, aceite de oliva y glicerina; vinagre y aceite de oliva a partes iguales; infusión de or­tíga e infusión de salvia.

El exceso de sol es perjudicial. Así, por ejem­plo, es posible que pescadores y alpinistas, los cuales se hallan expuestos durante horas a la luz solar, al llegar a una edad avanzada, desarrollen cánceres de piel, generalmente locali­zados en los lugares de mayor exposición, como manos y rostro. Estos carcinomas llamados «Cánceres de luz» en la actualidad pueden ser controlados o extirpados por medio de técnicas quirúrgicas. El verdadero peligro lo constituye el cáncer de piel denominado melanosarcoma, que según parece se origina por un exceso de sol en unión con un nivel excesivo de colesterol en sangre (ver «Hipercolesterolemia» A. 724) y carencia de antioxidantes en la alimentación (Ver el libro «Antioxidantes», Ed. Sirio). Quienes aman tomar baños de sol con frecuencia de­ben tener muy presentes estos dos datos.

La composición de la luz solar

La luz solar posee diversos longitudes de onda, las cuales se miden generalmente en nanómetros (nm), equivalentes a una milloné­sima de milímetro.

En la zona más alta del espectro solar, se encuentran los rayos infrarrojos de onda larga (unos 800 nm) invisibles a simple vista por el ojo humano (son percibidos en forma de calor). A continuación, están los rayos de luz co­rrientes que el ojo puede percibir, formados por la gama de colores del arco iris y cuya frecuen­cia oscila entre los 400 y los 800 nm; y en ter­cer lugar, con una longitud de onda inferior a 400 nm, se hallan los rayos ultravioleta, que de nuevo son invisibles para nuestros ojos. Esta radiación, denominada UV, penetra en las ca­pas más profundos de la piel y del organismo y es la responsable de las quemaduras en la der­mis.

Los rayos ultravioleta se dividen, a su vez, en tres clases: los de longitud de onda mayor (UV- A), los de longitud media (UV-B) y los de longi­tud más corta (UV-C).

Los rayos UV-A, de mayor longitud de onda, cuando impactan sobre la piel, son absorbidos por la melanina que se halla acumu­lada en las capas superiores de nuestra piel y es en principio incolora. La acción solar desen­cadena su actividad protectora: conforme la melanina va absorbiendo los rayos UV-A se va tornando oscura y presta a la piel su caracterís­tico color moreno. La pigmentación de la melanina suele mantenerse algunas semanas: cuanto más morena está la piel, más filtros so­lares propios y naturales tiene la mismo.

Los rayos UV-B de mediana longitud, pue­den ser neutralizados por engrosamientos que aparecen bajo la capa córnea de la piel, en el llamado estrato lúcido y se producen al aumen­tar la actividad divisoria de las células de las capas superiores de la dermis. De esta forma, el organismo resulta protegido de los peligro­sos UV-B que son los más directos responsa­bles de las quemaduras solares. El grado de engrosamiento se halla en función de la luminosidad del sitio donde se habite.

Los rayos UV-C tienen un enorme potencial. De dichos rayos estamos protegidos por un factor externo: la capa protectora de ozono que rodea la Tierra, aunque, como sabemos, dicha capa se halla en proceso de deterioro. No obstante, incluso antes de dicho deterioro, en los casquetes polares y en las altas montañas se registraba y se registra una cierta incidencia de los UV-C, mien­tras que en zonas bajas, al nivel del mar, su incidencia es mínima.

La eficacia de los mecanismos naturales de protección frente al sol depende de todo uno serie de factores, como lo constitución genética de la piel, el ámbito geográfico, la época del año o la duración del baño.

Cremas de protección solar

Las cremas protectoras son productos indus­triales muy sofisticados que gozan de grandes campañas de marqueting. Su componente bá­sico son los filtros solares artificiales, llamados «factores de protección». Esta substancias quí­micas poseen la propiedad de absorber en parte las radiaciones UV-A y UV-B y poco las UV-C. Esto quiere decir que lo crema solar nunca pro­tege lo suficiente de la radiación solar y, por consiguiente, puede aminorar el efecto de los rayos solares, pero no totalmente.

La cantidad de filtros solares sintéticos que contiene una crema solar se expresa con un «factor» y una cifra arábiga. Dicho factor ex­presa el tiempo que una persona puede tomar el Sol por encima de su protección natu­ral de la piel sin riesgo de quemaduras. Para ello, se parte de que un europeo medio po­see un factor de protección natural que oscila entre 10 y 15 minutos, lo cual equivale al fac­tor de protección 1. Una crema que tiene un factor de protección 6, significa que la crema de protección durante 6 veces el tiempo de nuestro factor natural normal y que con esta crema podemos tomar el Sol en torno a 1 hora sin problemas (es decir, 6 veces de 10 a 15 minutos).

Sin duda las cremas solares convencio­nales son productos agresivos para nues­tra piel. De hecho en muchos ocasiones lo que tendría que proteger nuestra piel, dado la profusión de elementos químicos que contienen, terminan siendo perjudiciales para nuestro or­ganismo.

En relación a los productos «antisolares», de los que se impregnan generosamente los veraneantes en cuanto llegan a la playa, opi­na la doctora Giséle Armelin:

«Bajo la espesa capa de estos productos, lo piel hace a menudo el papel de una película fotográfica que es impresionado y deja aparecer placas negras cuya estética es lamentable. Asimismo, algunas cremas anti­solares provocan dermatosis tenaces, Lo mejor es utilizar una crema a la lanolina, o apli­carse aceite vegetal natural, de almendras dulces o de oliva».

Las cremas naturales

Existen en el mercado productos a base de medios naturales dedicados a proteger nuestra piel de los rigores del Sol. Estas cremas protec­toras naturales se basan en un criterio totalmente diferente de los convencionales. Las fir­mas que elaboran cremas naturales utilizan substancias que se hallan en elementos vege­tales y aceites etéricos, además de renunciar totalmente a emulgentes, conservantes y colo­rantes.

Suele utilizarse aceite de coco, de jojoba, aloe, mantecas de nuez de karité o de caca­huete y esencias florales. En algunos produc­tos hallamos, además, pigmentos minerales, es decir, substancias naturales, que absorben con gran intensidad la radiación solar, como el dióxido de titanio -inocuo para la piel. Estas substancias consiguen factores de protección que ascienden incluso hasta 14 o 16, que son suficientes para brindar una protección razo­nable. Además, los pigmentos minerales ac­túan ya desde el mismo momento de ser apli­cados.

Cremas protectoras de elaboración casera

Damos seguidamente la fórmula de dos acei­tes protectores de fácil preparación con productos naturales:

Ingredientes:

50 ml de aceite de soja

20 ml de aceite de nueces

30 ml de aceite de aguacate

1º. Mezcla los aceites en una fuente.

2º. Remuévelo todo con una cuchara de madera y guarda la mezcla en una botella lim­pia y seca.

3º. Aplícatelo por todo el cuerpo antes de tomar el sol.

Otro aceite protector.

Ingredientes:

20 ml. de aceite de nuez

20 ml. de aceite de aguacate

20 ml. de aceite de soja

4 gotas de esencia de limón

1º. Pon el aceite de nuez, el del aguacate y el de soja en una fuente y remueve bien con una cuchara de madera.

2º. Añade después la esencia de limón y si­gue removiendo durante un minuto.

3º. Guarda el aceite en una botella limpia y seca.

Para aplicar el aceite protector, vierte unas gotas en la palma de la mano, mezclándola con un poco de agua y lleva a cabo un suave masaje en la piel antes de tomar el sol.

Resumen de consejos importantes

* Evite las exposiciones al sol, entre las 11 y las 14 horas en verano, horas en que las radicaciones son más intensas.

* Los primeros días limite la exposición para que la piel se acostumbre al sol de forma gradual.

* Desconfíe la falsa protección de un cielo cubierto de nube.

* La arena refleja el sol sobre su cuer­po, y los parasoles no ofrecen lo protección que se piensa.

* Evite los medicamentos, anticonceptivos y productos de utilización tópica que pueden producir fotosensibilidad.

* Use ropas claras y holgados y sombreros.

* Beba suficiente agua para compensar la deshidratación que se origina al tomar el sol.

* Cuide de mantener bajo su colesterol y elevado su consumo de alimentos ecobiológicos antioxidantes

* La piel debe estar libre de cosméticos y de maquillaje.

* Para disfrutar plenamente de los virtu­des del baño de sol, debes complementarlo con frecuentes baños o duchas de agua lo más fría posible.

* Nunca debe quedarse dormido bajo el sol.

* El mejor baño de sol es el que se toma bajo la sombra más o menos espesa de los ár­boles, según decía el Dr. V. L. Ferrándiz.

 

 

 

 

Etiquetas: -

Registros relacionados: -

Digg it! Imprimir este registro