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El cáncer en el tejido cutáneo es una de las principales consecuencias del exceso del sol. “La forma más peligrosa son los lunares negros que empiezan a picar, se ponen rojos en los bordes y tienen una forma irregular (melanoma maligno). O los granitos redondos y brillantes que empiezan a aparecer poco a poco, como una espinilla sin materia (epitelioma basocelular), entre otros”, advierte la doctora

Además, se puede producir envejecimiento prematuro en la piel. Esto ocurre cuando los rayos UVA llegan a las capas profundas de la epidermis y ocasionan daños irreparables en las células cutáneas, esenciales para el proceso de regeneración. Asimismo, los radicales libres (moléculas de oxígeno extremadamente agresivas) se multiplican y hacen que aparezcan las primeras arrugas. Para prevenirlo, se debe utilizar todo los días un protector solar sobre 15.

Con el sol tienden a aparecen pecas -que se pueden blanquear con láser o cremas- y manchas en la cara (cloasmas). “Surgen en la frente, el dorso de la nariz, los pómulos, en la zona del bigote o el mentón. Son más comunes en personas que toman hormonas, en embarazadas o al consumir medicamentos que las predisponen”, aclara la dermatóloga.

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