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La receta es evidente: darle menos pecho y otra cosa a cambio. Si
esa “otra cosa” fuera solo otro alimento sería muy fácil, pero el pecho
es mucho más que comida: es consuelo, cariño y contacto afectivo. Eso
es lo que debes darle a tu hijo. Puedes llevarle más al parque,
contarle más cuentos o admirar más sus dibujos necesita sentir que no ha perdido el cariño de su madre. Y todo eso hay que hacerlo antes de que pida el pecho, porque si la
niña descubre tu intención será tarde para distraerla. Si su padre se
la lleva al parque y está pendiente de ella, es muy difícil que se
quiera ir a casa a comer. Pero si la pequeña está en el salón jugando
sola, acabará pidiendo el pecho. En estos casos es mejor dárselo.

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